Justicia

La Victoria: boletos para 'Alaska'

La conocida sección, famosa por ser foco de conflictos, muestra un rostro menos agresivo que el de ayer

El mayor Céspedes, subcomandante de La Victoria junto a los periodistas en el pabellón de Alaska. Fuente externa.

Sauro ScalellaSanto Domingo, RD

La fama a veces se vincula con el onomástico. Pero en la cárcel La Victoria, la “Alaska de hoy” ha perdido en buena medida los atributos de violencia y enfrentamiento de ayer, aunque todavía subsiste con el mismo nombre que la mala fama le endilgó, debido a la frialdad de sus paredes, dormitorios y reclusos.

A lo lejos, se ve como un pabellón normal. Las luchas entre bandas son pasto de olvido. Pero de cerca y, a pesar de no perder su esencia penitenciaria, la sección Alaska se asemeja a la populosa intersección Duarte con París. Es decir, una avenida frecuentada por el más amplio público que sale todos los días en busca de lo que necesita para sobrevivir con dignidad.

En sus pasillos, los reclusos han instalado comercios de todo tipo donde se pueden adquirir t-shirts, abrigos, shorts, camisetas, tenis, y demás atuendos de vestir (de distintas marcas), igual a los que se exhiben en las tiendas de la famosa avenida de Santo Domingo.

Ya el director del penal lo había advertido: “No se asombren por lo que van a ver, pero la sección Alaska hoy es un sitio de pocos problemas, donde los internos dedican parte de su tiempo en hacer transacciones de todo tipo de artículos, excepto de celulares, equipos que están prohibidos dentro del penal”.

El contraste es evidente. La mala fama, la agresividad de los reclusos y el accionar de acuerdo a las normas del bajo mundo, dominaban el interés de los visitantes por conocer si realmente allí había o no un cambio real.

Tras el intercambio de ideas con los oficiales de la Policía Nacional, comenzó el recorrido. El propósito de hacerlo, según el subcomandante Céspedes, era adentrar a la visita en la nueva realidad y de que convivieran con los reclusos, interactuar con ellos y conocer de cerca el hábitat.

“El mito de la famosa “Alaska” en general y “La Victoria” en particular es cosa del pasado”, sostiene el subcomandante, refiriéndose al estigma que por décadas ha caracterizado tanto a esa sección como a la cárcel.

“Aquí puede haber un regidor”, comenta Céspedes, en tono de chanza, luego de que el director informara que en “Alaska’ funcionaban un hospital, un play y otros centros de servicios y entretenimiento: “Es como una comunidad dentro del centro penitenciario”.

Los internos se sorprendían con la presencia de los visitantes. Los veían caminar por el techo del penal como extraterrestres que poco después descendían como desde una nave interplanetaria. “Bendiciones para todos”, gritó un recluso.

Mientras el grupo avanza Céspedes le pregunta al director hasta dónde se puede llegar, y este le responde: “Se llevan a donde quieran, no hay problema en ello”. Aquella respuesta fue la ‘luz verde’ para que Céspedes les mostrara como es la vida dentro de `Alaska’.

Luego de atravesar pasillos reconstruidos (antes tenebrosos), la sección abrió sus fauces, pero, en vez de aplicar mordeduras, enseñó la naturaleza de quienes allí conviven. Mientras caminaban, las caras de asombro entre los reclusos se convierten en el plato del día. Los estrechos dormitorios están decorados con caoba rojiza que brillaban a pocos metros de distancia.

Tras una narrativa inolvidable, el vuelo hacia Alaska finaliza. En las afueras de la sección se exhibe un pequeño monumento dedicado a las hermanas Mirabal, quienes estuvieron recluidas un tiempo en La Victoria al igual que sus respectivas parejas por orden del entonces dictador dominicano, Rafael Leónidas Trujillo.

La droga y las armas blancas funcionaban a la buena Dios. Hoy sin embargo estas se han controlado y reducido. Se ha hecho efectivo el lema de cambiar armas por la Biblia. En la sección Alaska brilla el fervor religioso de los internos.

Entre el compartir y las preguntas que no parecían tener fin, los periodistas comprendieron que La Victoria se va transformando a pequeños pasos que esperan tener una gran diferencia en el futuro.

Todavía faltan detalles y hay evidentes carencias. Pero la conducta, tanto de su población como de las autoridades que allí conviven, es un punto de distinción que se puede destacar.