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La República martes, 25 de enero de 2022

Enfoque

Con muerte de Agripino RD perdió a un gigante

  • Con muerte de Agripino RD perdió a un gigante
  • Con muerte de Agripino RD perdió a un gigante
John Graham
Santo Domingo, RD

La República Dominicana ha perdido un gigante en el arte de la conciliación y el gobierno en un mundo peligrosamente carente de esos talentos, y yo he perdido un amigo muy valioso. Trabajamos juntos como co-moderadores durante tres meses turbulentos en la crisis electoral de 1994: Monseñor Agripino Núñez como moderador nacional y yo como moderador internacional representando a la Organización de Estados Americanos. Es fundamentalmente sobre la base de esa experiencia, aunque no únicamente, que mantengo la memoria de Monseñor Agripino Núñez en la mas alta estima.

En mayo de 1994 la Junta Central Electoral (JCE) proclamó ganador de las elecciones al presidente Joaquín Balaguer y a su Partido Reformista por un escaso margen por encima del doctor José Francisco Peña Gómez, candidato del Partido Revolucionario Dominicano. Sobre la base de irregularidades recogidas por tres equipos de observadores independientes —el excongresista norteamericano Stephen Solarz, director del Instituto Nacional Democrático; Charles Manatt, ex-presidente del Partido Demócrata de los Estados Unidos y jefe del equipo de observadores de la Fundación Internacional de Sistemas Electorales, y yo como jefe del equipo de observadores de la OEA— rehusamos aceptar el veredicto de la JCE sin proceder a una investigación.

Posteriormente, la Comisión de Verificación de la JCE estableció que un mínimo de 45,000 votantes fueron privados de sus derechos. El país se polarizó y la situación se tornó peligrosamente incendiaria. Las negociaciones de los tres meses siguientes fueron intensas y difíciles. Se llegó a una solución que ninguno de nosotros consideró perfecta, pero fue la mejor posible en esas circunstancias. Evitó el peor escenario, el abismo de un conflicto civil, y desde ese contexto resultó exitosa.

La calma de Monseñor y el gran respeto que los dos partes le tenían, así como su habilidad para encontrar puntos afines fueron componentes esenciales de ese éxito. Entonces planteé que me consideraba “muy afortunado de tener a un compañero tan sabio y tan agradable para quien no había puertas cerradas”.

John Graham.
(Ex-embajador canadiense en la República Dominicana y en Venezuela, y ex-director de la Unidad para la Promoción de la Democracia de la OEA).