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La República miércoles, 01 de diciembre de 2021

Secuestros reviven tensión entre atribulados haitianos

A los raptos que cometen haitianos, para pedir rescate, se suma ahora la retencion de propiedades y animales para iguales fines.

  • Secuestros reviven tensión entre atribulados haitianos

    La interminable espiral de violencia e inseguridad que sacude a Haití sigue provocando la salida masiva de haitianos. Unos, los más pudientes, gestionan, vía legal, visas para viajar a República Dominicana, y una mayoría sin recursos que cruza a través de la frágil frontera dominico-haitiana hacia el mismo destino. / ARCHIVO

Ricardo Santana
Dajabón, RD

 El secuestro de la exprime­ra Dama de Haití, Solan­ge Lafontant, la viuda del fenecido presidente René Preval, y el del periodista Alexander Galvez, corres­ponsal en el país vecino de la cadena de televisión Te­lemicro, de Santo Domin­go, ha renovado la tensión entre los haitianos que vie­ron un respiro por algunos días de las acciones violen­tas de las bandas armadas.

A los secuestros que co­meten haitianos para pe­dir rescate en su país se sumas ahora la retención de propiedades y animales para iguales fines, dijeron religiosos, comerciantes, activistas de derechos hu­manos y otros.

Ayer, haitianos de cla­se media y alta hacían fi­las en la Dirección de Mi­gración y Aduanas en Dajabón para completar su proceso legal y seguir su ruta hacia República Dominicana, donde dicen se quedarían viviendo has­ta que la situación mejore en su país.

Otro medio ilícito para pe­dir rescates
Desde un perro de raza hasta una motocicleta, igual que niños que salen de las escuelas, bandas que aho­ra se han extendido al Nor­te de Haití, en ruta hacia República Dominicana, son retenidos para pedir a sus propietarios y a sus padres, pagar por “el favor que le hicieron”.

“Mis dos hijos, de 9 y 10 años, una hembra y varón, regresaban de la escuela en Fort Liberté, pero unos de­lincuentes a bordo de un vehículo color gris, los rap­taron, luego fueron a mi casa diciendo que ellos es­taban perdidos y que los rescataron”, contó en me­dio de lágrimas Jeannet Charles, una enfermera que esperaba junto a su esposo el proceso de depuración de sus documentos para es­tablecerse en Santiago.

“Tuvimos que pagar para que nos devolvieran a nues­tros hijos; ellos chantajean a la gente, nos dijeron que nuestros hijos estaban per­didos, que ellos los soco­rrieron y que eso tiene sus recompensas”, indicaron.

“No es tanta la cantidad de dinero como piden las ban­das que se dedican al se­cuestro en Puerto Príncipe y otras ciudades de Haití, pero hay que buscar dinero, de donde no hay”, enfatizó Charles.

En lo que tiene que ver con los niños, los delincuentes haitianos los retienen al sa­lir de sus centros educati­vos, se comunican con sus padres, les dicen que están perdidos en las calles y que ellos los rescataron y que por eso tienen que pagar di­nero “por el favor” que ale­gan le hicieron.

Respecto a los perros de ra­za, haitianos dicen que los integrantes de bandas tam­bién los retienen y, para de­volvérselos, tienen que pa­gar. En relación con las motocicletas, los mismos

 bandoleros las roban y lue­go exigen una cantidad de dinero mayor a su valor, por lo la mayoría de afectados termina dejándolas perdi­das, más bien, en su poder.

Elizabeth Laguerre hacía cola en el área de Migración y Aduanas junto a su espo­so, de origen canadiense.

Raptaron su perrita
Dijeron haber vendido una tienda de electrodomésti­cos que tenían en Petit An­se, de Cabo Haitiano, la se­gunda ciudad de Haití, y ahora decidieron establecer residencia fija en Repúbli­ca Dominicana, afirmando que Haití se ha convertido en tierra de delincuentes, secuestradores y que ya “es­tá invivible”.

Delincuentes le raptaron una perrita Chihuahua y que al irla a buscarla le exi­gían una suma de dinero muy alta.

 LA CRISIS
Perdieron toda esperanza
No aguantan más.

Renso Anthoine, un activista de derechos humanos y protección civil del Noroeste de Haití, indica que sus compatriotas han per­dido completamente la esperanza en su país y quieren emigrar a Re­pública Dominicana. “Antes eran los pobres que emigraban a este país, ahora lo hacen los pobres, los ricos y los de clase media, en Hai­tí no se puede vivir...”


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