SIN PAÑOS TIBIOS
La Fuerza y la democracia
En psicología, los patrones de comportamiento de un individuo se manifiestan en función de la validación o rechazo hacia los patrones asumidos por figuras modélicas o del entorno próximo.
Así como en psicología, así en política. La Fuerza del Pueblo (FP) es hija de las primarias fallidas del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), que nació de los manejos internos a través de los cuales el grupo de Danilo se impuso al de Leonel.
La jugada fue truculenta, que no maquiavélica, pues Danilo no quiso guardar ni las formas. Porque tan necesario como el mensaje era la forma en que se comunicaba –atropelladamente–, para que no quedara dudas de cuál gallo cantaba en el gallinero.
Entonces, si la FP nació de la imposición arbitraria del poder de un grupo sobre otro –en violación de las normas asumidas por el colectivo como oponibles a todos–, ¿cómo deciden conscientemente cometer el mismo error al escoger sus principales autoridades en el “Congreso Elector Manolo Tavares Justo”?
Cuando el congreso fue anunciado, se dijo que todas sus autoridades serían electas por las bases partidarias, lo que bien podía ser un mensaje que reafirmaría su diferencia con relación al PLD, quien en su “Congreso Reynaldo Pared Pérez” había escogido –sin protestar– la dirección señalada por Medina.
Con la decisión de su Dirección Política (60 personas) el martes 18, de que los cargos de presidente, vicepresidente y secretario general fueran electos por la Dirección Central (1,500 personas) y no por los dirigentes (80,000), no sólo hacen un flaco servicio a la democracia partidaria, sino que validan en los hechos (y se igualan) a un Medina que supo imponer también su voluntad a través legalismos y tecnicismos.
No someter a escrutinio interno el liderazgo de Fernández es proteger al líder del riesgo de contar los votos, pero también es la forma de salvar el escollo que supondría que el deseo de Fernández de mantener la actual secretaría general contra viento y marea, pudiera verse contrariado por un resultado adverso, y que el tumbaran el pulso; o lo que es lo mismo: que pública y abiertamente desafiaran su autoridad.
Renovar la cúpula a nivel cerrado es también aspirar a que el proceso derrame en cascada, beneficie a todos, y no queden a descubierto las supuestas irregularidades del padrón. La “Ley de Hierro” de Michels se mantiene. Que anillos no sólo hay en palacio o en la Enriquillo… también en la fundación.
Leonel no tiene necesidad de decir cuál secretario quiere, todos los saben; como saben que su aparente neutralidad puede que sea pose. Bosch en su momento decidió a cuál secretario no quería, igual que Danilo, recientemente.
Porque es el mismo patrón de conducta, el mismo colectivo y las mismas razones; porque el poder no admite sombra aunque esté fuera del poder… y ese es, precisamente, el problema.

