La República

ANÁLISIS

Danilo ganaría tiempo para lanzar su reelección

Quienes formulan tácticas políticas pensando que el presidente Danilo Medina va a hablar en marzo sobre el tema de la reelección, cometen un error infantil porque no entienden que el danilismo pone la agenda en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y arrastra al resto del partidarismo y a la sociedad tras sus temas.

Otro grave error es situar las posibilidades de los dirigentes y los probables desenlaces políticos en función de resultados de encuestas internas o externas, que son levantadas de un universo de “opinantes profesionales” que sabe de todo.

Dudo mucho que Danilo despeje el panorama sobre si buscará o no la reelección en marzo porque no está obligado a hacerlo, no le conviene a su objetivo, y no hay fuerza -al día de hoy- capaz de obligarlo a decantarse.

Veamos los escenarios Si Danilo habla en marzo y dice que se propone “seguir enrumbando al país por el sendero del progreso”, despejaría el panorama político donde su principal adversario, Leonel Fernández, tendría que decidir si lo desafía internamente o si recoge en el PLD y encabeza un nuevo “Frente Patriótico”, esta vez revestido de un contrafuerte nacionalista conservador, y se lanza a detener el “camino malo” que en su narrativa encarna el Trujillo del siglo XXI.

Pero si Danilo guarda su decisión para el mes de julio -como ya dije en un análisis anterior que es la fecha en que creo que hablará-, reduce a Leonel a competir internamente o simplemente a apoyarlo porque no tendría tiempo de ser candidato a nada por ningún otro partido, y en el PLD el danilismo está preparado para no dejarlo pasar.

Suponiendo que Danilo hable en julio y diga que buscará la reelección, aunque Leonel renuncie del PLD, forme un nuevo partido con las firmas que recogen sus seguidores, no podría ser candidato porque la Ley de Partidos obliga a que los postulantes tengan al menos un año inscritos en el partido por el que intentan postularse.

Siendo las elecciones en mayo de 2020 y Danilo hablando en julio de 2019, aunque Leonel forme un partido nuevo y la Junta Central Electoral se lo reconozca, o quiera ir por otro, no tendría un año de militancia (antes de la selección) en ninguno de los dos. Por tanto, quedaría excluido ipso facto según la Ley de Partidos.

Si Leonel desafía la Ley de la Gravitación Universal formulada por Isaac Newton y sale a confrontar a Danilo en las primarias abiertas, simultáneas y con el padrón de electores de la JCE por la candidatura presidencial del PLD, lo más probable es que pierda y si pierde, no podrá ser candidato por ningún otro partido y tendrá que seguir pensando en el “yo era”.

Cuando en octubre de 2017 escribí que dentro del PLD y con el favor del danilismo Leonel no volvería a ser Presidente de la República, y que por tanto si esa aspiración era firme tendría que hacer una ruptura política y orgánica en ese momento para armar una estructura de poder, le estaba diciendo lo que ahora está a la vista.

Naturalmente, en el leonelismo hay destacados estrategas que tal vez lo conviertan en candidato del PLD y en el próximo Presidente de la República. Al menos eso piensan, aunque no hagan nada decisivo para lograrlo.

La realidad es que ahora Leonel está reducido a aceptar que no hizo la tarea a tiempo y sacar “un chivo” para tratar de pasar el examen (ser candidato), no le resultará para nada. ¡Perdió la oportunidad, y calva ella, es muy difícil atraparla al galope!

La reforma es indetenible Solo novatos en política o quienes confunden la confrontación de intereses con la aritmética, hacen cálculos diciendo que Leonel tiene 40 diputados y seis senadores que están firmes en contra de una modificación constitucional.

¡Leonel no tiene ni un solo senador ni un solo diputado! Esos legisladores son de ellos mismos y su cercanía con el expresidente es solo por afinidad de intereses que cambian según las circunstancias y los riesgos.

¿Con qué ideología o plataforma programática están solidificados los vínculos entre Leonel y la lista de legisladores que al día de hoy lo siguen? Como los demás partidos y dirigentes, por intereses y aspiraciones de poder, ¡Nada más!

En esa encrucijada, dudo mucho que los legisladores leonelistas arriesguen su permanencia en el Congreso enfrentando al gobierno danilista, que no solo puede obstruirlos como candidatos, sino facilitar su derrota.

En cambio, si se adaptan a los objetivos danilistas, incluida la reforma constitucional, la generosidad para que sigan siendo “mi Congreso” podría ser muy abarcadora. Esto no quiere decir que sea lo más conveniente para el país, pero es lo que se presenta como amenaza muy probable.

Encuestas Provoca hilaridad ver el tropel de análisis partiendo del resultado de encuestas de grados de aceptación de partidos y dirigentes políticos que buscan candidaturas.

Y yo se lo digo muy directamente: si las encuestas son una fotografía de un momento, sirven para entender ese momento, no para formular un planteo táctico que comprometa la estrategia de un partido político.

Eso sería similar a que un médico llegue a una conclusión diagnóstica a partir de la observación clínica, sin ordenar, conocer y tomar en cuenta los resultados de análisis de laboratorio para obtener resultados bacteriológicos, histopatológicos, historia clínica, imagenología y epidemiología del padecimiento que se sospecha.

Me perdonan los expertos pero yo supongo que entrevistar a dos personas de estratos y proyección social diferentes, dan resultados de igual valor porcentual, pero con muy desigual poder de influencia en su entorno, y eso es una falacia ya demostrada hace casi cincuenta años por el sociólogo francés Pierre-Felix Bourdieu.

Porque obviamente no es lo mismo recoger la opinión sobre preferencias políticas de un iletrado a quien lo que más le preocupa es conseguir el sustento cotidiano, que la de un médico de hospital que soluciona problemas de salud a 150 personas cada semana, a los que habla, escucha y despliega su ascendiente con una ventaja superlativa.

Peor aun, no es necesario hacer estudios para saber que el dominicano es elocuente y siempre tiene una respuesta y una recomendación para cada interrogante o para toda gripe o guachipa.

Cuando al dominicano promedio se le pone un micrófono al frente y se le pregunta sobre un fenómeno de física nuclear, da su opinión con la mayor candidez del mundo y jamás dirá que no conoce sobre la materia.

Y lo que es más importante: lo que opine una persona sobre un fenómeno político o social, no lo compromete en absoluto a actuar de esa manera. Es más, aquí la gente opina más para quedar bien, que para expresar sus verdaderos sentimientos y su disposición de actuar.

¡Cuando pase la tempestad, contaremos las estrellas!

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