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FIGURA DOMINICANA

Historia completa de Consuelo Despradel: de los días felices en el Camú a la agitada vida política

Su niñez en la dictadura trujillista, los años convulsos de la UASD, donde incursiona en la corriente comunista, su paso por dos partidos tradicionales y su actual influencia en los medios de comunicación

Consuelo Despradel en su casa en mayo de 2023. La veterana comunicadora y política cuenta su historia de vida.JORGE_MARTINEZ/LISTIN DIARIO

YNMACULADA CRUZ HIERROSanto Domingo, RD

Esa mañana doña Consuelo Despradel preparaba una lasaña, mientras esperaba a uno de sus nietos para almorzar con él y con su esposo, Rafael Ortiz, a quien llama cariñosamente “Capú”, y con quien reside en su apartamento en el Distrito Nacional.

Los periodistas de Listín Diario solo hicieron pasar el umbral de la puerta y los olores de comida inundaban todo el lugar. 

Con una gran sonrisa y una amabilidad, de esas que muy pocas personas suelen practicar en estos tiempos, nos recibió la aguerrida mujer que bailó pegado al comunismo y que luego cambió al ala de la derecha sin perder sus principios ante la vida.

“Papi ven a presentarte a los periodistas” –gritó (a su modo) a su esposo, mientras nos ofrecía algo para tomar y nos presentaba con su pareja con quien lleva más de 30 años de casada.

En su hogar se respira el arte. En las paredes cuelgan numerosas obras pictóricas, todas de autores dominicanos, piezas de arte en madera y otros materiales.

Consuelo Despradel en su casa en mayo de 2023.Alli se respira arte en sus paredes.JORGE_MARTINEZ/LISTÍN DIARIO

De inmediato nos invita a su pequeña oficina, en donde se levanta antes que el sol, a trabajar a las 3:30 de la madrugada, y en donde atesora recuerdos de la época cuando soñaba con la revolución comunista, segura de poder convertir este país en una mejor nación, inquietud que aún no ha cambiado, pero ahora sin la pasión por el comunismo.

“Estoy cocinando una lasaña para mi nieto que viene a almorzar con nosotros. Tengo un secreto especial para la lasaña, que es al salsa”, revela.

Cocinar es una de sus actividades favoritas, siempre lo hace para su familia, en especial los sábados, día cuando la casa se llena de sus descendientes y disfrutan de las delicias libanesas que tiene fama de preparar.

“Quipes, repollitos rellenos, berenjenas, a mí me queda muy exquisita la comida árabe y libanesa, cultura que adquirí de la familia de mi madre”, revela.

Paradójicamente, ella no se inclinó por aprender a elaborar platos de la gastronomía dominicana. “No aprendí a cocinar habichuelas, ni locrio ni nada de eso, siempre me llamó la atención solo la comida árabe”.

Consuelo Despradel recibió en su casa a los periodistas de Listín Diario.JORGE_MARTINEZ/LISTIN DIARIO

“Chello”, como le apodaron en su familia y le llaman todos sus conocidos, es la menor de tres hermanos (Naya y Luis), hija de padre dominicano, Luis Antonio Despradel Brache, médico oriundo de La Vega y su madre, Consuelo Dájer Scheker, de ascendencia libanesa.

Su abuelo, Luis Alberto Despradel, fue un respetable profesor vegano, a quien en su honor lleva nombre Colegio Don Luis Despradel, en La Vega, fundado por William Almonte.

“Papá Luis, como les decíamos sus nietos, fue un gran profesor, todos los Despradel, tías y tíos, fueron maestros, nosotros llevamos el magisterio en la sangre”, sostiene.

Chello nació el 5 de abril de 1945, en el hospital Padre Billini. Cuando habla de su edad dice a carcajadas: “Tengo 78 para 75… Me veo muy bien por fuera, pero por dentro ya tengo mis achaques de la edad”.

UNA NIÑEZ BONITA

A pesar que ella nació en medio de la férrea dictadura que mantenía Rafael Leónidas Trujillo, Chelo, junto a otros niños de la época, crecía ajena a lo que sucedía en el ambiente político del país.

Los medios de comunicación totalmente al servicio del régimen, una absoluta prohibición de hablar en contra de Trujillo, impedían que una gran mayoría de la población estuviera al tanto de las atrocidades del sátrapa que, durante sus 30 años de dictadura, asesinaron y torturaron a decenas de personas.

Así que sin conocer lo que sucedía en su entorno, Consuelo tuvo una niñez feliz, estudiando en el colegio Luis Muñoz Rivera (de los mejores centros de estudios del país).

