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La República lunes, 15 de octubre de 2018

Ocupación de espacios públicos

El desorden vial trastorna la vida en sector Miraflores

  • El desorden vial trastorna la vida en sector Miraflores

    Contra la ley. El desorden del tráfico en Miraflores está registrado en esta gráfica. Una patana se adueña de un estrecho carril de la calle Paseo de los Periodistas, en el lateral derecho una línea de vehículos estacionados y en el centro de la vía apenas un estrecho margen para la circulación. Sobre la acera derecha hay vendedores, por donde deben moverse los ciudadanos.

  • El desorden vial trastorna la vida en sector Miraflores
  • El desorden vial trastorna la vida en sector Miraflores
Guillermo Pérez
Santo Domingo

Sábado 13 de octubre, con su amanecer de nubes pardas y amenazas de lluvia,   marcha en su día apuntando hacia un montón de trances. Sobre  cuatro calles laterales y espacios de aceras del antes imperturbable ensanche Miraflores empezaron a caer los anaqueles, toldos mugrientos, mesas, sillas plásticas, carritos de bebés y parasoles contra sol y agua.

Hombres y mujeres, apresurados y jadeantes, descargaban aquí lo requerido para otra jornada de sus negocios perturbadores del día: venta de ropa, carteras, calzados, sombreros, comida sin cocción adecuada y jugos manipulados a mano, víveres y carnes extraídas de fundas negras, todo a la intemperie, listos para la venta e ingestión, expuestos a los gases letales que segrega el humo de la combustión de vehículos.

La situación en las calles Paseo de los Aviadores, Mayor E. Valverde, Juan Enrique Dunant y Paseo de los Periodistas,  está tocando fondo, en una inversión hacia el desorden, porque de su otrora aspecto sereno y descomprimido en tránsito y bulla, un vecindario tranquilo, espacios públicos limpios y tráfico modesto, ahora presenta un cambio tan brusco que ha roto emociones humanas y creado un trastorno vial que desconcierta a sus vecinos.

Con la inauguración de una universidad en el sector, la invasión de los espacios de calles y aceras empezó a crecer de inmediato. El vecindario previó los efectos de lo que se aproximaba y empezó a encender la alarma. Pero nadie hacía caso.

Primero apareció el problema de las guaguas, cuyos conductores, flamantes infractores de leyes y reglamentos, vieron con placer la apertura de nuevas rutas, sin tener que buscar permisos ni hacer caso a la autoridad.

Y como la presencia de estudiantes enciende la luz para los negocios  de comida, el nuevo centro de estudios abrió el apetito y seguido aparecieron por ahí anafes y calderos, estufas y tanquecitos de gas licuado colocados sobre aceras, pasando a la preparación de frituras, empanadas, quipes, maíz salcochado, chicharrón de cerdo, agua de coco, jugos, pizza,  sandwiches y espaguetis con frito, guineo o yuca.  

Mientras todo esto ocurría, ninguna autoridad puso atención al problema, que al empezar a causar sus primeras molestias a los ciudadanos se desató una ola de denuncias. La Autoridad Metropolitana de Transporte (Amet) intervino con operativos de poca firmeza y duración, volviendo el problema a su punto de inicio.

Nada ha cambiado y los esfuerzos que, por un lado, hacen las instancias superiores del Gobierno por solucionar el problema vial, se desploma, en parte, por la indiferencia y falta de seguimiento a un asunto de tanta trascendencia para el orden y la dinámica social y económica de la ciudad.  

Todo esto ha dejado una carrera de obstáculos en el área y estas tres vías de Miraflores, donde más se refleja el problema, simplemente se tornan intransitables, con más rigor si hay función de clases.

Todo el carril contiguo a la universidad, en la Paseo de los Periodistas, frente al liceo Unión Panamericana, con capacidad para una hilera de 16 vehículos, ha sido convertido en aparcamiento, por lo que las unidades que suben y bajan por esa vía solo tienen una corredera. El lío y molestias que genera esa situación entre choferes y ciudadanos, indignados por estos estorbos, es evidente.

Gente que no puede usar las aceras, ocupadas por vendedores; un escaparate grande repleto de comida, en plena vía, en la calle Mayor E. Valverde, en dirección oeste-este, y guaguas del transporte obstaculizando ese mismo carril hasta alcanzar la esquina con la Paseo de los Periodistas; personas cruzando de una acera a otra dando saltos; basura, recipientes plásticos y de metal sobre mesas grasientas,  forman a diario allí un ambiente molesto e indeseable.

Para hacer un giro en una esquina, para circular por una de las tres calles, hay que tomar precauciones. Los agentes de la Amet que “vigilan” esas vías no actúan ante este desorden. Imágenes muestran a una patrulla parada al lado de un carro estacionado en la “punta“ de una esquina, violando la ley,  mientras su compañero hace filas detrás de estudiantes para comprar jugo y empanadas que tres hombres venden en el patio de vivienda, cerca de un acera.

Los vendedores, igual como ocurre en muchas partes de la ciudad, han invadido varios metros lineales de carriles de estas tres calles, con mesas, sillas, puestos, mostradores, toldos y vehículos, entre estos un buen número de haitianos, dejan espacios muy estrechos para los peatones, y en algunos casos están bloqueados. Estos negocios, con puestos anclados al suelo que taponan el giro autorizado de vehículos, están afectando la vía pública y la vialidad y espacios de dominio público y uso común.  

Esta situación de desorden afecta a ciudadanos que viajan en vehículos y a vecinos del sector, agravando sus estados de ánimo, sumándose esto a condiciones de estrés por situaciones personales que, en muchos casos, ha llegado a desencadenar agresiones verbales y hasta físicas.

El cruce de agentes de la Amet en motocicletas, a través de estas vías, no tiene el más mínimo efecto. Su presencia en estas vías no tiene sentido, porque el desorden y las infracciones están cada día más cerca de ellos, y no pasa nada.  

Esta semana, la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT) inició un levantamiento de los vehículos utilizados por vendedores ambulantes que “estrangulan” algunas avenidas y calles laterales del Gran Santo Domingo, provocando taponamientos.

Estos serán notificados de la situación, al ser un caso velatorio de la Ley 63-17 sobre Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial.