Delio Gómez Ochoa y la celda #7

“PIENSO QUE ESTE MUNDO ESTÁ EN LA DISYUNTIVA DE QUE EN LOS MOMENTOS DE MAYOR PELIGRO LO MEJOR ES SER VALIENTE”

Mucho se ha escrito sobre las expediciones de 14 de junio, integradas por un grupo de casi 200 hombres que llegó al país desde Cuba en 1959 para derrocar la tiranía que por 31 años sufrieron los dominicanos y las crueles torturas de las que fueron víctimas tras ser capturados por miembros del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) de entonces. Los testimonios son muchos, pero como dicen los sabios, de la historia siempre hay algo qué contar y es mucho mejor cuando sale de la voz de los propios protagonistas.

Pero parecería extraño encontrar a un desafecto del régimen, al que un hijo de Trujillo, en este caso Ramfis, mandara a buscar y no le pegara o torturara. “Él fue el único que no me pegó”, dijo el comandante cubano Delio Gómez Ochoa, quien a sus 93 años rememora con total lucidez aquellos episodios vividos tras ser hecho preso y ser llevado a la celda número 7 del centro de torturas conocido como La 40. Del grupo solo sobrevivieron seis, el resto fue hecho preso y masacrado.

La celda número 7

Con Ramfis se vio cara a cara varias veces, cuando lo mandaba a buscar para interrogarlo sobre las razones que llevó al grupo a conspirar contra el régimen y para que delatara a sus compañeros, algo que nunca hizo.

Pocos no sentían temor cuando alguien cercano a Trujillo lo mandaba a sacar de la celda, pues ya sabían a lo que se enfrentaban y Gómez Ochoa era uno de ellos, a pesar de que se vio cara a cara con Ramfis en varias ocasiones.

Entiende que éste nunca le pegó de manera personal porque sentía cierto ¨afecto¨ por él, lo que lo atribuye a la capacidad intelectual que tenía el expedicionario, ya que para entonces estaba estudiando derecho diplomático y era un gran devorador de libros, cuyos temas conversaban cuando lo mandaba a buscar para interrogarlo.

¨Para darte una idea de lo que es un salvaje, el hombre es un salvaje, y cuando decide desarrollar su mente lo puede hacer para ser más humano o para ser una fiera enemiga de la misma humanidad. Y creo que él (Ramfis), que había viajado por el mundo montando a caballo, jugando polo, así estaba el día que mataron a su padre, jugando polo ecuestre en París, Francia, y pudimos conversar, pero pienso que Ramfis vio en mi otra cosa¨, cuenta el único integrante de la ¨Raza Inmortal¨ que queda con vida.

Sin embargo, eso no lo libró de las crueles torturas a las que eran sometidos todos los desafectos al régimen desde que eran llevados a La 40.

“Es inenarrable, porque prácticamente no podíamos dormir, primero por los gritos de los torturados, porque no nos permitía conciliar el sueño, prácticamente no se dormía, la pared de mi celda, cuando se llevan a Pablito (Mirabal) que fue al segundo día, tenía metro y medio de ancho por tres metros de largo, el piso y un hueco para hacer sus necesidades, tenía en la pared un tubito arriba, pequeñito, por donde salía agua y cada cierto tiempo abrían el agua para tomar y para bañarse”, recuerda.

Las torturas desde un helicóptero

Dijo que se salvó de las torturas que le hacían en el mar desde un helicóptero gracias a la idea de uno de los pilotos.

“Y de las torturas que me hicieron, aparte de quemarme las uñas de los pies y todas esas cosas, era una que afortunadamente uno de los dos pilotos del helicóptero parece que me cogió cierta simpatía, algo tiene que haber habido de ser humano en esa persona, que era que te amarraban, te ponían uno de esos aditamentos que ponían para tirar los paracaidistas y entonces te llevaban sobre el mar y te metían en el agua, bajaban la soga, el helicóptero no, la soga, y te metían y la mayoría…, yo por lo menos no sé de ninguno que se haya salvado que no sea yo”, narró Gómez Ochoa, quien se encuentra en el país donde participó en los recientes actos conmemorativos a la gesta que se celebraron el pasado 14 de junio, visita que fue aprovechada para ahondar un poco más de esa historia cuyos testimonios de torturas parecerían no tener fin.

Aunque para él esa fue la menos de las torturas a las que el grupo fue sometido, pues corrió un poquito de “suerte”, ya que como señala, cree que uno de los pilotos fue tocado por Dios y le dio algunas pistas para que pudiera aguantar un poco, ideas que puso en práctica, aprovechando su experiencia como nadador.