En vacaciones, en el verano, iba a casa de su abuelo Luis Despradel, ubicada al cruzar el puente de hierro, del río Camú en La Vega, y en donde pasó los momentos más hermosos de su niñez.

Esa inmensa casa, que tenía detrás al río Camú, bajaba todas las tardes a bañarse en el caudaloso afluente, junto a sus primos.

“Las vacaciones que más disfruté en mi vida, no se pueden comparar ni con las de Disney, fueron años realmente felices”, expresa con un rostro brillante, expresivo, invadido por la nostalgia.

A pesar de vivir en un país pobre y crecer con ciertos privilegios, que solo unos pocos, para la época tenían la suerte de adquirirlos, niega haber sido una niña rica, pero sí clase media.

“No fui una niña rica, sí clase media, vivimos bien, no voy a decir lo contrario. Mis tíos, por el lado de mi madre, son inmigrantes libaneses, pero mi abuelo vino aquí sin nada, sí trabajó y le fue muy bien. Mi padre, médico de los Despradel Brache, de La Vega, también teníamos una posición económica estable, pero no fuimos ricos, porque para ser ricos en esa época había que hacer otra cosa”, explica sobre su posición social y familiar.

Mientras crecía Consuelo disfrutaba del ambiente de los bailecitos, comer una hamburguesa, los domingos ir a los matiné del cine Olimpia.

“La vida era muy sencilla, el vestidito y los zapaticos de los domingos, unos zapaticos de diario, el uniforme, siempre planchadito, al maestro había que respetarlo, entonces fuimos una generación que creció diferente, cuando veo los de ahora me dan ganas de acostarme a dormir y no despertar jamás”, afirma.

Cuando Consuelo tenía 12 años, el novio de su hermana Naya, Carlos Miguel Rodríguez, le dijo: - Chello, ¿tú sabías que Trujillo es malo? “Eso no se me olvida, salí corriendo a contarle a mi madre, quien casi se desmaya cuando le pregunté. Así de cerrada y atemorizante era la dictadura” de Rafael Leónidas Trujillo entre 1930 y 1961.

"Fuimos una generación que creció diferente, cuando veo los de ahora me dan ganas de acostarme a dormir y no despertar jamás”.

CONSUELO DESPRADEL

Ya siendo adolescente, cambia de colegio y se gradúa de bachiller en el Santa Teresita. Allí conoce a doña Lourdes Roque, mujer anti trujillista. 

Es en esos años que Consuelo comienza a tener conciencia de lo que sucedía en la dictadura.

“Ahí me convertí en política en el tercer y cuarto año en el colegio Santa Teresita con doña Lourdes, hermana de Mienta Roque, de las grandes figuras de la educación de este país”, rememora.

LA MUERTE DE TRUJILLO

Consuelo vivió en una generación en medio de una dictadura, si saber de las atrocidades del régimen a ser parte de una familia perseguida por la dictadura cuando asesinan a Trujillo, el 31 de mayo, de 1961, pues su tía Olga Despradel, era la esposa de Pedro Livio Cedeño, uno de los valientes hombres que junto otros seis (Antonio de la Maza, Antonio Imbert Barrera, Amado García Guerrero, Salvador Estrella Sadhalá, Huáscar Tejeda Pimentel y Roberto Pastoriza) ajusticiaron al tirano y pusieron fin a la dictadura.

Teniendo 16 años, en ese entonces, aún recuerda el ruido característico del vehículo Volkswagen, conocidos como “cepillo”, del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), cuando se acercaba a su casa, en Gazcue, para arrestar a su padre, cuñado de Pedro Livio Cedeño, quien se encontraba herido en un centro de salud

“Tía Olga Despradel había llamado a mi papá para que fuera a ver a Pedro Livio, que estaba en la clínica Internacional. En ese momento histórico también se encontraba José Joaquín Puello, que es quien dice que Pedro Livio está muy mal herido y no puede ser interrogado en ese momento por los agentes del SIM, lo que es secundado por mi padre que estaba ahí presente”.

Agrega: “A mi padre lo llevan preso y a todos mis tíos los Despradel, en La Vega para ser interrogados. Gracias a Dios mi padre se salvó de ser torturado en la silla eléctrica. De repente, pasamos de vivir un acomodamiento a colocarnos en el anti trujillismo”.

En ese punto de la conversación Consuelo aclara que su familia no era opuesta al régimen trujillista y que algunos miembros de su familia trabajaban en el Estado.

“Porque después que mataron a Trujillo fueron muchos los que se engancharon a ser anti trujillistas. Yo digo la verdad, mi padre trabajó en el Salvador B. Gautier, y mi tío, Salvador Dajer Sheker, fue el primer ingeniero hidráulico de este país, que trabajó para el estado en la dictadura”.

