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Entretenimiento domingo, 30 de mayo de 2021

CINE

El cubano que hizo de Trujillo en “La fiesta del chivo”

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Luis Beiro
Especial para L2

Tomás Milián llevó la cubanía hasta en la manera de entender el surgimiento de su vocación profesional.

‘‘Cuando nací del útero de mi madre y lloré, todo el mundo pensó que había nacido un niño normal’’, me dijo como para intentar introducirme en la virtud de ese desdoblamiento que lo ha caracterizado.

Estaba consciente de que me encontraba frente a un cubano mayor, uno de los grandes actores de la historia del cine.

Llevó más de cincuenta años fuera de Cuba pero nunca perdió su identidad ni sus referencias frente a otras culturas e idiomas.

Me habló de Bola de Nieve, de Luis Carbonell de la Sonora Matancera, del Trío Matamoros y de María Teresa Vera como si no hubiera dejado de escucharlos. Mientras conversamos, no puede ocultar ese acento peculiar, inconfundible de los habaneros.

Le brillaban sus ojos mientras me intentaba reconstruir su vida. Saltaba de un tema a otro como un adolescente.

Su discurso era tan emotivo, medular e intenso, como el gesto de sus manos al moverse delante de mis ojos: Tomás Milián estaba convencido de su nacimiento y muerte en cada uno de sus personajes.

Tuvo tantas vidas como actores en su carrera. Su vida entera era una puesta en escena. Para él no había nada más importante que meter dentro de su piel a un ser con una historia que valía la pena ser contada.

Habanero de pura cepa, emigró a los Estados Unidos en 1957 y allí comienza a hacer teatro en el famoso ‘Actor’ Studio’’ de Lee Strasberg. También se integra a la saga de Broadway.

El cine llegaría poco después, cuando viaja a Italia y comienza su brillante carrera profesional.

En los momentos de esta entrevista Tomás Millán vivía en Miami Beach con su esposa de toda la vida, Margarita. Pero sus viajes a Nueva York eran frecuentes.

Allá vive su único hijo, Tomás, vinculado al mundo de la publicidad y le acaba de dar un nieto.

En su carrera de más de 45 años fue dirigido por maestros del cine.

Ha personificado a hombres de todas las calañas, tanto galanes como villanos. Mauro Bolognini, Luchino Visconti, Michelango Antonioni, Bernardo Bertolucci, Oliver Stone, Steven Spielgberg y Steven Sonebergh han elogiado su histrionismo.

En “La fiesta del Chivo” Tomás Milián interpretó a Rafael Leonidas Trujillo. Muchos consideran que la selección del director Luis Llosa para el protagonista de su filme no pudo ser mejor.

P: ¿Usted abandona Nueva York por Italia?
R: Yo era un hombre teatro en Nueva York. Fui uno de los primeros strippers masculinos del teatro americano. Allí fueron mis inicios. A Italia fui a llevar teatro. Después vino el cine. Tuve una oportunidad y la acepté.

P: ¿Cuál fue su primera película?
R: Debuté con “La notte brava” de Mauro Bolognini con guión de Paolo Passolini.

P: ¿Le hicieron otras ofertas después?
R: Al terminar ese filme regresaba a Estados Unidos pues yo no tenía ninguna intención de quedarme en Italia. Pero casi de inmediato me ofrecen la segunda película “El bello Antonio” con Marcello Mastrionani y Claudia Cardinale. En el proceso de filmación, Claudia me dijo que su novio, un famoso productor, me ofrecía un contrato por cinco años para hacer cine exclusivo en Italia.

P: ¿Y qué le ofertaba?
R: Este señor me aseguró que si me quedaba iba a trabajar con los mejores directores, que tendría dinero seguro y que al final del contrato iba a ser un actor muy famoso en todo el mundo.

P: ¿Cuántas películas hizo en Italia desde entonces?
R: Unas cien. Muchas como protagonista.

