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La República viernes, 30 de noviembre de 2018

Opiniones

Disidente cubano reta a exembajador debatir libertades en su país

  • Disidente cubano reta a exembajador debatir libertades en su país

    Orlando Gutiérrez Boronat

Santo Domingo

El dirigente opositor en el exilio, Orlando Gutiérrez Boronat, ha retado al embajador saliente de Cuba en República Dominicana, Carlos Jesús de la Nuez, a un debate  donde refutaría las supuestas libertades que, según el diplomático, existen en ese país antillano.

En un artículo de opinión titulado “Las antillas y el derecho: aspiración de la cubanidad”, Gutiérrez Boronat recordó a De la Nuez que en Cuba solo es permitido el partido comunista y que los votantes cubanos solo pueden ratificar a un candidato autorizado por esa organización para cada puesto público.

“El ciudadano cubano no puede ni postularse ni elegir libremente. Yo le digo que este ‘proceso constitucional’ se ha hecho sin una prensa independiente en la cual se viertan las más amplias opiniones sobre los temas urgentes que afectan el bienestar de la patria, se ha hecho sin la libertad de organizar sindicatos y agrupaciones reales”, le señaló Boronat,  miembro del movimiento Dirección Democrática de Cuba, al embajador cubano.

Además, dijo que “constituye un juego de palabras dialéctico”, afirmar, como lo hace el Embajador, de que en Cuba existe un empresariado autónomo.

En octubre de este año, durante una visita al Listín Diario, De la Nuez había respondido a críticas de Gutiérrez Boronat al régimen cubano, lo que entonces consideró “un atrevimiento venir a un país extranjero para decir lo que tiene que hacerse en Cuba”.

“Esa persona no tiene autoridad para referirse al Presidente de Cuba. Es una persona desinformada, que dirige un centro que recibe financiamiento de la USAID y otros organismos de Estados Unidos”, aseguró el embajador De la Nuez López en aquel momento.

Ante esto, Boronat sostuvo que es chocante que De la Nuez, quien representa a los intereses del régimen castrista en República Dominicana, cuestione su derecho esencial como cubano a opinar sobre los asuntos de la patria a la que le ha dedicado la vida.  “Tan extranjero es él en Dominicana como lo soy yo. Todo ser humano tiene derechos inherentes, prominente entre ellos, el de la libre expresión”, añadió.

A continuación el texto íntegro: 

La cubanidad es una expresión excepcional de la rama de la civilización occidental que se desarrolló en las Antillas a raíz del Descubrimiento.  La cubanidad ha contribuido positivamente a la humanidad en diversos géneros y categorías.  Por ejemplo, es desde las Antillas, desde Cuba y la República Dominicana, que se inicia la renovación de las ciencias jurídicas.  La obra de luminarios como el Padre Bartolomé de las Casas y el Padre Montesinos, contribuyó a la histórica decisión del Emperador Carlos V de afirmar la universalidad del derecho para todas las razas. 

Toda y cada una de las repúblicas en armas que los cubanos constituyeron en su heroica lucha por la independencia, se dieron constitución respetuosa de los derechos universales del hombre.  Nuestros próceres, tales como Céspedes y Maceo, no solamente se dieron esta ley si no que la acataron, cosa excepcional en esta América nuestra plagada de caudillos. 

Así, estos patricios nos legaron no solamente forma, si no sustancia, esencia.  Igualmente, fue la delegación diplomática cubana la que en 1948 propuso en las Naciones Unidas el primer borrador de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Es por esta naturaleza eminentemente espiritual de la cubanidad que ella no le pertenece a ningún grupo o clase por específico, sino que la compartimos como honroso patrimonio todos los cubanos, los nacidos y los aun por nacer.  De manera muy especial, es copartícipe de esa cubanidad el pueblo dominicano, con el cual hemos compartidos los rigores de las luchas por la democracia y el derecho, y con el cual hemos intercambiado momentos de exilio y de santuario.

Nuestro Apóstol, José Martí, quien en Montecristi, en suelo dominicano, firmó junto al Generalisimo Máximo Gómez, el manifiesto que resume hasta nuestros días las mayores aspiraciones éticas de nuestra identidad política, dijo: “de los derechos y opiniones de sus hijos todos está hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos”.