Aprovechó para recordar que Trujillo tenía una mentalidad capitalista, “aunque todas las empresas eran de él, pero tenía una visión desarrollista. Como también es una realidad que en la escuela trujillista era mucho mejor que la porquería que tenemos ahora, funcionaba muy bien la frontera, la moneda, el banco central, la salud, la seguridad social”, gritaba con su particular y estridente voz

LA ERA DEL COMUNISMO

Cuando Consuelo del Carmen, conocida como Chello, entra a estudiar sociología en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) tiene un despertar a un nuevo mundo, a una nueva ideología, el comunismo invade su mente y su corazón.

En la escuela de sociología de la Uasd conoce a un grupo de intelectuales, quienes la acogen en el Partido Socialista Popular (PSP), entre ellos Asdrúbal Domínguez, José Israel Cuello, Orlando Martínez y Osvaldo Domínguez.

“Realmente fue como un despertar, vivía en Gazcue en una burbuja, iba al club de moda, encontrarme con la realidad de la revolución cubana de 1959, y a conocer a Carlos Marx, a Vladimir Lenin y a todos estas grandes figuras del comunismo nos van despertando la vena revolucionaria”.

En la escuela de sociología entró a formar parte del Partido Socialista Popular (PSP) y entró a formar parte de la célula George Demitrov. 

"Ese grupo maravilloso me recibió, leíamos literatura existencialista, leíamos marxismo, oíamos música clásica, éramos buenos estudiantes, fue una de las mejores épocas de mi vida hasta que vino la revolución", rememora entusiasmada.

Se alegra de y haber tenido la oportunidad de recibir las orientaciones del doctor Luis del Castillo Morales, director de la escuela, y tener como compañeros de estudio a Orlando Martínez, Carlos Dore Cabral, Osvaldo Domínguez, Dorín Cabrera, Isis Duarte, Magaly Caram, Naya Despradel, su hermana, maestra y guía en muchos aspectos de su vida.

EL 1965, UN AÑO CLAVE

En 1965 cuando inicia la guerra civil, que buscaba reinstalar al destituido gobierno del profesor Juan Bosch, derrocado en 1963 por un golpe de estado, el PSP se sumó a la guerra constitucionalista.

“Con la revolución de abril de 1965, lo dejamos todo, los estudios, nuestros proyectos y nos sumamos a la lucha. Doña Consuelo no llegó nunca a disparar un arma de fuego, a pesar de que le dieron un curso de arme y desarme con una carabina Cristóbal. 

“Yo la armaba y la desarmaba. Después me pusieron a cocinar 40 libras de arroz en un hospital, que en mi vida gris nunca había cocinado ni media libra, y después el partido me encargó cruzar los periódicos a la línea Yankee (la ocupada por los marines estadounidenses)”, manifiesta.

EL AMOR Y LA GUERRA

Es en esta misión nace el amor entre ella y el fenecido Carlos Dore, a quien ya conocía de la escuela de sociología. 

“Cuando me ponen a trabajar con Carlos en la revolución, que él estaba del otro lado de la línea, él me enamoró, yo caí y nos casamos”, recuerda con agrado.

Según Consuelo, enamorarse en medio de un ambiente bélico no tuvo nada de particular, solo porque fueron amores muy apurados. 

“Tuvimos tres hijas (Alejandra Miguelina, María Fernanda y Emilia Palmira.) y 12 años de matrimonio. Hicimos un buen matrimonio y un muy buen divorcio”, indica.

La felicidad plena de Consuelo es su familia, el compartir con ellos es lo único que le hace verdaderamente feliz, a sus hijas se suman sus siete nietos: Héctor Alejandro, Carla Victoria, Julia Daniela, Fernando de Jesús, y los trillizos, sí, trillizos, Sebastián, Manuela y Melina”

lA MUERTE DE ORLANDO MARTÍNEZ

Consuelo siempre contó con el apoyo de su familia, ella llegó a esconder en su casa a muchos de sus camaradas. Fue una época se superación personal porque tuvo el privilegio de compartir en reuniones con el poeta Pedro Mir, nutrirse de las enseñanzas de Pericles Franco y su esposa Hilda Pérez, pero también tuvo que lidiar con el dolor de la muerte de uno de sus mejores amigos, el asesinato del periodista Orlando Martínez (17 de marzo de 1975).

“Fue un momento terrible, ya era Partido Comunista Dominicano (PCD). Nosotros en la izquierda vivimos toda esa persecución. Cuando matan a Orlando hasta el día de hoy me duele”, revela aún con angustia.

