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La República domingo, 24 de mayo de 2020

Causas

Laura Zommer: “Chequeado funciona para aumentar el costo de la mentira”

  • Laura Zommer: “Chequeado funciona para aumentar el costo de la mentira”

    Equipo de chequeadores de noticias que dirige la periodista argentina Laura Zommer

  • Laura Zommer: “Chequeado funciona para aumentar el costo de la mentira”
  • Laura Zommer: “Chequeado funciona para aumentar el costo de la mentira”
  • Laura Zommer: “Chequeado funciona para aumentar el costo de la mentira”
Agustina Heb
Fundación Lucas de Tena

La Organización Mun­dial de la Salud (OMS) declaró la “in­fodemia”. En la prácti­ca, quiere decir que la desinformación y las fake news sobre temas relacionados al Co­vid-19 pueden desorientar y confundir a las personas y has­ta distorsionar políticas públicas. Incluso, pueden llegar a poner en riesgo vidas. En medio de esta crisis sin precedentes, los perio­distas que chequean noticias en­frentan su mayor desafío: luchar contra las noticias erróneas sobre el coronavirus. La finalidad: que la sociedad tenga información de calidad y esté más preparada pa­ra tomar decisiones.

Para conocer los nuevos retos que persigue esta comunidad de chequeadores, conversamos con Laura Zommer, directora ejecu­tiva y periodística de Chequea­do, que este año cumple 10 años. En esta entrevista, afirma que: “El principal reto ahora es el au­mento del compromiso. Porque uno siente que efectivamente tie­ne que poder responder a esa de­  de­manda genuina que existe”. Pa­ra responder a esa demanda, la abogada y licenciada en ciencias de la comunicación cuenta que el equipo planificó estratégicamen­te cómo abordar los temas sobre Covid-19. Por lo que nos brinda detalles acerca del método que aplican para verificar contenidos virales y desinformación.

Cuando reciben las consultas de la audiencia, ¿cómo las cla­sifican para luego decidir la ur­gencia del tratamiento?

Nosotros dividimos las desinfor­maciones en cuatro tipologías. Una primera línea de desinfor­maciones tiene que ver con teo­rías conspirativas sobre el origen del virus. La segunda es cómo se transmite y expande el virus. La tercera categoría es la más pre­ocupante: la desinformación vinculada a falsas curas o trata­mientos. Y la última tiene que ver con falsas medidas de las au­toridades o alcances de las me­didas distintos a lo que decretos o resoluciones dicen. Sabemos que la desinformación se propa­ga mucho más rápido que la in­formación. Ante esa desventaja, los chequeadores cuanto antes desmintamos un contenido, más chances tenemos de que esa des­mentida use los mismos canales que la desinformación.

¿Qué contenidos priorizan al momento de elegir uno para chequear?

Tomamos en cuenta viralización y daño. Los contenidos que po­nen en riesgo la vida, que son los de salud, y los que pueden gene­rar radicalización, como los que buscan perseguir a determinado  grupo o etnia, esos son los prime­ros que chequeamos. Lo segun­do es la afectación al sistema de­mocrático. En elecciones, lo que tiene que ver con falsas boletas, por ejemplo. El tercero es daño al sistema económico. En Argenti­na cada vez que hay alguna crisis reaparecen contenidos que dicen que se reinstauró el corralito. Y luego están los que minan la con­fianza de la gente en el sistema político y en el prójimo.

Sumaron a una editora de ciencia. ¿Fue a partir de la pan­demia? ¿Cómo tomaron esta decisión?

Para nosotros era importante te­ner a una editora especialista en ciencia. En Chequeado ninguna nota sale sin doble edición. Todas las notas tienen al menos un re­dactor y dos ediciones. En el te­ma de Covid-19, nos parecía que dado que ninguno de nosotros es experto en periodismo científi­co, sobre todo para las notas que tienen componente en las des­mentidas de algún tratamiento médico, vacuna o hallazgo, ne­cesitábamos una lectura extra de alguien que sí tuviera ese conoci­miento específico.

¿Cómo es el método que apli­can al momento de verificar un contenido viral?

Primero le prestamos atención al grado de viralización y al posi­ble daño. No nos alcanza que el usuario o el afectado lo desmien­ta. Aparece la consulta a la per­sona como un extra para darle lugar como si fuera una especie de réplica o explicación, pero las desmentidas se hacen de manera independiente a esa persona. Y se hacen con la metodología que usamos todos los chequeadores: consultamos a fuentes oficiales, que son las autoridades públicas, de cualquier nivel del Estado; a fuentes alternativas, que son ex­pertos de universidades, ongs, cámaras empresarias, organis­mos internacionales, etcétera. En pandemia no sirven las fuentes indirectas. Cuando terminamos de hacer eso, lo más importante es la puesta en contexto. Muchas desinformaciones no es que son mentira de punta a punta, usan un elemento verdad y lo sacan de contexto. Suele pasar con las imágenes. Después confirmamos o desmentimos y le ponemos la calificación. Sumamos herra­mientas tecnológicas que ayu­dan al trabajo.

¿Y en los medios?

Cuando un medio publica una desinformación, como pasó con lo del origen del virus, aumenta el alcance de la desinformación y la valida tanto que aumenta muchísimo su daño. Lo que sue­le pasar es que algunos de estos medios crearon equipos que tra­bajan con “virales internaciona­les”, que básicamente es pensar cómo consigo clicks. Entonces, el desafío de nosotros como che­queadores y de las plataformas que empiezan a hacerse más cargo de cómo circulan sus con­tenidos, es cómo generamos in­centivos positivos para que los medios no quieran publicar un viral flojo de papeles y no le con­venga hacerlo. Cuando nos pre­guntan para qué funciona Che­queado, decimos que es para aumentar el costo de la mentira. Lo que queremos es ayudar a ge­nerar incentivos y que los edito­res se pregunten “esto me va a traer un montón de tráfico pero si después tengo que salir a rec­tificarme, mi audiencia me casti­ga porque publiqué algo que era peligroso”.

¿Un momento extraordinario como una pandemia es propi­cio para las “fake news”?

Sí, propicia que haya un terreno más fértil a la desinformación. Esto de la tormenta perfecta: existen vacíos y existen emocio­nes exacerbadas. Los vacíos son de información y de evidencia, porque es una enfermedad nue­va, porque la ciencia todavía no tiene respuestas para todo. Y por otro lado existe esta angustia en muchos, miedo en otros, pánico en otros, ansiedades, etcétera, que exacerban la necesidad de querer saber. Además de lo que le pasa a la gente, está la comple­jización en lo que nos pasa a no­sotros como periodistas. En ge­neral fuimos seteados para llevar certezas. Y ahora informar es en parte decir “de esto no se sabe, este nuevo tratamiento no sé si va a ser efectivo, este experimen­to de vacuna no sé si va a llevar­nos a la vacuna que nos salve.

¿Para los medios el chequeo de información debería ser un formato que tendrían que in­corporar en sus redacciones?

Depende de las audiencias y el tipo de medios. A mí no me pre­ocupa especialmente que todos los medios tengan equipos de chequeadores necesariamen­te para generar formato de che­queo, sino que me encantaría que tengan ediciones con cuida­dos en la calidad de contenido. Y que prioricen la información de calidad versus el llegar primero o tener más clics. Pero eso también depende mucho de la lógica o la filosofía de cada medio.