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La Vida lunes, 10 de mayo de 2010

TRIBUNA ABIERTA

El patólogo: médico invisible que juzga lo bueno y lo malo

  • El patólogo: médico invisible que juzga lo bueno y lo malo
Aurelio Ariza

Los especialistas médicos que practican la anatomía patológica (los patólogos) son quienes emiten el diagnóstico definitivo de un buen número de enfermedades (entre ellas el cáncer), tarea que realizan mediante el estudio al microscopio de los tejidos (biopsias) y las células (citologías) de los pacientes. El patólogo hace una interpretación visual basada en su experiencia y conocimiento médico. En modo alguno se trata de un “análisis” automático realizado por una máquina que arroja resultados numéricos. A pesar de ser una labor tan decisiva y personalizada, la ausencia habitual de contacto entre patólogos y pacientes hace que estos especialistas sean prácticamente invisibles para los ciudadanos. El patólogo no suele ver la cara del paciente y no le receta, pero es quien ve más de cerca su enfermedad.

¿Qué campos de trabajo tiene un patólogo?
Con frecuencia, los estudios de anatomía patológica proporcionan además información decisiva para el pronóstico y la selección del tratamiento. La industria farmacéutica, consciente de la importancia estratégica de apoyar a los patólogos en el estudio molecular de las “dianas terapéuticas” del cáncer, ha empezado a tener a estos especialistas en su punto de mira. Tampoco estaría de más que los ciudadanos se interesasen por los recursos de que disponen quienes, sin ser vistos, determinan la benignidad o malignidad de sus enfermedades y fundamentan la selección de sus tratamientos.

Una situación que ilustra bien el papel tan crucial como invisible del patólogo es la que tiene lugar en algunos trasplantes. De pronto hay un riñón disponible para ser trasplantado a un paciente. Suenan los teléfonos, se activan los equipos quirúrgicos, se afanan múltiples profesionales sanitarios, la noche se llena de destellos de ambulancia y retumbos de helicóptero. Pero todo permanece en compás de espera, pendiente de algo: ¿Quizás del veredicto de algún equipo de altísima tecnología, gasto estratosférico y deslumbrante pirotecnia mediática? No exactamente. De lo que todos están pendientes es de que un patólogo, solo frente a su microscopio, juzgue si aquel riñón está lo suficientemente sano como para que le sirva al paciente que lo aguarda. Si el veredicto es positivo, el trasplante seguirá adelante; si es negativo, se detendrá. En ambos casos, la mayoría de los implicados ignorarán cómo se tomó la decisión y el patólogo volverá a casa sin que nadie lo vea, preguntándose cuándo le sustituirán su viejo microscopio. Ilusa pretensión: seguro alguien ha apostado ya por la inauguración de un helipuerto.

¿Qué aspectos marcan actualmente el desarrollo de la profesión y cuáles son los retos del futuro?
Un reto de la patología es la incorporación de la medicina molecular a su quehacer diario, de modo que los patólogos, con su extenso conocimiento horizontal de los tejidos y las células, decidan cuándo y dónde bucear a la búsqueda de cambios en las moléculas. Los patólogos están jugando un papel fundamental en los bancos de tejidos y los bancos de ADN y también están incorporando con celeridad los avances de la telemedicina y la informática biomédica. Pero, en realidad, el principal reto de los patólogos es ser más conocidos por el público general y acercarse a los pacientes para participar plenamente en la medicina personalizada propia de nuestros días, dar respuesta a las preguntas que un paciente suele hacerse cuando llega a sus manos un informe de anatomía patológica en el que se le diagnostica, por ejemplo, un cáncer. Asimismo, estamos avanzando en la automatización de los procesos, para asegurar la identificación apropiada de muestras e informes, disminuir los tiempos de respuesta y garantizar la calidad de los informes. Pero hay que insistir en que la acción principal del patólogo (la elaboración de un diagnóstico final tras la interpretación integradora de imágenes, hallazgos moleculares y datos clínicos) es tan poco automatizable como la interpretación que un radiólogo hace de una radiografía o el juicio clínico que un internista hace de un paciente.

El patólogo tiene un papel puente entre la investigación básica, la investigación clínica y el desarrollo de nuevos tratamientos. Sin los patólogos difícilmente puede hacerse la llamada investigación traslacional (del laboratorio a la cama del paciente y viceversa), de la que tanto se habla pero a la que tan poco se cuida.

El autor es presidente de la Sociedad Española de Anatomía Patológica.