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La República miércoles, 13 de febrero de 2013

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Los tres cementerios que tiene Baní se quedaron sin espacio

SÓLO SEPULTAN LOS CADÁVERES DE FAMILIAS QUE POSEEN NICHOS

  • Los tres cementerios que tiene Baní se quedaron sin espacio

    Realidad. El descuido se observa en los cementerios de Baní, donde actualmente no hay espacios suficientes para enterrar a las personas que fallecen.

José Dicén
Baní

La ciudad de Baní se ha quedado sin cementerios en dónde sepultar a sus difuntos, ya que los tres que posee en la actualidad están repletos de tumbas, donde no cabe una más, según explican los administradores de estos lugares de enterramiento.

Aquí, en la última morada de los mortales de esta tierra, solo se están sepultando los cadáveres de familias que tienen nichos con otros difuntos sepultos o los que tienen tumbas ya preparadas hace varios años esperando el día final, así como los que lograron comprar a tiempo su “pedazo de tierra”, de lo contrario nadie tiene donde llevar sus muertos en esta ciudad, porque en los camposantos no queda disponible para nuevos sepulcros ni un metro de tierra.

El segundo camposanto que ha tenido esta ciudad, en toda su historia, el famoso “Cementerio Viejo”, construido en 1835, se llenó hace más de 50 años, mientras el cementerio del kilómetro 2, en Escondido, construido en 1963, está repleto desde hace unos 22 años, precisa Ramón Aguasvivas, quien lleva aquí 50 años construyendo nichos y tumbas.

Y el de más reciente construcción, en 1994, localizado en la zona norte de la ciudad, conocido como el cementerio del Fundo, “ya no cabe un nicho más” desde hace un par de años, asegura Ramón Benito Calderón, su administrador por tres lustros.

Los planes del cabildo
Desde hace unos tres años, el Ayuntamiento local busca fórmulas para resolver esta dificultad, explica Enrique Peguero (Kike), arquitecto encargado de la oficina de Planeamiento Urbano de la alcaldía banileja, donde se contempla ampliar el cementerio del Fundo y por otro lado aprovechar algunos espacios en el muro interior frontal del camposanto del 2, en Escondido, con la creación de cámaras fúnebres adosadas a la pared, ya que este no tiene terrenos exteriores hacia donde expandirse.

El arquitecto Peguero detalla los planes del cabildo con relación a la urgente ampliación del cementerio del Fundo, donde se contempla no solo su extensión en el área de enterramientos, sino además la construcción de un espacioso parqueo, así como de un local multiuso que servirá de capilla y de funeraria, en la que puedan velarse hasta tres cadáveres a la vez, y también que le sirva al sector como centro comunal, en otras facilidades.

En la zona rural 
Pero la falta de espacios para enterrar sus muertos no es solo de la ciudad banileja, sino que de esta situación padecen los campos vecinos, como Cañafístol, de donde han tenido que traer sus difuntos “a enterrarlos al pueblo” en muchas ocasiones. Confronta problemas El Llano, que ya tienen localizados sus terrenos para un nuevo cementerio, así como Boca Canasta y Villa Sombrero, que son las comunidades rurales de mayor crecimiento poblacional de las últimas décadas en este municipio.

Las estadísticas indican que estos cementerios se están llenando de muertos y tumbas en periodos de entre 15 y 18 años, lo que se ha convertido en un dolor de cabeza para las autoridades edilicias que  deben dar respuesta a esta necesidad, en tiempos donde lo que menos abunda es la tierra para hacer camposantos, y en una seria preocupación para los deudos que obligatoriamente tienen que enterrar sus muertos después del velatorio.

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CEMENTERIO VIEJO DE  LA CIUDAD DESCUIDADO

En el Cementerio Viejo, donde están sepultados los restos mortales de los fundadores del municipio y de decenas de héroes banilejos de las guerras de Independencia y de la Restauración de la República, el hedor a materias fecales y orines es el recibimiento que se le da al visitante, pues este lugar se ha convertido en guarida de indigentes y delincuentes, según denuncian las juntas de vecinos de los barrios circundantes.

Además del hedor que golpea el rostro desde que se asoma a la entrada, el descuido se percibe allí en las tumbas y nichos sepultados bajo la hierba, basura, chatarras y enredaderas interminables de colarillo.