Listin Diario Logo
26 de septiembre 2020, actualizado a las 12:06 a. m.
Login | Registrate
Suscribete al Listin Diario - News Letter
Entretenimiento sábado, 08 de agosto de 2020

Una vanguardia del cine japonés

  • Una vanguardia del cine japonés

    Una lección para cuando nos llega el momento de la vejez. FUENTE EXTERNA

  • Una vanguardia del cine japonés
Rienzi Pared Pérez
Santo Domingo, RD

 Una de sus películas que es con­siderada una Obra Maestra y estrenada en el 1953, se titula “Cuentos de Tokio”. Donde nos narra la historia de dos ancianos que han vivido toda su vida en el área rural de su país y acuden a la gran ciudad de Tokio para ver a sus hijos; pero el contraste de una vi­da pueblerina con la metró­polis crea un abismo gene­racional y de desencuentro que va minando su espíritu; por lo que lo único que as­pira un padre anciano es el amor y la comprensión de sus hijos y nietos.

La película comienza cuando una pareja de avan­zada edad, deciden ir a ver a sus hijos desde Onomi­chi un pequeño pueblo ja­ponés hacia Tokio; porque uno de ellos (la madre) es­tá enferma y presiente que su muerte está muy cerca y su gran deseo es estar con sus hijos. Sin embargo, es­tos están ocupados con la agitada vida que se lleva en ciudades como Tokio, y apenas les dedican el tiem­po que sus ancianos padres necesitan. Solamente su nuera viuda Noriko (Set­suko Hara) les dedica tiem­po y se empeña en tratar de complacerlo; pero el alma noble de estos ancianos so­lamente se llena con amor y ternura de sus vástagos.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la socie­dad japonesa sufrió cam­bios estructurales y fueron asumiendo costumbres y llevando una vida más oc­cidentalizada, lo que trajo un choque de civilizaciones, con una nueva generación que ha conseguido indus­trializar una sociedad que para nuestros viejos no exis­te el tiempo suficiente para darle toda nuestra atención.

Nuestro afamado direc­tor utiliza la cámara estática para que podamos contem­plar ese momento, cuando nuestros “viejitos” están so­los, mirando hacia el hori­zonte, como una forma de poder interpretar ese silen­cio, y adentrarnos en nues­tro interior, para recordar sobre nuestros actos buenos y malos, realizando así, un pasaje de nuestras vidas. La niñez, la juventud, la adul­tez y la muerte. Es el ciclo de la vida. Es por ello, que lo único que necesitan es amor para poder partir a lo desconocido.

Esta obra es una lección a nosotros mismos cuando llega el momento de la ve­jez. Esta parte de nuestras vidas que el cuerpo se can­sa; pero el espíritu y la ma­durez vivida, podrá ser de enseñanzas para nuestros hijos y nietos. Sin embargo, hay veces que no son com­prendidos, y les dedicamos más tiempo a nuestras agi­tadas vidas, sin hacer una parada para poder saborear la sabiduría que nos rodea. Eso quiso plasmar nuestro afamado director para com­prender la esencia de la vi­da en esta etapa del ocaso.

Las actuaciones son exce­lentes por la manera pausa­da y lenta que Yasujiro Ozu quiso presentarnos. Prácti­camente hay un solo movi­miento de cámara en toda la película; para que poda­mos sentir ese silencio don­de viene a decirnos más co­sas que cualquiera pueda imaginarse. Es ese poder de la quietud donde nos permite reflexionar y com­prender todo lo que nos ro­dea; porque al fin y al cabo cuando llegamos a la vejez, aunque los hijos se olviden, siempre hay espacio de orar por ellos.

“Cuentos de Tokio” es una producción alecciona­dora entre el amor de pa­dres e hijos, lo cual se ha convertido a través del tiempo, en un ente referen­te del cine clásico japonés.

CURIOSIDADES

 Filme

El tema en la película in­cluyen la ruptura y la occidentalización de la tradicional familia japo­nesa después de la Se­gunda Guerra Mundial y la inevitable ruptura de unos niños que cre­cieron separados de sus padres.

La película tiene lugar en la Japón de la pos­guerra (1953), pocos años después del nue­vo Código Civil de 1948, que favoreció el creci­miento del país hacía ideales capitalistas oc­cidentales, a la vez, que trajo la destrucción si­multánea de tradiciones más antiguas, tales co­mo los valores de la fa­milia japonesa.

En 1953 es estrenada en Japón, sin embargo, no ganó reconocimiento y fue considerado “dema­siado japonesa” para ser comercializada. Más tar­de, en 1957, se proyec­tó en Londres y un año después, ganó la prime­ra edición de Sutherland Trophy, recibiendo elo­gios de los críticos de ci­ne de Estados Unidos, después de que se pro­yectara en la ciudad de Nueva York en 1972.

En 2012, fue elegida co­mo la mejor película de todos los tiempos en una encuesta a los directo­res de cine de la revista Sight & Sound.

Yasujiro Ozu conside­ró, “Cuentos de Tokio”, como uno de las cintas más melodramáticas de su filmografía.