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La República sábado, 20 de febrero de 2021

La vida en la “parte atrás” de San Carlos

Los hacinados en la “parte atrás” se tratan como una misma familia

  • La vida en la “parte atrás” de San Carlos

    El hacinamiento es un gran problema en los subsectores de San Carlos. JORGE CRUZ/

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  • La vida en la “parte atrás” de San Carlos
Helenny Amparo
helenny.amparo@listindiario.com
Santo Domingo, RD

Estrechos y cortos son los caminos que en el sector San Carlos conducen hacia un mundo desconocido por muchos, pero que significa todo para otros.

En el extenso barrio que junto a otros 37 constitu­ye la circunscripción nú­mero uno del Distrito Na­cional, se esconden bajo la apariencia de simples calle­jones la vida de hombres y mujeres que han camina­do sobre desechos huma­nos, dormido bajo intermi­nables goteras, respirado los más ácidos olores y cu­yos corazones laten todos al mismo ritmo.

“Mis problemas son los de todos. Aquí se comparte todo, las cervezas, las habi­chuelas, los pleitos”, resaltó Pedro Montaño, quien lle­gó al Quinto Patio (subsec­tor de San Carlos) a los siete años de edad junto a su ma­dre y otros tres hermanos.

¡No pise esa agua! Le ad­vertía otro comunitario que explicaba que el líquido os­curo que corría por la “zan­ja” del callejón estaba mez­clado con heces fecales.

Montaño asintió con la cabeza y siguió caminando por el angosto camino que conduce a un patio en el que, según el hombre de 38 años, habitan 46 familias, de las cuales la mayoría se turnan para usar uno de los seis baños comunes.

En el Quinto Patio, ubica­do en la calle Altagracia, sus residentes dicen sentirse co­mo familia, aunque algu­nos en efecto ya lo son.

Es el caso de Adeleine Asencio que de sus 33 años ha estado 30 en el lugar y de vivir con sus padres y hermanos pasó a ser vecina de cada uno.

“Se ha expandido la fami­lia, ahora cada quien ha to­mado su ladito”, dijo Asencio entre risas.

Patios 5 y 7

Cinco y Siete son los nom­bres de dos conglomerados de casitas vecinas en San Car­los, calle Castillo Pimentel, que juntas totalizan unas 76 viviendas y de las cuales sus residentes deben distribuir­se como pueden el uso de los tres únicos baños con los que cuentan.

Ante las condiciones de insalubridad y hedor fétido que predominan en dos de los tres cuartos que fungen como áreas de aseo personal para todas las familias, los moradores del Patio Cinco han tenido que usar cubetas y bolsas plásticas para hacer sus necesidades fisiológicas y posteriormente botarlas.

“!Ay Dios mío, ayúden­nos!”, imploró Katy Feliz al identificar desde su casa la presencia de la prensa.

“Esto no es de la gente”, explicó mientras detallaba que en la cubeta en la que es­taba sentada es la misma que usa para defecar al igual que los demás miembros de su fa­milia.

El crudo relato era el mis­mo entre un vecino y otro. “Hasta presos nos han aga­rrado por ir a tirar las fun­das”, gritó una lugareña des­de la puerta de su hogar.

De su lado, en el Patio Sie­te hasta han tenido que for­mar un camino con bloques de cemento para no pisar los restos de la materia fecal que se expandió con las recientes lluvias por ambos vecinda­rios traseros, pero que en su caso aún no han terminado de limpiar.

“Ensanche Pipi”

Así como en cada subsector, los habitantes del “Ensanche Pipi”, otro vecindario ocul­to tras las paredes, son “uno con el de al lado” a pesar de las vicisitudes.

Un viernes, jueves o do­mingo (días en los que suele llegar el agua), luego de atra­vesar un camino oscuro que solo recibe la luz que provie­ne de las casitas que enmar­can el sendero que conduce al centro del vecindario, se puede encontrar a los luga­reños repartiendo el preciado líquido de casa en casa, con una manguera.

Para obtener el agua, Are­lis Natividad Paniagua, que tiene 50 años viviendo en la zona, compró una bomba para hacer la obtención más fácil; otra vecina fue la que compró la manguera.

Entre el ajetreo por no quedarse sin agua los re­sidentes del Condominio Abreu, nombre inicial que se fue sustituyendo con el paso de los años por “Ensanche Pi­pi” en honor al hermano del tirano Rafael Leónidas Tru­ jillo, Romeo Amable Truji­llo Molina (Alias Pipi), quien de acuerdo a los residentes más longevos era el propie­tario del lugar, omiten el he­dor que emana del área de baños comunes que, según Natividad, se tapa frecuen­temente por la falta de tube­rías más apropiadas.

“Aquí vive demasiada gen­te y eso se llena de una vez”, señaló Natividad.

Aunque tienen ocho ba­ños, algunos ya han queda­do en desuso producto de la falta de atención y como consecuencia se han conver­tido en fuentes de contami­nación con la que tienen que lidiar diariamente.

Las casas acumuladas en el “Pipi” ya suman más de 60, están ubicadas una enci­ma de la otra y ya alcanzan un tercer nivel.

“Patio Azul”

En la parte trasera, pero alrededor de un árbol aho­gado por el alumbrado eléc­trico, los moradores del “Pa­tio Azul” ven sus días pasar temerosos de que las ramas produzcan cualquier chas­quido para salir corriendo y recoger a los más peque­ños, que ignorando el peli­gro suelen jugar debajo todo el día.

En el pequeño subsector donde viven unas 28 fami­lias que comparten cinco ba­ños, Martin Nova es una de los que vigila sigilosamente cada sonido que le advierta de la caída de una rama.

“En estos días se rompió un palo y se llevó to’ lo cable’. Eso tiró un chipazo’ y fue Dios que nos cuido”, narró Martin, al tiempo que aseguró que so­lo dormirán en paz cuando las autoridades respondan a su llamado de podar el árbol.

CLAVES

 Callejones.

En el sector capitalino hay entre 50 y 60 calle­jones que conducen a igual cantidad de sub­sectores, según la presi­denta de la junta de ve­cinos Divino Niño de San Carlos, Marcia Her­nández.

Nombre.

El ahora “Ensanche Pi­pi” era llamado origi­nalmente Condominio Abreu, pero el nombre se fue sustituyendo con el paso de los años por “Ensanche Pipi” en ho­nor al hermano de Truji­llo, Romeo Amable Tru­jillo Molina (Alias Pipi), quien de acuerdo a los residentes era el propie­tario del lugar.