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La República domingo, 16 de enero de 2022

Joe Biden y Donald Trump: frente a frente, un año después

  • Joe Biden y Donald Trump: frente a frente, un año después

    1) Joe Biden, Donald Trump.

Carlos Alberto Montaner
ESTADOS UNIDOS

Tal vez el presiden­te Joe Biden debió denunciar a Do­nald Trump mucho antes. Cuando era evidente que fabricaba una mentira tras otra sin impor­tarle el daño que le hiciera a la democracia estadouniden­se. Afortunadamente (es me­jor tarde que nunca), habló el jueves 6 de enero, al año jus­to de haberse asomado a la ca­tástrofe.

Los datos son de mi nieta Paola Ramos, también perio­dista, aunque buena. Cuan­do era muy joven y estaba en “undergraduate” en una universidad de New York, se sorprendió del grado de an­tiamericanismo que existía en ese college, pese a que ella te­nía la sensación de que vivía en una sociedad estable. Hoy no le extraña que en una en­cuesta de Harvard “sólo el 7% de los jóvenes en el país pien­sa que vive en una democracia sana”, más de la mitad estima que es una “democracia falli­da”, y el 35% cree que en el país, lógicamente, se desatará una Guerra Civil.

Después de la segunda gue­rra mundial, en 1945 emergió Estados Unidos como una de las dos potencias que se en­señorearon en el mundo has­ta que en diciembre de 1991 estalló la URSS y comenzó la década de Boris Yeltsin y de “salvar a Rusia del peso de la Unión Soviética”.

USA, a partir de ese pun­to, se quedó sola en el plane­ta. Habían sido 75 años de hegemonía acompañada o sola. Obviamente, en algún momento Estados Unidos se­rá desplazado y reemplaza­do por otra potencia. En el si­glo XV fue Portugal. En el XVI y XVII le tocó a España. En el XVIII, grosso modo, Francia e Inglaterra representaron el papel. Inglaterra, durante to­do el XIX y Alemania, a partir del Canciller Bismarck, a media­dos de ese siglo, fueron los po­deres clave.

¿Ya es hora del reempla­zo de Estados Unidos? Jose­ph S. Nye, el gran politólo­go de Harvard University, no lo cree. Primero, porque no percibe los síntomas de dete­rioro que le atribuyen a USA. Siguen vinculados al país los más importantes centros de enseñanza e investigación del planeta. Las mayores fuerzas armadas, dotadas de gran­des presupuestos, de una vi­talidad tremenda, y de un excelente sistema de investi­gación, a lo que se agrega un aparato productivo como na­die había contemplado en el país y fuera de él. Y, segundo, porque no cree que hoy, hasta la fecha, ningún país esté dis­puesto o pueda desempeñar el rol de cabeza del mundo.

¿Y qué hay de los rusos y los chinos? Los rusos, porque se han convertido en un poder de se­gunda categoría que posee las características exportadoras de una nación del tercer mundo: sólo exportan gas y petróleo. Si por un mágico destino desapa­reciera súbitamente de la faz de la tierra nadie echaría en falta a Rusia. Los chinos, porque care­cen de productividad aunque bordean el PIB de USA. Además: están rodeados de enemigos: Ja­pón, Filipinas, Vietnam. Si se mi­den los ingresos en PPP se dejan fuera las importaciones que de­ben hacer. Incluso, son mil cua­trocientos millones de personas contra 330 que existen en USA. Por otra parte, de acuerdo con el último censo hay nueve mil mi­llonarios norteamericanos y esa es una demostración de fortale­za de la economía (VisualPoli­tik).

En fin, siempre habrá ma­neras racionales de descartar la competencia. Pero lo cier­to es que Donald Trump es­taba poniéndole punto final al soft power (entonces no se llamaba así) con que se había inaugurado la diplomacia ame­ricana en época de Franklin D. Roosevelt en Bretton Wo­ods en 1944, y más aún desde que Harry S. Truman asumió la presidencia tras la inesperada muerte de FDR el 12 de abril de 1945.

Trump maltrataba a sus alia­dos de la OTAN. Adoptando los ademanes de un Mussolini de pacotilla, Trump empujaba a Dusko Marcovic, al internacio­nalmente desconocido Primer Ministro de Montenegro, un di­minuto Estado constituido en lo que fuera Yugoslavia, o se nega­ba a visitar a la Primera Ministra de Dinamarca, Mette Frederik­sen, porque no le podía o quería vender Groenlandia.

El presidente de Estados Uni­dos continuaba siendo un ven­dedor de bienes raíces de New York que decía o hacía cualquier cosa con tal de lograr sus fines. Hay un revelador libro de An­drea Bernstein (Los oligarcas es­tadounidenses) que explica por qué hay que tomar en serio a Do­nald Trump. No es un accidente aislado. No se puede gobernar un país en el que la verdad y la mentira se confunden y tienen la misma jerarquía.

Es cierto que Internet contri­buye al ambiente festivo del en­torno de Trump. Donde se pue­de decir casi cualquier cosa con la certeza de que unos crédulos la tomarán en serio. Por ejem­plo, ocurrió en el capitolio el 6 de enero del 2021.

Los chinos no son peligros porque carecen de productividad aunque bordean el PIB de USA. Además: están rodeados de enemigos: Japón, Filipinas, Vietnam. Si se miden los ingresos en PPP se dejan fuera las importaciones que deben hacer. Incluso, son 1,400 millones de personas contra 330 que existen en USA.