P: Usted es un mito en Italia...
R: Roma me adora. No puedes tener una idea. Y ahora más que nunca porque los que eran niños cuando yo hacía esas películas ahora han crecido y las ven en TV y en vídeo. Yo estoy muy feliz con el cariño que me tienen los romanos. Hace quince días me han incluido en la enciclopedia Treccani, la más importante del mundo.

P: ¿Qué tiempo pasó en Italia definitivamente?
R: Primero vino una primera etapa donde alterné teatro y cine, de cinco años. Después vinieron cinco años de western, después otros cinco años de cine acción y después inventé a un personaje que se llama Monneza (significa basura) con el cual hice 16 películas primero de ladrón y después de policía. Yo me escribía mis propios textos en dialecto romano porque conozco muy bien su idiosincrasia.

P: ¿Qué pudiera decirnos de su relación con Michelangelo Antonioni?
R: Yo nunca me identifiqué con el personaje, sino con el guion. Fui con él a una comida donde hablamos de muchas cosas. Él me preguntó por mis trabajos recientes. Le respondí que había hecho muchos filmes comerciales donde digo un brujón de malas palabras, de esas que a usted no le gustan. Él me respondió que las veía todas y que se divertía como un loco. Y ahí me conquistó. Antonioni me dijo que él sabía que a mí no me interesaba hacer su película pero que de todas formas me iba a enviar el guion. Cuando lo leí, me enamoré de la historia. Lo felicité y le aseguré que su historia me unía mucho al momento por el que estaba pasando desde el punto de vista emocional. Entendía que él no me quería por la caracterización del personaje sino por mi rostro de hombre inteligente y le reiteré que como actor no le servía para esa película. Pero por primera vez en mi vida iba a hacer una excepción, pero con la condición de que él, como director me tenía que indicar durante todo el rodaje qué era lo que tenía que hacer en cada caso. Me embarqué en esa historia y fue como una epifanía. No entré en el personaje, fue el guión el que entró dentro de mí. Como yo estaba completamente vacío de emociones ese texto me invadió y yo lo viví en primera persona.

P:¿Le ocurrió eso alguna otra vez?
R: No, nunca. Esa fue la primera vez que el texto completo de un guion me atravesó completamente y no me dejaba usar la emoción. A veces me conmovía y no me dejaba sacar las lágrimas de los inojos. Esta experiencia, desde el punto de vista intelectual y mi viaje a la India desde el punto de vista espiritual significaron una especie de bola redonda que me iluminó.

P:¿Ese fue su adiós a Italia?
Sí. Regresé a los Estados Unidos renunciando a un millón de dólares que me daban en Italia por cada película.

P: ¿Cuántas películas ha filmado en Santo Domingo?
R: Hasta el momento tres. Fui llamado para Washington Heighs, The Lost Citty y La fiesta del Chivo. Anteriormente había venido al país cuando Sidney Pollack filmó Havana, pero no participé en esa película.

P: ¿Qué es lo que más conoce del cine cubano?
R: He visto películas de Tomás Gutiérrez Alea como “Memorias del subdesarrollo”, “Fresa y chocolate” y “Guantanamera”. Él y yo nos conocimos en Santo Domingo en el hotel Jaragua, durante el rodaje de “Havana”.

P: ¿Qué referencias guarda usted de Cuba?
R: Nunca me ha abandonado la cubanía. En mi juventud era un fanático de la Sonora Matancera, del Trío Matamoros, María Teresa Vera con ‘‘20 años’’, Bola de Nieve, Luis Carbonell. Pero después dejé todo eso a un lado y comencé a alimentarme de cosas americanas para poder aprender el inglés. A Italia llevé un disco de Bola de Nieve que se lo presté a un director que no me lo devolvió más nunca, pues se enamoró de sus canciones.

P: ¿Cómo transcurre un día de su vida?
R: Me levanto, desayuno y miro a mi esposa que la quiero mucho. Salgo a regar las plantas del jardín antes de que salga el sol fuerte. Vivo en un edificio, pero yo he hecho todo el jardín del patio interior. Después almuerzo y entonces escribo. Llevo cinco años escribiendo mi libro de memorias. Asisto a conciertos y al teatro.