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La República sábado, 03 de octubre de 2020

Estudiantes cuentan sus angustias por la docencia virtual

  • Estudiantes cuentan sus angustias por la docencia virtual

    Las fallas en la conectividad son un tormento para los estudiantes.

  • Estudiantes cuentan sus angustias por la docencia virtual
  • Estudiantes cuentan sus angustias por la docencia virtual
Juan Salazar
juan.salazar@listindiario.com
Santo Domingo, RD

Un corre-corre por el celular descargado. Un intenso dolor de cabeza cuando se acerca la fecha de pagar la mensualidad.  Rogar por una recarga. El temor a perder un examen por deficiencias en la plataforma. El ruido de la cotidianidad que se cuela sin avisar. Son tan solo algunas de las angustias que genera a los estudiantes la nueva modalidad de la docencia virtual impuesta por el coronavirus Covid-19.

Al igual que los profesores, los estudiantes padecen de ansiedad y estrés a causa de las precariedades e inconvenientes que enfrentan durante las clases a distancia, especialmente aquellos de ingresos limitados. La mayoría de esos percances giran en torno a un elemento común y preponderante: Las dificultades económicas.

Citan principalmente la carencia de un servicio de internet adecuado, cómo conciliar trabajo y educación, las deficiencias del servicio energético, los problemas para pagar las mensualidades, las responsabilidades con la familia, verse repentinamente desempleado y la falta de privacidad en sus hogares mientras reciben las clases.

“La falta de empleo y la ansiedad en mi caso me tienen que no se me quita un dolor de cabeza”, cuenta la estudiante de 19 años, Mayté Féliz, quien perdió su trabajo a causa de la pandemia y ahora apenas puede pagar la universidad con la ayuda de sus padres.

Explica que el servicio de energía eléctrica suele durar hasta un día sin llegar en el sector Brisas del Este, donde reside, lo que le dificulta acceder a las clases a distancia.

“Hay algunos profesores que quieren que compren folletos obligado y hay muchos ahora mismo que no tenemos la capacidad económica, porque apenas podemos pagar la universidad”, declaró sobre las precariedades económicas que enfrenta por la pandemia.

Precariedades

Los problemas de conectividad  son una queja casi generalizada de los estudiantes universitarios. Maité Rodríguez, también de 19 años, reside con su madre en el sector Los Ríos de la capital, donde no tiene servicio de internet, por lo que toma las clases virtuales en la casa de una vecina o pone un paquete de datos semanal en su celular para estudiar.

“No trabajo por falta de una oportunidad y muchas veces tengo hasta que pedir para poner recarga, a veces no puedo conectarme a las clases, o la llamada me saca cada cinco minutos, ya sea porque la señal está muy mala o porque el internet está muy lento”, reveló con marcada decepción.

Se quejó porque algunos profesores no entienden eso y piensan que el estudiante no participa en las clases a distancia por dejadez.  “He pensado retirarme un tiempo de la universidad hasta que todo vuelva a la normalidad y poder tomar mis clases presenciales”, añadió.

Mónica Pérez, de 19 años y estudiante de Comunicación Social, narra que justamente cuando inician las videoconferencias el internet suele ponerse muy lento en su casa, o en el peor de los casos sufrir una avería que puede durar horas y hasta días.

“Eso me causa miedo porque podría perder alguna de las materias por no estar presente; claro, inmediatamente pasa eso la única solución rápida es poner el paquetico de datos al teléfono”, indicó.

Un serio problema es que esas conferencias a través de las plataformas de las universidades duran hasta hora y media por asignatura y, por lo tanto, los alumnos consumen prácticamente toda la data, que casi nunca alcanza para todas las materias.

Algunos universitarios tienen que trasladarse en ocasiones a casas de familiares o amigos para tomar las clases, cuando las deficiencias en el servicio de internet y electricidad se prolongan más de lo debido, ya que también carecen de inversores.

El ambiente

La gran  mayoría toma clases en sus casas en medio del ruido dentro del hogar y el exterior producto de la vida cotidiana o por algún vecino con la música a alto volumen.

