La República

LA BIBLIOTECA, EL TESORO MÁS PRECIADO DE JOAQUÍN BALAGUER

Balaguer: a pesar de su ceguera, nunca perdió el hábito de la lectura

Los fenecidos expresidentes de la República, doctor Joaquín Balaguer y profesor Juan Bosch, aunque rivales políticos por largo tiempo, tenían en común el interés por la lectura y la escritura de obras literarias e históricas. Bosch falleció el 1° de noviembre de 2001 y Balaguer el 14 de julio de 2002.

Como cada día en la vida de un apasionado por el conocimiento, Joaquín Balaguer llevó su cuerpo hasta su biblioteca, el tesoro personal, y como si quisiera en sus oscuras pupilas volver a recrear la imagen de aquel imperio de hojas y tintas, se quedó petrificado próximo a las escaleras tipo caracol.

En la soledad con sus libros, sintió la presencia de otra persona hurgando entre los estantes, a la que esperó reconocer por la voz. Y de repente la escuchó:

-Doctor, usted parece comunista. Fue el comentario que salió como un disparo de pólvora mansa de los labios de Xiomara Herrera, una jovencita entonces que trabajaba, y aún lo hace, en labores secretariales en la casa del agudo político y hombre de letras.

-¿Por qué lo dices?, respondió Balaguer.

-Veo que usted tiene muchos libros de Leninó, comentó Xiomara.

-Tú eres muy curiosa. Así le respondió el doctor Balaguer, quien como cultivador del intelecto desde la niñez, abrevó en los más conspicuos pensadores clásicos y contemporáneos.

Las obras completas de 22 tomos, escritas por el fundador del primer Estado socialista del mundo, constituyen una de las joyas que aún permanecen en su hemeroteca, que sus discípulos guardan con celo en el segundo piso, codificada y protegida de la polilla y los rigores del tiempo en la fundación que lleva su nombre.

A pesar de haberse desprendido de la principal cuando la donó a la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, el autor de “La Palabra Encadenada”, tuvo tiempo para erigir otra, pues los librosó a contra pelo de la “sombra en sus ojos”, fueron la segunda razón de su existencia.

Su pasión por el conocimiento explica que haya nacido y vivido hasta ver languidecer sus energías entre ellos. En una de sus obras en versos, “La Venda Transparente”, dedicó un poema a su biblioteca:

Rafael Bello Andino y Xiomara Herrera permiten que me acerque al tesoro más preciado que permanece en sus habitaciones. Lo primero que encuentro es con “Los Días Chilenos de Juan Bosch”, de Luis Alberto Mansilla; “Cuentos Más que Cuentos de Juan Bosch”; el “Diccionario de la Revolución Francesa”, del venezolano Arturo Uslar Prieti; “Historia Social de Inglaterra”, de George Macauly Trevelyan; luego, “Historia de la Literatura Griega” y “Clásicos Castellanos”. De la vida del español Hernán Cortés, el conquistador de México, reposa un grueso tomo, escrito por Salvador de Madariaga, otro español, de profesión ingeniero que terminó sus días como crítico literario.

Varias ediciones de “Don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes Saavedra; “Historia de Haití”, de Thomas Madiou; “Cuadernos Dominicanos de Cultura”, de Lupo Hernández Rueda; hallé la edición de 1970 “De Cristóbal Colón a Fidel Castro, el Caribe Frontera Imperial”, de Juan Bosch; “Viaje Al Paraíso”, de Miguel de Cervantes Saavedra; “Una Tragedia y una Comedia” y las obras completas del poeta Fabio Fiallo.

Engalanan los estantes, libros de Samuel Hazard, Marcelino Menéndez Pelayo, uno de sus favoritos, de Ernesto Sábato, Herlin Franco Lantoni, Manuel Rodríguez Objío; de José Martí, las obras completas, Honoré de Balzac y una “Historia de España”, escrita por J. Vicens Vives. Aparecen otros autores como Octavio Paz, Robert Payne; un enjundioso estudio de Francisco Franco y “Confieso que He Vivido”, de Pablo Neruda.

Quedé con la curiosidad de seguir otros días sumergido en los libros de Balaguer al ver tantos títulos extraños, que ya no aparecen en las librerías dominicanas, con la particularidad de que muchos de estos ejemplares fueron comprados por el escritor y político en sus estadías en el exterior cumpliendo funciones diplomáticas.

Un hombre ilustrado por el derecho, la literatura y la historia como el fenecido líder político, que se mantuvo informado de la más actual de la bibliografía, tiene en sus estantes “La Crisis del Capitalismo Global”, de George Soros, el magnate de las finanzas vinculado a la quiebra del Banco de Inglaterra. Encuentro“Memorias de Esperanza”, de Charles de Gaulle y la “Antología de la Poesía Dominicana”, de Vicente Llorens.

