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La República jueves, 19 de noviembre de 2020

Hacen casas con botellas plásticas en El Dique

  • Hacen casas con botellas plásticas en El Dique

    Los plásticos pasan por calles, avenidas, cañadas, ríos y van al mar, provocando una gran contaminación.

  • Hacen casas con botellas plásticas en El Dique
  • Hacen casas con botellas plásticas en El Dique
  • Hacen casas con botellas plásticas en El Dique
Cándida Acosta
Santo Domingo, RD

En  El Dique, un barrio de gente muy pobre ubicado en la margen oriental del río Ozama, muy cerca de las cañadas y los basureros improvisados que son el “paisaje” de sus moradores,  no muy cerca de los escondrijos de botellas plásticas hay un modelo de vivienda inusual: una casa fabricada con botellas de plástico.

Muchos desconocen, incluso los que residen el “pandemónium” que impone vivir a orillas del río, que en la zona de El Dique hay escuelas de arte, oficinas y otros espacios de enseñanza y talleres en dos modelos de casas que pueden servir de mecanismo para cambiar su vida. Uno de esos modelos de casas es fabricado con furgones viejos, reconstruidos y adornados con espacios adecuados para una familia.

  Pero el otro, el que más llama la atención por su originalidad, es una casa a medio construir fabricada con cientos de residuos de plásticos (botellas de agua y refrescos) que iban a parar del mar a los océanos de forma indiscriminada y ahora han encontrado un uso de importancia: servir de soporte entre pallets (tarimas) de madera para la fabricación de las paredes, que con un poco de cemento muestran la forma de estructurar una casa en apenas una semana.

   La casa de botellas plásticas está estructurada en El Dique. Tiene habitaciones, sala, cocina, baño y su fachada da un aspecto más digno comparado con las casuchas de hojalata, zinc o cartones en las que viven miles de familias en las laderas del río Ozama. Un modelo de este tipo de vivienda puede servir para reducir el basurero de plásticos que navega del río al mar, pero también reducir la cantidad de botellas acumuladas ahora con muy poco uso porque los que las han amontonado en viejos botes en los lados del río o en espacios cercanos entre el río y sus viviendas no encuentran ni muchos compradores, ni pueden hacer los intercambios regulares por una funda de comida cruda que les entregaba el párroco de El Dique, famoso en la zona por las ayudas que da a esas 3,000 a 4,000 familias, sin que se sepa un número final real por la dificultad que implica censarlas.

  Las casas de furgones o con botellitas son duraderas, resistentes. Este puede ser otro mecanismo para reducir los vertederos improvisados de plásticos, afirma el padre Manuel Ruiz, propulsor de la original idea.

¿Cómo se construye

la casa de plástico?

La construcción, que puede hacerse en una semana consiste en una estructura de pallets que se rellenan con las botellas plásticas vacías una encima de otra paradas y juntas. La madera sostiene las botellas que luego se recubren con una mezcla de cemento (pañete) concreto, previamente sostenida por una malla. Son zonas que son callejones, donde no entra un vehículo por la estrechez y fragilidad del terreno, que son aptas para esta opción.

  En la margen del río todos lo conocen como el padre Manuel Ruiz,  dispone de un barco ambulancia (primera acuamabulancia en el país) para ofrecer servicios de salud o realizar traslados rápidos de esta gente; ofrece clases en las aulas fabricadas con furgones viejos y habilitados para esos fines, donados por empresas privadas, aunque casi nadie sabe de este tipo de idea que puede contribuir a mejorarles en lo que llega el tiempo de que puedan ser trasladados a lugares más seguros.

Varias horas y días

Para ver los escondrijos de botellas de plásticos, los basureros y los caminos llenos de residuos hay que recorrer callejones y caminos andando por cada barrio. El recorrido en vehículo se toma varias horas por caminos sinuosos y navegando en bote y en barco, lo que implica varias visitas. Solo así se puede observar la forma de vida de esas personas abandonadas a su suerte en pleno siglo 21 y en medio de una enfermedad infecciosa todavía sin cura como el Covid-19.

Visitar La Ciénega, en la margen occidental del río Ozama, en la Capital dominicana, el panorama es deprimente. Basuras, gente sin esperanza, cañadas con vertidos de aguas sucias y repletas de residuos de todo tipo. El panorama, en medio de todo, a la orilla del río, son los grupos de hombres descansando a  la sombra de varios árboles, con el agua “casi a los pies”, y con una lancha amarrada y llena de sacos viejos con botellas plásticas que no habían podido intercambiar por la parálisis que se ha generado con la pandemia.

Más al fondo, una especie de ensenada se avista con un depósito de botellas de plástico. Están ahí porque no han podido ser intercambiadas. El virus impide la movilidad de la gente; Hay menos negocios y las entidades de ayuda tampoco llegan con frecuencia, afirma Lorenzo, un hombre que luce envejecido por las inclemencias y necesidades que le ha tocado vivir en esta zona desde que llegó del Cibao (zona Norte del país) en busca de mejorar sus condiciones y la de su familia.

  Un recorrido en un viejo barco de 145 metros de largo y ocho pisos,  por el río Ozama es otro modo de observar los distintos barrios desde El Dique hasta la Zurza y pasar los barrios de La Ciénaga, Gualey, Las Lilas, en Los Tres Brazos; Petrolex, El Oxígeno, Los Guandules, Guachupita, La Enfermera y Malaca, entre otros, pero la mejor vista es entrar a las casas, caminar “sus calles” que no son más que el lecho del río alfombrado de basuras y botellas de plásticos.   Para el padre Ruiz la mejor manera de limpiar el río, con la gente de la zona, que incluso la recoge en yolas y hasta las recogen las botellitas cuando van pasando por las puertas de sus casas.

“Que sea la misma gente que no vierta nada ahí, sino que lo guarde, que eso se convierta en dinero”, afirma el sacerdote que tiene más 12 años conviviendo con esas familias.

 Lo mejor, es que la gente recoja las botellitas y las cambie por dinero, reitera el  párroco.

SEPA MÁS
El proyecto social

El trabajo social que realiza el padre Manuel Ruiz en El Dique y los barrios de las laderas del río Ozama data de 12 años.

Con un viejo barco que operaba como discoteca y lo rentaba dos veces al año, en Navidad, con artistas dominicanos llevaba por el río a los habitantes de las laderas un aguinaldo en diciembre y en enero regalaba juguetes, con música y comida.

La idea
Le surgió la idea de quedarse en el muelle y hacer una escuela, un hospital en una embarcación.