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ENFOQUE 

Trump y el retorno del sentido común

en cuanto Donald Trump salió triunfante de las tensas elecciones del 6 de noviembre pasado, de inmediato comenzó a esbozar lo que sería su visión económica y geopolítica a ser aplicada en su segundo gobierno, al que ha llegado con más experiencia, y, a juzgar por las señales de su primera semana sentado en el mítico escritorio Resolute del Salón Oval, con la determinación propia de un hombre que ya no puede aspirar a la reelección y de la mano de su ya famosa frase de la “revolución del sentido común”.

El lunes 20 de enero, en la Rotonda del Capitolio, en una ceremonia que se modificó de lugar producto del intenso frío que azota por estos días a Estados Unidos, Trump delineó con claridad lo que en la transición ya había resaltado –para sorpresa de muchos– su nueva apuesta con respecto a Canadá, el Canal de Panamá y la anhelada adquisición de Groenlandia.

Luciría, a simple vista, descabellado sostener que el presidente de los Estados Unidos anuncie su cometido de anexar a su aliado de toda la vida, Canadá; o de recuperar el Canal de Panamá, cedido de forma total en 1999; o de comprar Groenlandia, hoy Estado asociado de Dinamarca.

Sin embargo, más allá del ruido y de las ideas poco ortodoxas, se asoma una lógica geopolítica que guarda íntima relación con el anhelo norteamericano de preservar su supremacía económica en las próximas décadas.

Trump reiteró, a los pocos minutos después de juramentarse presidente, que el Canal de Panamá retornaría a posesión norteamericana, despertando las alarmas en el país centroamericano.

Inaugurado en 1914, estuvo en manos de Estados Unidos hasta 1999, cuando Panamá obtuvo el control total. Hoy, su economía depende en gran medida de ese paso estratégico, señalado por Trump por la presencia de empresas chinas, lo cual el gobierno asiático ha negado.

Sin embargo, horas después del anuncio de Trump, el gobierno panameño informó que haría una auditoría sobre el desempeño de Panamá Ports Company (PPC), subsidiaria de la empresa china Hutchison Ports Holdings, que opera dos puertos en el Canal de Panamá. A todas luces, a Trump le incomoda la presencia china, y esto sería una medida de presión para expulsarlos de un canal tan estratégico.

Groenlandia, por su parte, tiene un fuerte componente geopolítico. El Ártico, con presencia rusa permanente, también ha sido un objetivo primordial de China. Por ende, es esperable que Estados Unidos se mueva en esa dirección con una política agresiva, pero nada novedosa. 

La historia nos revela que en épocas anteriores Estados Unidos empleó una doctrina similar al adquirir, por razones estratégicas, Florida a España, Luisiana a Francia y Alaska a Rusia. 

La retórica de hacerse con el hoy territorio danés, con la consecuente presión militar, le daría a Estados Unidos presencia terrestre hacia el Ártico, impidiendo al expansión asiática, y abaratando costos clave de transporte desde y hacia Europa y Asia, dado que se haría con el control de esas rutas comerciales.

El caso de Canadá es el más peculiar. Con una balanza comercial, la más grande del mundo, de unos 923 mil millones de dólares, a Trump parece ser que le disgusta que dicho balance le favorezca a Canadá –438 mil millones versus 308 mil millones en 2022–.

La respuesta, a su juicio, será subir aranceles, lo que muy probablemente tenga una respuesta similar de los canadienses. La anexión, en esa lógica, no parece ser una intención literal sino la búsqueda de que los costos se abaraten en favor de Estados Unidos, la puesta en marcha de su ya conocido lema político: “América Primero”.