“Cuando yo tomaba las clases ahí es que había más ruido. Hablé con los  vecinos  cercanos para que por favor no pongan música tan alta para que no me moleste. Actualmente, por esa y otras razones, decidí acomodarme en mi habitación y así evitar cualquier distracción”, refirió Pérez.

Phillis Maríñez considera que aunque la docencia virtual tiene sus ventajas, especialmente evitar el traslado al centro educativo, República Dominicana es muy vulnerable en materia de conectividad y servicio de electricidad, además de que no se logra igual concentración que tomando clases presenciales.

“Por más que estés encerrado en tu habitación hay ruidos, por el tema de que no vives solo y estás rodeado de vecinos”, dijo con respecto al inconveniente que provoca un descontrol durante las clases con el anfitrión/maestro y los estudiantes a través de los micrófonos.

Injusticia

Criticó que el pago en las universidades privadas permanezca invariable pese a que reciben docencia desde sus casas, cuando debería ser menor al anterior sistema presencial, porque para las academias resulta menos costoso por ahorro en energía, uso de salones de clases y mantenimiento.

Luis Alejandro, de 30 años, tuvo que pedir una computadora portátil prestada para tomar las clases y “coger el riesgo de que no se me dañe en las manos”, lo que implicaría incurrir en un gasto inesperado.

Por su trabajo de vigilante privado recibe un salario de RD$17,500 mensual, pero paga casa, colegio y por el cuidado de su hija nueve años, mientras otro bebé viene en camino. “No todos podemos pagar un servicio de Internet con gran capacidad”, apostilló.

El estudiante Carlos Pérez reconoce que las clases virtuales han sido una alternativa para continuar preparándose  académicamente, pero eso no quita sus complejidades.  “El solo hecho de sentarse en una silla, mueble o acostarte en una cama durante horas para tomar asignaturas diferentes con las que tienes compromisos estudiantiles por igual, es una actividad tediosa”, reflexionó.

Una gran proporción de estudiantes pierden la concentración y hasta horas de clases por los oficios del hogar y otras urgencias que se presentan en medio de la docencia online, así como vivir en una casa donde los familiares no respetan el espacio y horario de estudios.

Con las estudiantes que al mismo tiempo son madres la situación es mucho más estresante, pues deben realizar quehaceres del hogar y atender a sus hijos sin descuidar las horas de clases y compromisos con las prácticas asignadas.                                                                                                                                                                                                     

También por la crisis económica que ha provocado el Covid-19, algunos estudiantes se han visto en la disyuntiva de elegir entre seguir estudiando o dedicarse exclusivamente a sus empleos, principalmente por las exigencias del teletrabajo.

Algunos precisaron que están  también saturados por la gran cantidad de tareas que asignan los profesores, a raíz de la nueva modalidad de docencia a distancia.

Percance

Isabel Ceballos recuerda que en una ocasión tenía una clase que empezaba a las 5:20 de la tarde, cuando recién había terminado la anterior, pero se dio cuenta que su celular tenía apenas 15% de carga. “Al ponerlo a cargar se fue la luz, faltando 10 minutos para comenzar la clase, tuve que salir corriendo literalmente  a casa de una hermana para poder usar su celular”, declaró.

El mayor temor de la estudiante es que un percance con la conectividad pase justo cuando toma un examen, porque se depende de aparatos electrónicos que pueden fallar y no está en sus manos el poder corregirlo.

“Es muy fácil ver que estás conectado en ese momento, pero fuera de ahí hay un mundo de vicisitudes que se presentan con esta modalidad virtual”, consideró Ceballos.

El presidente Luis Abinader anunció el pasado 29 de septiembre la implementación del bono “Estudio Contigo”, con el cual procura reintegrar a unos 86,000 estudiantes que desertaron de las aulas universitarias, debido a la crisis sanitaria y económica provocada por el nuevo coronavirus Covid-19.

El bono asciende a 1,500 pesos al mes durante la duración del cuatrimestre para que los estudiantes universitarios puedan pagar sus respectivas mensualidades. En total será RD$6,000 hasta diciembre del presente año.

Abinader expresó que la pandemia provocó que miles de jóvenes abandonaran sus estudios universitarios, afectados por la pérdida del empleo o de ingresos en sus hogares, lo que constituye un “drama personal y familiar, pero también un problema nacional”.


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