La República

Nuestra realidad post invasión a Ucrania

FRANCISCO ANTONIO MÉNDEZSanto Domingo

La invasión ru­sa a Ucrania vino a compli­car aún más la realidad in­ternacional. Las econo­mías venían lidiando con los efectos inflacionarios post covid, provocados por atascos en la cadena de su­ministro de bienes e insu­mos productivos y encare­cimientos en la logística de transportación marítima, así como de un extraor­dinario crecimiento de la demanda de bienes y ser­vicios provocados por los planes de compensación social. En el caso de la eco­nomía norteamericana, se habían proyectado seis o siete incrementos del ti­po de interés de referen­cia de la Reserva Federal, 1.75%/2.0% para finales del 2022, con el objetivo de contrarrestar los efec­tos de la inflación que ce­rró febrero en los EEUU con 7.79%.

En este sentido, las pre­visiones de crecimiento de la OCDE y los EEUU, de­bido a los efectos del con­flicto, fueron ajustadas a la baja, mientras que la inflación al alza. Así, el cre­cimiento proyectado de la zona euro de 4.2% fue re­ducido a 3.7% mientras que la inflación de 3.2% aumen­tada a 5.1%. Lo mismo en EEUU. En lo que concier­ne a Rusia, las proyeccio­nes apuntan a una caída del producto que ronda el 10%, motivada por las sanciones económicas y financieras, así como por la salida de centenares de empresas oc­cidentales y las restricciones de suministro de tecnología y partes de repuestos.

En el caso de la República Dominicana, donde ya ve­níamos siendo impactados por presiones inflacionarias que alcanzaron a febrero 2022 el 8.98%, estos efec­tos negativos nos afectan di­rectamente en varios fren­tes. Primero, la eliminación del turismo ruso y ucrania­no que en el 2021 alcanzó los 178,000 visitantes esla­vos; segundo, el incremen­to en el precio del petróleo y sus derivados que nos obli­gará a destinar más divisa para la importación de estos energéticos, incluyendo el carbón mineral que pasó de US$178/tonelada en sep­tiembre 2021 a US$322/tonelada en marzo 2022; y tercero, el aumento de los precios de los insumos alimenticios para la pro­ducción agropecuaria, tri­go, maíz, soya y sorgo, así como los fertilizantes. En otras palabras, se nos redu­cirán los ingresos en divisas por turismo y remesas, en enero-febrero 2022 bajaron 2.9%, mientras se nos incre­mentan los costos de impor­tación. Adicionalmente es­tá el incremento del servicio de la deuda por el aumento de la tasa de interés del Fe­deral Reserve. Menos ingre­sos, más gastos.

¿Ante tan complicado pa­norama que hacer? En pri­mer lugar, un diagnóstico certero de la situación para tomar las medidas precisas, comprendiendo que no hay magia ni almuerzo gratis en la economía. No con accio­nes cosméticas y contrapro­ducentes sino con medidas de fomento de la competiti­vidad de nuestro sector pro­ductivo; incentivando la efi­ciencia y el abaratamiento de costos de producción, ra­cionalizando y optimizan­do los escasos recursos pú­blicos disponibles a estos fines.

En este sentido lo más apropiado sería: i) conti­nuar con el subsidio de los insumos productivos –tri­go, maíz, soya, sorgo y fer­tilizantes- no de productos terminados que afecten los productores nacionales; ii) fomentar la siembra de pro­ductos alimenticios de ciclo corto, maíz incluido, para abaratar la canasta básica y disminuir la inflación ali­mentaria que impacta con más fuerza a los segmen­tos más vulnerables; iii) in­centivar y promocionar aún más la instalación de em­presas norteamericanas en nuestras zonas francas –dispositivos médicos y sa­nitarios, equipos y partes electrónicas, etc.- a los fi­nes de aprovechar la reubi­cación estratégica comer­cial que viene ocurriendo en la actualidad debido a las divergencias geopolíti­cas; iv) acelerar la instala­ción de emprendimientos de energía renovable elimi­nando trabas innecesarias para la generación distri­buida; v) asegurar el sumi­nistro de energéticos pa­ra el parque de generación actual –gas natural, carbón mineral e hidrocarburos- a los fines de evitar desabas­tecimientos coyunturales; vi) supervisar y dar estre­cho seguimiento al proceso de reducción de pérdidas y eficientización operativa de las EDEs, con el objetivo de reducir el subsidio estatal al sector eléctrico; vii) diseñar y aplicar políticas de ahorro y conservación de energía a los fines de disminuir la in­tensidad en el consumo de energéticos; viii) focalizar el subsidio a los combusti­bles, ajustar sus márgenes y liberalizar sus precios pa­ra incentivar una racionali­zación en el consumo; y ix) apretarse los cinturones. No hay de otra para salir a ca­mino.

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