Es chocante por tanto, que en su reciente visita al Listín Diario, el embajador Carlos Jesús de la Nuez, quien representa a los intereses del Régimen castrista en la República Dominicana, cuestione mi derecho esencial como cubano a opinar sobre los asuntos de la patria a la que le he dedicado la vida.  Tan extranjero es él en Dominicana como lo soy yo.  Todo ser humano tiene derechos inherentes, prominente entre ellos, el de la libre expresión.  La intolerancia mostrada por el Régimen que representa el Embajador hacia mis declaraciones se traduce dentro y fuera de Cuba en ataques y golpizas, y dentro de Cuba llegan al extremo de detenciones arbitrarias, prisión y ejecuciones.

El Dr. Eduardo Cardet, por ejemplo, preso de conciencia reconocido por Amnistía Internacional, fue golpeado salvajemente y está actualmente cumpliendo tres años de prisión simple y sencillamente por expresar su opinión sobre el estado de cosas en su país.  Imagínense un sistema donde una crítica al gobierno sea verbal, escrita o artística, le cueste a uno su libertad.

Habla el Señor Embajador de un “proceso democrático constitucional” en Cuba, y se molesta cuando yo me refiero a ese proceso como un panfleto.  Con el mayor respeto hacia su persona, yo le recuerdo al Embajador que en Cuba sólo es permitido un partido, el comunista, que los votantes cubanos solo pueden ratificar a un candidato, autorizado por este partido, para cada puesto público.  El ciudadano cubano no puede ni postularse ni elegir libremente.  Yo le digo que este “proceso constitucional” se ha hecho sin una prensa independiente en la cual se viertan las más amplias opiniones sobre los temas urgentes que afectan el bienestar de la patria, se ha hecho sin la libertad de organizar sindicatos y agrupaciones reales,

independientes del estado, y con cubanos presos, como el Dr. Eduardo Cardet, por sencillamente expresar libremente sus opiniones sobre el estado de cosas en el país.

Más aun, se ha llevado a cabo este proceso con el constante recordatorio oficialista a la población de que el Partido Comunista está por encima de la Constitución.  Le faltaría yo el respeto a la rica tradición jurídica y constitucional de derecho de mi nación, y a las mismas normas del derecho universal, si clasificara este “proceso constitucional” de legítimo y a este panfleto como constitución.

Igualmente, constituye un juego de palabras “dialéctico”, afirmar, como lo hace el Embajador, de que en Cuba existe un empresariado autónomo.  En Cuba, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) reconoce un listado de actividades autorizada para el trabajo privado o por cuenta propia.  Los cubanos piden permiso de licencia basados en esta lista, licencia la cual es revocable, tal y como ocurrió este pasado agosto cuando licencias y categoría generales de las mismas fueron eliminadas de pronto, sin posibilidad alguna de apelación efectiva por los afectados. 

De manera similar ocurre con los artistas.  Uno de los primeros actos presidenciales de Díaz Canel ha sido firmar el decreto 349 para legalizar la persecución de los artistas en Cuba.  Esta norma estalinista castiga a creadores y permite registros de hogares en busca de libros u obras de arte que el Régimen considere ofensivos. 

Cuba puede salir de la crisis en la que se encuentra.  Se necesita del esfuerzo unido de todos los cubanos.  Se necesita libertad y derecho para que nuestro pueblo dentro y fuera de la Isla pueda desplegar plenamente todo su considerable talento en beneficio de la patria.  Reitero que Díaz Canel tiene en sus manos decidir si va a ser la extensión de un régimen ideológica y materialmente agotado, o puede propiciar una verdadera transición al estado de derecho, a las elecciones libres multipartidistas, a la reconciliación de los cubanos sin odios ni venganzas. 

Eso pasa por el reconocimiento por parte de él, y del aparato de poder en Cuba, que tienen que acordar esa transición con un exilio cubano influyente,  que ha mantenido su amor a la libertad de Cuba contra viento y marea, y con la resistencia que incansablemente, dentro de la Isla, mantiene su oposición su denuncia, como hacen las Damas de Blanco, sobre la falta de libertades.  Por cada paso que den los actuales dirigentes en Cuba, a cualquier nivel, hacia la libertad, las fuerzas democráticas del país darán tres pasos hacia ellos.

Por último, invito al Embajador a citarnos allá en Montecristi, en ese pedazo de territorio dominicano  sagrado para la cubanidad, para debatir cívicamente el presente y futuro de Cuba.  Por ahí, con reconocer que la cubanidad es de todos y no de nadie en específico, se comienza con los verdaderos cambios.

 

 


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