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Panorama

Ya ni los muertos están seguros en su morada final

Las tumbas profanadas y las pesimas condiciones de las sepulturas es común en los cementerios de los sectores Los Mina y Cristo Rey. JOSÉ A. MALDONADO/ LISTÍN DIARIO

Las tumbas profanadas y las pesimas condiciones de las sepulturas es común en los cementerios de los sectores Los Mina y Cristo Rey. JOSÉ A. MALDONADO/ LISTÍN DIARIO

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Paul MathiasenSanto Domingo, RD

Es común al contar un secreto que la otra persona responda con la tradicional frase “se va conmigo a la tumba”, pero ¿qué sucede si hasta de allí te sacan? Los cementerios en el Gran Santo Domingo sepultan, además de los restos de fallecidos, secretos que solo los moradores de la zona y los guardias de seguridad conocen.

Uno de los que mejor se guarda y que solo se puede ver al momento de recorrerlos es la profanación de las tumbas, una acción calificada como “común” por las personas que recorren los camposantos de manera cotidiana.

Para llegar a esos secretos, un equipo de LISTÍN DIARIO hizo un recorrido por cementerios del Gran Santo Domingo, donde se pudo constatar los detalles que se desprenden de las tumbas, nichos, capillas o simplemente las cruces que resguardan e identifican a los sepultados.

El día estaba marcado por tonalidades grises, propias del cielo que aparentaba al mismo tiempo la posibilidad de lluvia. En la tierra, específicamente en los cementerios de Cristo Rey, Los Mina y Cristo Salvador, este color resaltaba un panorama tétrico, espeluznante y descuidado en cada uno de ellos.

Unos más que otros

“Yo te aseguro que aquí el 80 por ciento de los nichos están rotos”, repetía constantemente Luis Navarro, un constructor del cementerio de Los Mina, ubicado en el sector Vietnam, quien se ofreció de guía para recorrer el camposanto.

Recorrer este cementerio del municipio Santo Domingo Este obliga a cualquier visitante a medir sus pasos. La sobrepoblación de tumbas provoca que para avanzar entre ellas sea necesario subirse e ir saltando de una en otra. Además, la basura, los escombros de nichos destrozados por vandalismo y el terreno irregular, que ante una lluvia se vuelve barro, dificulta el desplazamiento a quienes visitan a sus familiaes sepultados. No obstante, lo que espanta a las personas cuando entran al cementerio es la cantidad de tumbas profanadas y la exhibición de huesos a plena vista.

“Aquí hasta se llevan los cuerpos. Hace una semana un grupo de delincuentes se robaron un cadáver de un muchacho que enterraron hace poco. Sabrá Dios para qué”, exclama Navarro, quien explica además que los robos son muy comunes en el lugar, siendo los materiales hechos con metal los “más buscados”.

Restos afloran

El recorrido se torna oscuro, tétrico, a medida que se avanza, la basura y el mal estado del terreno pasan a segundo plano cuando a cada paso una tumba profanada muestra a plena luz un cráneo, una columna y sus discos, una cadera, un fémur... en fin, restos de personas que no pudieron descansar en paz.

Dentro y a los lados de las tumbas profanadas se observan prendas de vestir variadas, sábanas y otros elementos removidos de los cadáveres que son utilizados por las personas que duermen en este lugar. Según Navarro, el cementerio es un hogar tanto para muertos como para vivos.

“Aquí vienen personas a dormir, a tener relaciones, a fumar droga, la seguridad es inexistente. En reiteradas ocasiones el administrador ha hablado con el síndico, pero este lugar sigue igual”, manifiesta.

Hay que adentrarse

Situaciones similares se observan en los cementerios de Cristo Rey y Cristo Salvador, a pesar de que estos presentan un ambiente con personal de seguridad y mantenimiento de sus respectivos ayuntamientos.

Reconocido en el año 2010 de acuerdo a registros periodísticos como uno de los más limpios, el cementerio de Cristo Rey mantiene una fachada pulcra entre sus tumbas y nichos que conectan con sus calles, pero al explorar sus interioridades la imagen cambia.

Al caminar entre los espacios que dejan los nichos que se exponen de fachada frente a la calle del cementerio, la basura comienza a volverse común, los daños y la profanación a tumbas por igual y la imagen en general se torna sombría.

Alexander Sánchez, uno de los constructores de este lugar, comenta que los únicos nichos que mantienen una estructura estable son aquellos que conectan a la calle: “Los que están metidos están casi todos destruidos. La gente se mete mucho por una pared de fondo que no tiene protección”, agregó.

MORADA FINAL

¿Descanso eterno? El mismo panorama se observa en el cementerio Cristo Salvador, donde la extensión del mismo es un arma de doble filo.

Apariencia La fachada de las tumbas conectadas a los caminos internos pavimentados dejan entrever un manejo correcto de las instalaciones, hasta que las personas se insertan entre medio de los nichos, donde se observan profanaciones y daños a las tumbas.

Indignación La situación de los cementerios se ha puesto en el centro del debate a raíz de que un vídeo que se hizo viral en las redes sociales mostró a cinco estudiantes que profanaron una tumba el pasado viernes en el cementerio de Manoguayabo

Las tumbas abiertas se ven durante el recorrido por cualquier camposanto de la capital. JOSÉ A. MALDONADO/ LD

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