Fue testigo de muchas torturas, pues lo sacaban de la celda para que las viera, sintiera temor y delatara a sus compañeros. Dice que no vio la tortura donde murió José Mesón, considerada una de las personas que más tortura recibió del régimen y cuya fotografía ha circulado el mundo sentado en la silla eléctrica recibiendo electricidad.

Aunque esa fue una de las tantas barbaries a las que fue sometido Mesón, no fue la que le causó la muerte. Don Delio sostiene que este falleció amarrado a cuatro caballos y se le pusieron sogas en las manos y en las piernas “y empezaron a darles fuete a los caballos, es así como murió ese que ustedes vieron en la silla eléctrica, porque esa es una foto anterior que tomaron los muchachos aquellos, audaces y que después el mundo entero pudo conocer, y que fue muy bueno que lo hicieran, porque demostró cuál era la esencia y el salvajismo, hasta dónde llegaba la barbarie del tirano Trujillo”.

“A mí me sacaron en un helicóptero, la menos de las torturas que le hicieron a cualquiera de los que torturaron, una tortura que no se la hicieron a alguien, no sé, porque no quedó nadie para hacerle el cuento, quedamos seis nada más, creo que casi nadie nunca estuvo junto, creo que Poncio (Pou Saleta) y Mayobanex (Vargas) estuvieron juntos, pero yo estuve solito al segundo día de estar con Pablito (Mirabal) en La 40, en la celda número 7, de allí cuando me sacaron, me sacaban pocas veces, me sacaron dos o tres veces a coger sol, me sacaban desnudo”, recuerda el expedicionario con voz entrecortadas.

“El joven me dijo: Hay una cosa que puedes hacer, y es la única manera, porque a nosotros nos pueden fusilar fácilmente, y es que…, la persona tiene la capacidad de la respiración, puede soportar. Yo recuerdo que a veces hacíamos competencias de cuánto podía estar uno con la cabeza bajo el agua, y yo recuerdo que él me lo dijo: Puedes hacer una cosa, y es posible que salgas vivo, tu puedes tomar aire tan pronto sienta que el agua te da en los pies, porque tenemos la orientación del jefe, y el jefe era Trujillo, de…, puedes morirte, pero puedes ser que sigas vivo, tiene la posibilidad de coger el aire que pueda, y tenemos la orientación de cuanto te bajemos y botes la primera bocanada de aire ya es que te vas a ahogar, vas a coger agua, si haces eso tú te puedes salvar, por lo menos te podemos sacar vivo, o medio vivo.

Tan pronto te metas en el agua cuando se te acabe el aire bótalo con fuerzas, que tenemos la orientación de sacarte, porque no es que quieren matarte todavía, quieren que estés vivo todavía, es solamente una prueba más para que tú digas cosas que ellos quieren saber, eso lo dijo ese muchacho, que creo que lo mataron después, en La 40, eran muchachos que les sacaban los disparadores a las bombas que tiraban, muchas de las bombas no explotaron porque los muchachos de la mecánica de la aviación les sacaban los explosivos, y yo salvé la vida así”, dijo Gómez Ochoa, quien recordó que salvó su vida gracias a las técnicas de natación que aprendió desde joven.

“Yo me acuerdo que cuando hacíamos la competencia en la piscina yo duraba casi dos minutos bajo el agua, sin sacar la cabeza y cuando sacaba la cabeza era dejando el alma, pero eso me lo hicieron tres veces, me bajaron, yo cogía aire, pero porque lo sabía, porque si no lo sé yo no estaría haciendo el cuento hoy aquí”, narró el excombatiente cubano frente a estudiantes del Centro de Excelencia República de Colombia, quienes escucharon su testimonio cuando se encontraban en el Museo Memorial de la Resistencia y a quienes les instó a conocer la verdadera historia que envuelve el régimen.

Delio Gómez Ochoa, quien es miembro fundador del Museo, valoró el trabajo que desde esa institución se realiza para abrirles los ojos a esa juventud que va subiendo y son los que tienen que evitar que episodios como esos no se vuelvan a repetir en el país.

“Era una historia tan larga de contar como largo es el tiempo que ha pasado desde que ocurrieron los hechos, porque aún quedan por narrar disímiles de cosas que no se han dicho y que solo la historia que queda por hacer podrá hacerlo, y para eso desempeñan un papel extraordinario estos esfuerzos que hace este museo, sobre todo con la juventud”, destacó.

Pero si algún mensaje don Delio tiene para la juventud es: “Estudia, estudia y estudia”, porque en el conocimiento está la única esperanza de salvación de los pueblos, como decía José Martí.

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