Las letras, desde muy niño le cautivaron todo el tiempo, pero la política le arrastró con la fuerza de un volcán, como solo puede hacerlo esa actividad con los seres que tienen un propósito. En ella contó con innumerables colaboradores, casi desde el principio.

Rafael Bello andino leal y discreto servidor Cuando apenas tenía 19 años, Rafael Bello Andino laboraba en el Banco Agrícola de la República Dominicana, ubicado entonces en el Hostal Nicolás de Ovando, en la zona Colonial; era auxiliar contable, en el año 1955, cuando las riendas del poder estaban en manos de Trujillo.

Se presentó, un año después, una vacante en la secretaría de la Presidencia, donde Bello Andino pasó a tomar notas en su condición de taquígrafo, junto a otros, para el secretario Joaquín Balaguer.

“En muchas ocasiones tomaba apuntes al propio Trujillo. Recuerdo el día que lo asesinaron, se pasó la mañana y la tarde despachando en el Palacio. Iría en la tarde a visitar familiares y creo que a la Base Aérea de San Isidro”, me comentó Bello Andino en un hablar del quien no tiene prisa. El parece que nunca la ha tenido.

“Poco después de la cinco de la tarde”-dice Bello Andino- “yo venía del ala oeste del Palacio, Trujillo iba de su despacho y nos cruzamos en el vestíbulo, nos detuvimos y le presenté unos documentos que tenía que revisar...los tocó y retiró la mano; los veo mañana”, contó Bello Andino que dijo Trujillo, midiendo el valor de cada una de sus palabras.

Bello Andino se retiró a su hogar. Se entera en la mañana del 31 de mayo cuando llega al Palacio sobre la noticia de la muerte de Trujillo. En la Casa de Gobierno, las puertas estaban cerradas, pero un militar que lo había visto despachando con Balaguer y conversar con el tirano, le dejó entrar. Fue al despacho del vicepresidente, Joaquín Balaguer, y asustado preguntó:

-¿Qué es lo que pasa jefe?.

-Asesinaron a Trujilloó, fue la respuesta lacónica de Balaguer.

El propio vicepresidente dictó el decreto que declaró nueve días de duelo, pues ni el Consultor Jurídico, ni ningún otro funcionario, tuvo acceso al Palacio Presidencial. En lo adelante, y hasta el día de la muerte de Balaguer, el 14 de julio de 2002, Bello Andino nunca se separó del hombre que hizo del ejercicio del poder su misión principal.

-Don Rafael, qué es lo que usted más recuerda del doctor Joaquín Balaguer.

“Estábamos en Boston cuando le iban a operar de los ojos. Respondiendo a una inquietud de los médicos respecto a la relación entre nosotros, dijo que yo era como un hijo suyo”. Esa amistad se extendió por 46 años, de los cuales más de 22 pasaron en el ejercicio del poder.

-¿Qué significaba Balaguer para Bello Andino?. Piensa antes de responder y comienza a soltar ideas, como si se tratase de un gotero.

-Nunca hice por mi papá lo que por el doctor Balaguer, con quien permanecí más tiempo que con mi progenitor.

El doctor Joaquín Balaguer hizo historia con su portentosa retentiva. Cuando su visión quedó inútil, los discursos- no importa el escenario y la extensión- los hacía de memoria con detalles muy menudos.

Al encontrarse en Caracas, Venezuela, en asuntos de salud, en 1982, Balaguer tenía que hacerle referencia al expresidente Rafael Caldera sobre un tema que él sabía estaban en dos libros de su biblioteca. Balaguer pidió a Bello Andino tomar un vuelo para que los retirara de un estante, ubicado a mano derecha en el segundo piso, al subir las escaleras.

No fue necesario hacer el viaje, pero cuando Bello Andino retornó con Balaguer de Caracas, fue al sitio que le había señalado para verificar, y ahí estaban los dos tomos esperando por su dueño.

A los 17 años, el joven Balaguer Ricardo comenzó a trabajar en el periódico La Información de Santiago como editor de la página literaria, donde desde esa temprana edad demostró sus conocimientos literarios. En las páginas del diario santiaguero, Balaguer hacía publicar colaboraciones de nóveles escritores, tanto dominicanos como extranjeros.

Cuando cumplió los 22 años fue designado director interino de La Información, cargo en el que tuvo un buen desempeño.

En sus gobiernos se crearon premios literarios y de periodismo, al tiempo que se ejecutó un amplio programa de edificaciones para albergar galerías de artes, museos, bibliotecas, teatros, plazas culturales como la que edificó en la avenida Máximo Gómez donde está ubicado el Teatro Nacional, la Biblioteca Pedro Henríquez Ureña, el museo de Historia y Geografía, entre otras plantas físicas, que resaltan el arte y la cultura dominicanas.

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