Recordó que Orlando no era una persona que estaba robando ni poniendo bombas, “que lo hubo en la izquierda. Nosotros no lo hicimos, fue un partido muy intelectual”.

Historia completa de Consuelo Despradel


hacia la derecha

Los acontecimientos históricos van llevando a Consuelo por un nuevo camino, que el destino tenía marcado para ella, el Partido Reformista Social Cristiano, al que confiesa nunca perteneció y participa por una diputación, la que ganó y horas después la había perdido.

Antes, en 1972, el presidente de entonces, Joaquín Balaguer, había emitido el código agrario y el PCD tenían como posición las leyes agrarias, así que el partido terminó apoyando las políticas agrarias que implementó Balague a favor de los campesinos.

Es su hermano Luis quien la presenta con Balaguer. “Vi a Balaguer dos veces en mi vida, una vez fuimos a su casa a decirle que estábamos haciendo el comité dominicano de solidaridad internacional con Haití, porque la posición de que sea la comunidad internacional que se ocupe de Haití lo hicimos nosotros 40 años atrás, el presidente Luis Abinader lo ha planteado y lo apoyamos”.

Hasta la actualidad, Consuelo Despradel no ha vuelto a pertenecer a ningún partido, aunque fue regidora por el Partido Revolucionario Dominicano, y agradece infinitamente a Miguel Vargas y a Hipólito Mejía. 

“El PRD nunca me exigió que perteneciera a su partido y he tenido un trato de delicadeza siempre de parte de ellos”, aclara.

en los medios de comunicación

Fuera de la política, Consuelo es figura de la radio y la televisión. En 1986 entra a un canal televisivo recomendada por su amigo José Israel Cuello.

Consuelo Despradel escribía en el periódico “Hablan los Comunistas”, del cual conserva la plancha de su última tirada.JORGE_MARTINEZ/LISTÍN DIARIO

En esos años, Consuelo escribía en el periódico “Hablan los Comunistas”, del cual conserva la plancha de su última tirada. 

Inició con el doctor Julio Hazim y Machi Constat en “Revista 110”, en el último mandato de Balaguer (1986-1996). Allí se destacó con una personalidad aguerrida, de voz estridente y dispuesta a discutir con cualquiera su nacionalismo, al que muchos le tildan de rancio, su fuerte posición anti haitiana y anti neoliberal.

“Vengo de una generación que a los dominicanos, y lo dominicano había que respetarlo, como hay que respetar a los haitianos. Yo admiro el sentido de nacionalidad que tienen los haitianos, los cubanos, y entonces nosotros qué?”

Recordó la campaña sucia que se le implementó al fenecido candidato a la presidencia, por el PRD; José Francisco Peña Gómez, a quien por su color de piel se le orquestó una campaña nacionalista. 

“Nunca participé en una campaña en contra de Peña Gómez”, señala convencida.

Consuelo no alcanzó a graduarse de socióloga, pero obtuvo un título en periodismo, egresada Summa Cum Laude de la Universidad de la Tercera Edad.

Ha transitado un largo camino por la política y los medios de comunicación, desde analista en El Nuevo Diario, cuando este medio vio la luz en 1981 y del cual es fundadora, hasta llegar a ser el alma del espacio radial “El Gobierno de la Tarde”, su espacio “Tempranito con Consuelo” y actualmente esparte del staff del programa “Zol de la mañana” (Zol 106.5)

Consuelo Despradel cuando conversaba con la periodista Ynmaculada Cruz Hierro.JORGE MARTINEZ/LISTIN DIARIO

su orgullo de ser dominicana

Tiene la fama bien ganada de ser nacionalista y de abanderar una campaña en contra de la inmigración haitiana, aplaudida por muchos, pero repudiados por otros que en base a derechos humanos han defendido los derechos de los haitianos en el país.

“A mí no me molestan lo que piensen o digan de mí, porque los empresarios dominicanos son los grandes responsables de la “haitianización” del país, trayendo mano de obra, casi esclava, en detrimento del trabajo dominicano. Antes de querer a los haitianos, yo quiero a los dominicanos, y lo voy a defender hasta que muera".

En su casa doña Consuelo tiene una empleada dominicana, jamás le daría el puesto de doméstica a una haitiana mientras hayan dominicanas que necesiten el empleo. Sin embargo dice que en el edificio hay joven conserje haitiano y ella es la única que lo asiste con comida y bebida.

Consuelo es creyente de Dios, profesa la fe católica. Asiste a la iglesia, nunca falta los Viernes Santo a las ceremonias y es una fiel devota de San Miguel. A Dios se encomienda cada vez que sale de su casa a su actual mundo en el periodismo sociopolítico.

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