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Fundación Mauricio Báez incorpora programa para niños especiales en su campamento de verano

Enfrentándose a la llamada “nueva normalidad” y lidiando con el proceso de adaptación de niños que habían perdido las costumbres de grupo, la fundación ha incorporado nuevos elementos a su temario.

Campamento de verano de la Fundación Mauricio Báez. Fotos: Leonel Matos / LD

Luego de dos años de pausa post pandemia Covid 19, la Fundación Mauricio Báez retomó el pasado lunes su tradicional campamento de verano.

Bajo el tema “Volvamos a Reír”, los dirigentes de la entidad lograron reunir unos 1,050 niños que llegan desde distintas áreas de Santo Domingo a disfrutar de talleres recreativos que les mantendrán entretenidos durante tres semanas de lunes a viernes desde las 7:00 la mañana hasta las 12:30 del mediodía.

Enfrentándose a la llamada “nueva normalidad” y lidiando con el proceso de adaptación de niños que habían perdido las costumbres de grupo, la fundación ha incorporado nuevos elementos a su temario.

“Este año, hemos comenzado a incorporar de uno a dos niños especiales por grupo, pero gracias a Dios recibimos más de 60 solicitudes… Con ayuda de la Fundación Delfines de Amor, que se ha incorporado, vamos a iniciar un programa especial de campamento para esos 60 niños”, expresó Cesár Heredia, presidente de la fundación.

Ambas modalidades del campamento están conformadas por niños de 5 a 13 años, sin embargo la programación “especial” que recibirá infantes con diagnósticos de síndrome de Down, Autismo e Hiperactividad se realizará en un espacio adaptado a sus necesidades y tendrá una duración única de dos semanas con un esquema que incluye una visita a la sede oficialista, así lo afirmó Heredia.

Voluntarios

Marcado como un récord por el presidente fundador de la Fundación Mauricio Báez, Leo Corporán, este año el campamento de verano fue puesto en marcha con un total de 250 voluntarios.

Jóvenes a partir de los 15 años se inscribieron desde distintas localidades de Santo Domingo con el compromiso de contribuir al desarrollo positivo y diversión de los infantes.

“Años anteriores yo era campista, este año vine como voluntario porque me emocionaba ayudar a los niños. Mira aquí ellos hacen talleres, se divierten y aprenden. Esto es una experiencia muy chula”, explicó Benito, voluntario.