SIN PAÑOS TIBIOS

De espaldas al Ozama

Vivimos de espaldas al mar, mantra cotidiano que se replica en una serie de realidades inexplicables, como que no somos una cultura de playa, ni los productos del mar forman parte de nuestra dieta ordinaria. En el caso del Gran Santo Domingo, vivimos de espaldas al Ozama también; importante ría que dio origen a la ciudad, y que, en los albores de nuestra incipiente industrialización, se convirtió en alcantarilla no sólo de los habitantes de la urbe, sino también de sus centros fabriles, industriales, mercados, mataderos, etc.

El Ozama y su gran afluente, el Isabela, merecen mejor suerte; y si décadas de indiferencia han permitido que la situación llegase hasta este punto de contaminación, también hay que señalar las acciones que se están realizando y que esperemos que continúen en el tiempo. Con los años la contaminación industrial se ha reducido, es cierto, pero los problemas mayores siguen siendo dos: los lixiviados que percolan desde Duquesa y las 92 cañadas que actúan como alcantarillas de los barrios que hay en torno a ellas y que desaguan diariamente más de 500 toneladas de residuos sólidos a su cauce.

El desafío es enorme. Sanear Duquesa, principal contaminador del Ozama, costará 110 millones de dólares. A corto plazo, el Fideicomiso de Residuos Sólidos (DO Sostenible) tiene un proyecto piloto de biobardas en el Arroyo Hondo que permite, en articulación con los comunitarios, la recogida de más de 15 toneladas diarias que ya no van al río, pudiendo ser recicladas… soñemos y multipliquemos ese número por 92 cañadas.

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