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Entretenimiento jueves, 11 de julio de 2019

DESDE LA ÚLTIMA BUTACA

El proyeccionista (1 de 2)

  • El proyeccionista (1 de 2)
Luis Beiro

José María Cabral (Santo Domingo, 1988) no repite actores. Suya es la virtud de cambiar el talento de película en película. Sabe que la reiteración, al igual que la invención, subvierte. Por eso estudia a cada protagonista como si fuera parte de su propia vida; lo sigue de cerca antes de aceptarlo; chequea sus virtudes y defectos y lo llama cuando está convencido de su docilidad. Puede sacar experiencias, lo mismo de Jean Jean, Frank Perozo, Irving Alberti, Judith Rodríguez, Alexis Valdés, Adrián Mas, Julieta Rodríguez y hasta del propio Fausto Mata, solo algunos nombres.

En su más reciente filme, “El proyeccionista” (2019), eligió al experimentado Félix Germán para trazar un personaje de naturaleza emotiva que en el declive de su vida se interesa en descubrir el paradero de una extraña mujer cuya imagen se esconde en uno de sus tantos celuloides y a la cual sale en su busca por esos pueblos de Dios.

Sin embargo, no estamos, frente a un road movie, ni a un drama rural, ni mucho menos frente a una decantación erótica con ribetes de thriller. Mucho menos ante un intento de Ciencia Ficción. “El proyeccionista” es, ante todo, una hermosa historia de amor con final inesperado que el director sabe rematar con el posible surgimiento de un afecto similar, pero esta vez sin celuloide de por medio. Pasión, obsesión y entrega mueven al protagonista en busca de su amada, a la cual ha hecho el centro de su vida. La violencia de género es otro tema recurrente en este filme. Una violencia implícita, sugeridora y terrible como toda la violencia que se puede ensañar contra una mujer que en determinado momento descubre el final de una relación que descubre otros sentimientos afectivos.

El filme posee una belleza expositiva y un esmerado poder de síntesis. Durante 96 minutos Cabral supo estremecer al espectador, lo metió en la piel de su protagonista y lo llevó en busca de un personaje enigmático, marcado por un enigma singular y un encierro poco común para su naturaleza femenina.

Varias sub tramas campean a lo largo de la historia principal. Todas juntas hacen de este filme un legado de dominicanidad, el retrato de un tiempo inolvidable donde el cine era todavía una esperanza cultural, y donde el cine móvil cumplía una función social perdida con el paso del tiempo. Pero ninguna de las escenas pueblerinas opaca esa hermosa historia de amor entre el proyeccionista y la misteriosa dama escondida en el celuloide.