La República

SERIE ESPECIAL (3)

Geriátricos privados: una opción que cuesta

La permanencia de un envejeciente oscila entre RD$35,000 y RD$60,000 al mes, sin incluir medicinas, gastos médicos y alimentación especial.

El número exacto de centros geriátricos privados que hay en el país, no se sabe. El Consejo Nacional para la Persona Envejeciente (Conape) no tiene registro de la cantidad, pero la ocupación entre los más conocidos es alta, reflejando la necesidad de respuesta que tiene la población de mayores ingresos en ese sentido.

Contrario a lo que ocurre en los hogares estatales, donde el olvido es frecuente, aquí la familia asume un papel protagónico, no solo en la cobertura económica del espacio que ocupa y los cuidados que recibe en la residencia, que puede rondar entre los RD$35,000 y RD$60,000 mensuales, más los de alimentación especial, médicos especialistas y medicamentos, sino en lo concerniente al frecuente contacto y visitas.

Estas residencias cuentan con personal especializado para su atención, habitaciones de una, dos y tres camas, para ajustar la acogida a la disponibilidad del familiar.

Muchos de los envejecientes que hacen vida en estos hogares cuentan con pensiones económicas, algunos de ellos tras haber laborado por años en Estados Unidos o porque provienen de familias de clase social media alta o alta.

En estas residencias reciben cuidados de enfermería, alimentación, lavandería, aseo personal, cuidado de uñas y pies. La familia tiene la responsabilidad del gasto médico cuando se requiera la visita de un especialista, proteínas u otros suplementos nutritivos especiales, traslados en ambulancias e internamiento en centros de salud.

Cada envejeciente tiene su propia opción de espacio y el ambiente se adecúa a su interés.

Una muestra de ello, es la Residencia Geriátrica Dominicana, ubicada en el sector Los Cacicazgos, del Distrito Nacional, donde por lo general se hospedan entre 18 y 20 adultas mayores. Tiene once años de servicio, surgiendo como una iniciativa de la doctora Ysabel Menual, que quiso ayudar a una amiga que regresaba al país, luego de haber probado suerte, sin mucho éxito, en Estados Unidos. “Como a ella le gustaba cuidar envejecientes, pensé en abrir un hogar, que inició con una sola dama”. Desde entonces la ocupación del centro se ha mantenido siempre entre el 80 y 90%”, señala.

La demanda de esos servicios es alta en el país, asegura Mayra Espinal, encargada de la Residencia Geriátrica Dominicana. Entiende que los requerimientos de esos servicios continuarán incrementándose dados los cambios en los estilos de vida de las nuevas generaciones.

La capacidad de la residencia es de 20 adultos mayores con posibilidad de expansión. Llegan allí por recomendaciones familiares.

“Aquí reciben cuidados de enfermería las 24 horas, atenciones personalizadas de alimentación, lavandería, arreglo de manos y pies, todo lo vinculado a su cuidado y administración de medicamentos en las horas indicadas”, explica.

Además del hospedaje y cuidados, la familia cubre los gastos de medicamentos, alimentos especiales como proteínas en caso que lo requieren, médicos especialistas, gastos personales, internamiento y traslados a centros de salud, si requiere.

Evaluación Los ingresados reciben una evaluación de un médico geriatra y se les practican todas las analíticas para conocer el estado de salud.

Asegura que todos los familiares son muy responsables y están muy atentos a sus envejecientes. “Los envejecientes con Alzheimer, aunque no conocen a las personas, hacen costumbres, saben la hora en que los visitan. Aquí tenemos una señora que su hijo viene a diario de una a tres de la tarde, pero ayer cuando vio la tres de la tarde y no llegó, empezó a sonar la puerta, el hijo vino como a las 5:00 y le dije que no podía variar, porque su mamá había hecho costumbre”, explica.

Por lo general a esos hogares los adultos mayores son llevados por los hijos o por los sobrinos, cuando no tienen hijos. “Lo mejor que le puede pasar a un envejecerte es que lo traigan a una institución de esta naturaleza, porque van a estar cuidados y protegidos, ya que solos en una casa con un servicio doméstico no tienen ningún tipo de protección ni vigilancia”, afirma Espinal, quien está al frente de la residencia desde su fundación.

El personal a contratarse es evaluado sobre todo en lo referente a su vocación de cuidar ancianos, porque debe gustarle ese trabajo.

Cuidadora Fausta Amésquita es cuidadora en el Residencia Geriátrica Dominicana, donde tiene 10 años. Heredó la vocación de cuidar ancianos de su madre, que hacía esa labor social en la congregación religiosa a la que pertenecía, donde su apostolado era cuidar “viejitos” sin familiares. Entiende que para trabajar con envejecientes lo primero que debe existir en el corazón de la persona es Dios, amor y vocación, porque la labor es compleja.

Dice que a su llegada al hogar, por lo general extrañan la casa familiar, por lo que en las residencias u hogares geriátricos se les debe hacer sentir como si estuvieran en sus casas. “Siempre terminan adaptándose, pero al principio les cuesta”, precisó.

“Es un manejo sutil, tratarlos con la delicadeza y cuidado de un niño, pero respetando sus ideas”.

Entiende que el cariño de la familia es parte de su medicina diaria, por lo que no debe haber un desapego.

(+) UNA DEMANDA EN CRECIMIENTO Una vejez más llevadera: La doctora Isabel Menual, fundadora de la Residencia Geriátrica Dominicana, entiende que en esos hogares se comparten los afectos con personas de su misma edad, lo que hace bien.

Ve necesidad de hogares de esta naturaleza, porque la vocación de servir a los padres ancianos, la modernidad, la falta de valores y los compromisos profesionales, hacen que cada vez los envecientes se queden más solos.

“Aquí tenemos muchos que pueden pagar para tenerlos en sus casas, pero la vigilancia y la seguridad de un cuidado adecuado, complica, además de que un adulto mayor desgasta mucho al familiar”.

Dice no creer que el gobierno esté en capacidad de dar respuesta a la creciente población de envejecientes, por lo que se tendrá que buscar alternativas como esas.

Entiende que hay que crear conciencia, porque muchos consideran que con llevarlos al hogar se está tirando al envejeciente, pero es lo contrario.

Hogar COBERTURA Reciben cuidados de enfermería 24 horas, atenciones personalizadas, alimentación, lavandería, arreglo de manos y pies, cuidado y administración de medicamentos en las horas indicadas.

VIDA ACTIVA En sus 90 años de vida, la señorita Emilia no recuerda un día en que haya descuidado su aspecto físico. Desde que se levanta en la habitación privada que ocupa en la residencia geriátrica, se asea, se viste elegantemente, usa con frecuencia bufandas, y casi siempre se pone maquillaje.

Luego emplea su tiempo tejiendo o bordando, porque le gusta mantenerse activa. Esa actitud, cuenta, la aprendió de las monjas con quienes se crío, tras haber quedado huérfana a los tres años.

Nunca se casó, vivió en Estados Unidos donde trabajó por años, por lo que actualmente recibe una pensión. Dice que la fe que siempre ha tenido nunca le ha permitido sentirse sola ni triste, porque aprendió a ver los encantos que tiene cada edad.

“Me pongo a tejer, a bordar paños, y aprovecho el tiempo. “Yo soy una persona vieja, pero Dios me mantiene así, porque soy una mujer de mucha fe”. Tiene dos años viviendo en la residencia, donde dice que la atienden muy bien, “aguantan mucho y Dios es tan bondadoso que mire donde me tiene, al final de mi vida”, y muestra el espacio.

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