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HOMILÍA

Nadie está dispensado de la responsabilidad de evangelizar

EL TEXTO QUE HOY SE PUBLICA ES EL DE LA HOMILÍA PRONUNCIADA EL PASADO 25 DE ENERO

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Nicolás de Jesús Cardenal López R.Santo Domingo

SANTO DOMINGO.- La Iglesia celebra hoy 25 de enero la fiesta de la Conversión de San Pablo. Como sabemos, el Papa Benedicto XVI dispuso que, a partir del 29 de junio del 2008 al 29 de junio del 2009, se dedicase ese año a conmemorar el bimilenio del nacimiento del gran apóstol, que si bien no fue miembro del grupo de los discípulos de Jesús cuando el Maestro de Galilea recorría aquellas comarcas, fue llamado más tarde, vocación a la que correspondió con prontitud, diligencia y total generosidad a pesar de los graves inconvenientes que su conversión al cristianismo había de proporcionarle.

El mismo nos cuenta el conmovedor episodio de su conversión como hemos escuchado en la primera lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles, cuyo autor es San Lucas.

Pablo se encontraba en pleno furor anticristiano, decidido en su condición de fariseo, a acabar con los seguidores de Jesús de Nazaret, cuya presencia y rápido crecimiento amenazaba con debilitar por lo menos las tradiciones que él y sus congéneres tan celosamente defendían.

Fue ese el momento escogido por Jesús para encontrarse con él en las puertas de Damasco, la capital de Siria, donde él debía apresar a los cristianos y llevarlos a Jerusalén para castigarlos.

Estando, “pues, cerca ya de Damasco, a eso del mediodía, de repente me envolvió una gran luz venida del cielo; caí por tierra y oí una voz que me decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?. Yo le respondí: “Señor, ¿quién eres tú?.

El me respondió: “Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persiguesÖ Entonces yo le dije: ¿Qué debo hacer, Señor?.

El me contestó: “Levántate, y llega a Damasco; allá te dirán todo lo que tienes que hacer”.

Efectivamente lo condujeron a la ciudad y allí, “Ananías, varón piadoso y observante de la Ley, muy respetado por todos los judíos que vivían en Damasco, fue a verme, se me acercó y me dijo: Saulo, hermano, recobra la vistaÖ y añadió: “El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conocieras su voluntad, vieras al Justo y escucharas sus palabras, porque vas a ser testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oídoÖ Levántate, recibe el bautismo, que por invocación de su nombre lavará tus pecados”.

Así narra San Lucas este conmovedor momento que marcó un cambio radical en las convicciones religiosas de Saulo y sobre todo en su estilo de vida, porque de ser el más temido perseguidor de los cristianos, que había presenciado la muerte del primer mártir, el diácono San Esteban, pasó a ser el gran evangelizador de sus hermanos judíos y luego del mundo pagano o como se decía entonces de los gentiles, las gentes en sentido general.

Esta es la fiesta que hoy celebra la Iglesia y que los Obispos de la República Dominicana hemos escogido para el lanzamiento de la Misión Continental, que fue decidida en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y que cuenta con la Bendición del Santo Padre Benedicto XVI.

La selección de esta fecha no es fortuita ni carece de sólidas razones. San Pablo es paradigma de evangelizador y nosotros, con todas las Iglesias particulares del país y de toda América Latina, emprendemos a partir de hoy la hermosa y entusiasta tarea de difundir el evangelio de Jesucristo entre todas las personas que viven en la República Dominicana. Queremos aprender de Pablo, seguir sus pasos e inspirarnos en sus profundas reflexiones y escritos para llevar a cabo esta labor.

Ustedes tienen delante el lema del año 2009 que se escogió en el Encuentro Nacional de Pastoral y también está aquí la antorcha, que por un lado es símbolo de la luz de Cristo, profetizado siglos antes como Luz de los pueblos, pero también es signo del fuego de Cristo que inflamó el corazón ardiente de Pablo, su gran Apóstol, que recorrió prácticamente toda la geografía conocida entonces, desde su Tarso natal y las diversas zonas o provincias del Asia Menor, Jerusalén, Grecia y Macedonia, las islas del mar Mediterráneo, Creta, Rodas y Malta, pasando por Sicilia y llegando finalmente a Roma la capital del imperio, donde predicó con gran celo el evangelio comenzando por aquellos a quienes encomendaron su prisión hasta el momento en que el despiadado Nerón decidió que fuera decapitado en la primera persecución desatada contra los cristianos que también tuvo como víctima al apóstol San Pedro.

La antorcha que está delante de nosotros entró al inicio de la celebración y de ella se encenderán las velas que tendremos en nuestras manos para hacer el compromiso misionero. Para esto hemos venido al Palacio de los Deportes de Santo Domingo, como hijos e hijas de esta Iglesia arquidiocesana, porque el Señor nos llama y nos pide que vayamos a evangelizar, a propagar la luz de Jesucristo entre nuestros contemporáneos.

