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La Ciénaga y las figuras más icónicas de ese sector

Una arepera, un botellero y un colmadero representan una parte de todo lo positivo para ver en ese populoso sector que durante años ha sido señalado por sus altos índices de delincuencia.

La Ciénaga, aunque se menciona regularmente por la delincuencia, la mayoría de sus moradores son personas honesta y laboriosas.JORGE MARTÍNEZ/LD

En cada barrio es común encontrarse con emblemáticas figuras, íconos culturales y fundadores que respaldan la historia que hoy viven sus moradores.

En el especial caso de La Ciénaga, resaltan las simientes de una vendedora de arepas, un recogedor de botellas y un superado colmadero. Representan una parte de todo lo positivo para ver en un populoso sector que durante años ha sido señalado por sus altos índices de delincuencia.

No importa por donde te aproximes, el ahora llamado Nuevo Domingo Sabio aporta un único panorama: pobreza. Entre sus estrechas calles van y vienen decenas de personas humildes como Mercedes, “la arepera”, quien las recorre cada día con dos cubetas; Bolin, que sale a buscar botellas usadas; o Luis Adriano que desde temprano se surte en el mercado y ofrece el mejor de los servicios al cliente.

La arepera

Toda una vida tiene Mercedes con un negocio “ambulante” de vender arepa.

Para encontrarla solo necesitas llegar a La Ciénaga. Se llama Mercedes Montero, pero su nombre viene acompañado con el prefijo “arepera”, y cualquier vecino te explica con facilidad, cuantas esquinas debes doblar para chocar con la alegre señora de piel morena que prepara las mejores arepas del área.

Mercedes “la arepera” tiene una fama que le precede, se reconoce a sí misma como una mujer fajadora. A lo único que no le tiene miedo es al trabajo, y a sus 79 años luce llena de un vigor admirable, con el mismo que día a día ha sale a vender sus trozos de pastel de harina de maíz y coco, que por décadas han saboreado múltiples generaciones.

Mercedes Montero (la arepera), de 79 años, se mantiene muy activa pese a su edad.RAÚL ASENCIO/LD

“¿Qué desde cuándo estoy vendiendo arepas? desde que me mudé por aquí, y eso fue en 1979”, alegó la señora de 79 años, que junto a su esposo, que tiene 24 años de muerto, crió a sus tres hijos, uno de ellos fallecido, a base de trabajos chiriperos como limpiadora casa a casa, barrendera y vendedora de pacas, ademas de la arepa. Durante estos 44 años, Mercedes ha usado las tardes para salir a recorrer las calles ofreciendo su sabroso alimento.

“Yo camino todo esto, no tengo que ver. El que quiera venir a verme tiene que avisarme porque como puede encontrarme aquí, en el mercadito o donde sea. Yo no me quedo quieta”, confesó.

A Mercedes Montero la energía le sobra. Cada dia se toma dos horas para recorrer todo el sector con dos cubetas llenas de arepa.

“Las mamás vienen con sus niños temprano a comprar sus arepas, y aunque yo salgo en la tarde, se las vendo, porque a veces no le da tiempo de preparar el desayuno”, comentó al desvelar que sus hojas de ruta han sido intensas desde que empezó vendiendo frente al hospital Morgan.

Aunque ya no tiene hijos que alimentar, asegura que Dios siempre le tiene su comida segura, pero su vida sería más fácil si vuelve a trabajar en el Ayuntamiento del Distrito Nacional.

“He vivido toda mi vida de esto porque no soy una mujer letrada”, dijo.

El botellero

De Bolín, el que vende botellas, como de Mercedes, todo el mundo sabe. Si mencionan a Fabio Mateo no, pero a Bolín, claro que sí. Tiene 83 años, es un señor bajito y mulato, creyente en Dios, y se ha pasado la vida viviendo de las chiripas.

En la casa en la que reside hace más de cincuenta años, acumula botellas de cerveza que son recogidas de una a dos veces al mes y la única enfermedad de la que sufre es “el hambre”.

“No sufro de nada, gracias a Dios que me da salud, la única enfermedad es que a veces no aparece nada para comer”, aseguró.

Fabio Mateo recoge botellas para sustentar a su familia.RAÚL ASENCIO/LD

Fabio vive con su esposa Jacoba Rodríguez, quien no trabaja, y le ayuda a mantener el que parece ser un negocio “establecido”.

“Los vecinos me guardan las botellas, se la encuentran y me llaman: Bolín, ven que aquí hay una botella, yo las busco y las acomodo ahí (señalando su galería)”, destacó con el señalamiento de que ha llegado a acumular hasta 2,000 botellas que luego son recogidas por un camión de la Cervecería Nacional.

Del mercado al colmado

Comenzó con una mesita de vegetales en el mercado, y hoy tiene su propio colmado en La Ciénega.

Luis Adriano Aybar vive desde 1986 entre los rincones del Domingo Sabio y se ha convertido en un ejemplo de superación.

“Comencé con una mesita en el mercado, yo vendía ahí, después tenía una chiripa por otro lado, hasta que logre llegar aquí, conseguí un dinerito y puse este colmado”, destacó con una amplia sonrisa, quien es reconocido por sus vecinos como “un hombre ejemplar”. “Claro que ese hombre lo conozco yo. Un excelente vecino, siempre dispuesto, dijo una señora mientras solicitaba su pedido.

Luis Adriano Aybar se ha convertido en un ejemplo de superación.RAÚL ASENCIO/LD

Aunque hoy a sus anaqueles les faltan insumos que vender, no se queja y junto a su esposa Sara Jiménez, ha criado tres hijos que hoy son hombres y mujeres de bien.

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