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LECTURA COMPRENSIVA

¡Querido Vale!

Un amigo, reflexionando sobre nuestro querido San Valentín, escribió la siguiente carta. Apresurado, porque ya se acerca el momento de tu llegada, te escribo esta expresiva cartita para que tomes en cuenta las vicisitudes vividas por nosotros el año pasado, y no se vuelvan a repetir en éste. En verdad, aquello fue un verdadero desastre. Disculpa si soy tan directo al decírtelo, pero los hechos acontecidos me impulsan a ello. Después de haber transcurrido tantos años, quise volver a sentir lo que un adolescente enamorado, cuando una de tus flechas le llega a su enternecido cuerpo. Y por más que lo traté, Para comunicarse con la autora noris_cesp@yahoo.com no pude lograrlo. Ah, antes que nada, te pido que afines mejor tu puntería, porque por ahí empezó la hecatombe la vez anterior que nos visitaste. Buscaba ser estremecido por uno de tus dardos, pero tuviste tan mal tiro, que el primero fue a dar al cuadro de los abuelos. Le acertaste al pobre viejo en el mismo medio. Y sucedió un milagro: aquel retrato cobró vida. Don Pirotenio empezó a llorar y las lágrimas humedecieron aquella casi centenaria pintura. La familia empezó a especular el motivo. Y Verdolaga, la criada, dio la mejor explicación, cuando dijo: Y quién no, con lo caras que están las flores. Hay que dar un avance y seguir pagándola durante tres meses. ¡Qué bàrbaro eres Valentín! Le amargaste el día al pilar del tronco familiar. No me di por vencido y seguí buscando una de tus flechas. Pero, ¿estabas bebido o qué? Porque la segunda salió con tanta fuerza por la ventana, que le pegó al gato del vecino. Este se pasó la noche entera maullando y no nos dejó dormir con tranquilidad. Ya vemos cómo reacciona una persona que se ilusiona con amores no correspondidos, motivado por un flechazo equivocado. Pensé que la tercera era la vencida, pero no fue así. Esta salió por la misma ventana, pero con menos fuerza, y fue a parar al trasero de Gugulo, nuestro perro, que dormía en el patio. ¡Qué desatino! Aquel animal duró varios días con problemas intestinales. No hubo dieta ni menjurje que pudiera pararle tal desarreglo. Con el tiempo, el efecto fue disminuyendo hasta desaparecer. Ya un poco desanimado, seguí tratando. Con tan mala suerte, que te vi buscando dentro del macuto tu cuarta munición, sin conseguirla. Este se había roto y todas las flechas que había en el mismo no se sabe adónde fueron a parar. Me quedé como perico en la estaca. Te fuiste y no sentí lo que tanto anhelaba. Al otro día noté que había un reperpero en el vecindario. Los tigueritos del barrio habían encontrado tus flechas. Aquella tarde, en ese sector capitalino parecía como si hubiera un toque de queda. Hay ciertas partes del cuerpo que no deben recibir estímulos amorosos. Ya vimos lo que le pasó con Gugulo…

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