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LECTURA COMPRENSIVA

Con el paso del tiempo

La siguiente cartita fue escrita por una madrastra, hace 3 años. Ella se casó con el padre de esta muchachita cuando la niña tenía 6 ó 7 años de edad. El afecto fue creciendo entre ambas, aunque no compartían el mismo techo. Con el paso del tiempo, las relaciones entre la ya jovencita y su padre se “agriaron” un poco. Y la madrastra quedó en el medio, tratando de que esto se subsanara. Pero no logró mucho. Su hijastra hoy día tiene más de 30 años, 2 hijos adolescentes y una pequeñita de 2 años. Hoy, a las 4:30 de la madrugada, me he despertado pensando en ti. He recordado las veces en que venías a casa y jugabas con tu hermanito. Ni siquiera recuerdo la fecha temporal; sólo los momentos en que veía a mi hijo correr tras de ti. Y cómo lo agarrabas de la mano para que no se cayera. Así te visualizo con tus hijos, siempre apoyada por tu querida madre, quien está a tu lado “en las buenas y en las malas”. Y ahora que disfruto de mi nieta, tu sobrina, llega la añoranza, la nostalgia, y no puedo evitar el dolor que me produce el que estemos alejados. Y ahora que me he decidido a escribirte, sin saber si te enviaré esta carta, cómo quisiera tener una varita mágica para borrar el tiempo perdido, los hermosos momentos que les hemos arrebatado a los niños que no pidieron se los quitaran; las muestras de afecto, de cariño, que tantas veces habremos sentido y no hemos podido ofrecerles presencialmente. Cómo quisiera poseer el don de provocar un “borrón y cuenta nueva”. Pero no depende de mí, solamente. No depende de mis sentimientos. No depende de mis deseos de tantos años de que se produzca el reencuentro, el verdadero reencuentro. Mi perseverancia frente a la enfermedad que me ha acompañado por mucho tiempo, me ha permitido permanecer en este mundo terrenal, a pesar de los pesares. No sé, al igual que todos, cuánto más estaré aquí. Eso no lo sabe nadie. Lo que sí sé es que antes de partir, quisiera verte de nuevo, compartir con mis nietos no biológicos. No es la petición de una moribunda. Es la petición de una madre-abuela que siente que le falta algo, que no ha cerrado determinados círculos; que cree, por fe, que ya es tiempo de que el pasado sea enterrado y que comencemos de nuevo, que solo miremos las cicatrices de las heridas, aunque nos hagan recordar las lastimaduras, para evitar que vuelvan a producirse, que triunfe el amor por encima de las nimiedades que una vez te alejaron de tu padre, aunque no de mí; siempre has estado en mi corazón.

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