Nadie está dispensado de esta responsabilidad porque somos conscientes de que en medio de la crisis que afecta a la humanidad, comenzando por los países que se creen grandes, incluyéndonos naturalmente a los pequeños como nación. Por eso urge una acción evangelizadora amplia, intensa y permanente que ofrezca al pueblo dominicano un proyecto de vida capaz de rescatarnos de la confusión, del desencanto y de la incertidumbre en que estamos sumidos.

Cuando leemos en los Hechos de los Apóstoles el episodio de Pentecostés nos sentimos estimulados, porque aquellos discípulos de Jesús con sus múltiples limitaciones que conocemos por los evangelios, ciertamente no estaban en condiciones de emprender la obra colosal que su Maestro Jesús les encomendaba, ir por todo el mundo a predicar el evangelio y hacer discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que el mismo Jesús les había mandado, garantizándoles además que El estaría con ellos todos los días hasta el fin del mundo.

Hace veinte siglos los apóstoles tenían frente a ellos la hostilidad de los judíos, la resistencia de los romanos y la indiferencia de los paganos. Pero el Espíritu Santo los capacitó e hizo fecundo su apostolado, dándoles sabiduría, elocuencia y valor para aceptar todos aquellos desafíos y superarlos.

Nosotros hoy tenemos una sociedad que se define como pluralista pero que debemos reconocer más bien como desordenada y con graves síntomas de anomia, es decir, del conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación.

Lamentablemente en nuestro país vivimos, como se dice en lenguaje del pueblo “como chivos sin ley” y hay que enfrentar esta vergonzosa situación comenzando por el mismo gobierno, todas las instituciones intermedias, las familias, los grupos y entidades diversas y comprometiendo a todas las personas de buena voluntad.

Para eso es necesario contar con la gracia de Dios que nunca la niega a quien se abre a ella con sencillez de corazón.

Eso es lo que pretendemos, predicar el evangelio en todas partes, organizar a nuestra gente, convocar a tantas personas de buena voluntad que no saben qué hacer en medio de este gran desorden, pero más que nada queremos orar sin desfallecer, queremos mantener una actitud de adoración permanente ante el Señor.

Tenemos fe en que Nuestro Señor Jesucristo nos ayudará, en que su Madre la Santísima la Virgen de la Altagracia intercederá por nuestra querida Nación como lo ha hecho en nuestra larga y accidentada historia.

Concluyo mis palabras con el documento de Aparecida que se hace eco de la súplica de los discípulos de Emaús: “Quédate con nosotros porque atardece y el día ya ha declinado” (Lc. 24, 29):

“Quédate con nosotros, Señor, porque en torno nuestro se van haciendo más densas las sombras y Tú eres la Luz; en nuestros corazones se insinúa la desesperanza, y Tú los haces arder con la certeza de la PascuaÖ

Quédate con nuestras familias, ilumínalas en sus dudas, sostenlas en sus dificultades, consuélalas en sus sufrimientos y en la fatiga de cada día, cuando en torno a ellas se acumulan sombras, que amenazan su unidad y su naturaleza.

Quédate, Señor, con aquellos que en nuestra sociedad son más vulnerablesÖ Con nuestros niños y con nuestros jóvenes que son la esperanza y la riqueza de nuestro Continente, protégelos de tantas insidias que atentan contra su inocencia y contra sus legítimas esperanzas.

¡Oh buen Pastor, quédate con nuestros ancianos y con nuestros enfermos!.

UNA NUEVA LLAMADA A LA EVANGELIZACIÓNLa homilía fue pronunciada por el cardenal López Rodríguez en la ceremonia de lanzamiento de la Misión Continental, que inició la iglesia dominicana el pasado domingo para cumplir con el compromiso que hicieron todos los obispos latinoaomericanos en la V Conferencia de Aparecida, de lanzar una gran misión evangelizadora en todo el continente latinoamericano y el Caribe.

En la ceremonia participaron más de 12 mil fieles, procedentes de unas de 200 parroquias de la Arquidiócesis de Santo Domingo, que comprende el Distrito Nacional y las provincias de Santo Domingo y Monte Plata, 400 sacerdotes y diáconos concelebraron con el Arzobispo López Rodríguez, quien presidió la eucaristía acompañado del obispo auxiliar Pablo Cedano.

La liturgia, celebrada el día de la conversión de San Pablo, se centró en el carisma y la entrega total del llamado “apóstol de los gentiles”, cuyo ardor misionero fue simbolizado por una gran antorcha que colocaron en un pebetero un grupo de jóvenes de la Pastoral Juvenil.

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