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UN PUNTO DE VISTA

Cultura del show, en defensa de la crítica

Carlos Rojas (Colaboración especial)Santo Domingo

Los críticos dominicanos solicitaron un espacio que llamaron Foro Crítico con la intención de generar un diálogo abierto y constructivo en común con los artistas, técnicos de teatro, estudiantes y espectadores en general.

Aunque la inversión era mínima en comparación con el costo total del evento, no está claro si fue el ministro o el director del Festival que desestimó pagar los honorarios para esta propuesta con el argumento de haber destinado los recursos para reforzar el impacto social del magno evento.

Aparentemente hay allí una decisión sensata, entre dos opciones también sensatas. Sin embargo, el evento terminará pronto mientras que los cuatro críticos (no cien, ni cincuenta ni diez, sino solo cuatro), no podrán participar en el festival representado a su país por su propia imposibilidad financiera.

La dirección del festival consigue una “solución”: lo único que se les puede ofrecer es una dieta sin pago. Valdría la pena preguntarse: ¿tan poco es estimada la labor de la crítica teatral que se excluye o no cuenta en el presupuesto? ¿No debería tener el Festival un espacio para la reflexión, el debate y el balance de las artes escénicas en el país? ¿No es el análisis y el intercambio de ideas entre los afines y/o aficionados al arte teatral tan importante como los mismos espectáculos?

Este caso lo cito para ilustrar una actitud que hoy, es dogma de fe en alcaldías e instituciones públicas, pero también en los medios de comunicación de masas y, créanlo o no, en los mismos artistas y hasta pensadores críticos.

Se trata de una enfermedad que se ha convertido en las espinas en la boca del camello, las mismas que tanto daño le hacen, pero que aderezadas con su sangre las convierten en manjar exquisito. Se trata de la asunción de un nuevo tipo de funcionario. Me refiero a la llegada del Chacal de la Trompeta Cultural.

El Chacal de la Trompeta es consecuencia de La Cultura del Show de Don Francisco, quien resume la multiplicación del hecho artístico como espectáculo y lo entiende de mejor forma en su potencialidad de Show.

El espectáculo para el gobernante-Don Francisco se presenta como un gran esfuerzo propagandístico -y en algunos casos meramente electoral- bullicioso, descoordinado en su trazo y finito en sus pretensiones.

En su brevedad, apuesta a la memoria y casi siempre a su ilusión. Y es que la Cultura del Show no hace sino quedar en evidencia cuando aparecen los problemas reales sobre los cuales cloniza su propia existencia: invención de instituciones, espectáculos pasajeros y show olvidable que impresionen al gobernante mientras se descapitaliza el arte, desaparecen las ideas, cierran las infraestructuras, la formación baja la calidad, se ablanda el artista, se desatiende a los creadores, se fugan los talentos, se impone el aislamiento cultural, todo esto con el patrocinio tímido, nada celoso y poco fiel, de un público entusiasta y entretenido, pero menos informado y exigente.

El gobernante -Don Francisco- asume la ilusión de la Cultura del Show porque, en realidad, nunca ha tenido una idea clara del arte. Esta imagen desinteresada le hace presa fácil de vendedores culturales, verdaderos "Chacales de la Trompeta", funcionarios también conocidos como Gerentes, en Fundaciones y Asociaciones Civiles, que se convierten en intérpretes oficiales de las necesidades artísticas del colectivo y del creador El Funcionario posee la confianza del gobernante y ambos se imponen la idea del Evento, es decir, del Show.

El Evento dará resultados con impacto inmediato y la comunidad -votantes- percibirá una respuesta a corto plazo a sus "necesidades culturales". Después de todo, el puesto dura solo tres o cinco años y hay que dar la impresión de que se ha trabajado como para mil. Toda esta relación se sostiene por un argumento inapelable para el político: "las necesidades del pueblo".

Se trata de encontrarle al creador y a su obra un valor no solo estético, sino social, más bien populista. El Chacal de la Trompeta Cultural es un facilitador de esta idea y asume que el pueblo pide arte para minimizar sus pesares.

La idea le gusta al Gobernante Don Francisco, porque realmente, ¿para qué puede ser el arte sino para entretener?, se dice. Sellos, memorándums y decretos terminan por sentenciar al creador a balbucear sonrisas frente a la cámara mientras El Chacal lo ridiculiza frente al espectador que igual, finge que le gusta.

Director-Don Francisco entienden el arte como una especie de aspirina para el dolor de la gente. Nunca sospechara -y en esto el Chacal estaría con su trompeta siempre lista para despejar cualquier intento- que la obra creadora es más bien lo contrario al analgésico para el dolor. Arte es más bien dolor, el dolor mayor, el único dolor, quizás el dolor que queda al final de las cosas.

Sin embargo, El Chacal funciona como servidor entre las "necesidades del pueblo", que él no tarda en detectar, envolver y etiquetar y de las "necesidades de los artistas” que no tarda en minimizar a través de prioridades político-grupales.

En la realidad del Gobernante-Don Francisco-Chacal-de la Trompeta, es el pueblo, la gente, los votantes quienes exigen políticas claras en cultura, no los artistas.

El Chacal deberá, durante el tiempo de gestión, esconderle al gobernante-Don Francisco la realidad: Que no es el pueblo, -que con la vida tiene- el interesado en "políticas culturales", sino que son los artistas a quienes la vida no les basta. Y que una gestión trascendental no es aquella que más Eventos logró realizar, sino la que permitió el desarrollo del mayor número de creadores y obras posibles.

El artista existe en este contexto para hacer figurar al gobernante y para producir eventos explotables y exportables. Su obra no es más que un producto envuelto y comercializado por Gerentes delirantes en estrategia política.

En este punto, me gustaría decir que el Gerente Cultural en Dominicana, en líneas generales asume el tema del poder como si se tratara de estrategias de "alto palacio", como si analizara el tema del poder con más convicción e interés que el del arte.

El creador del municipio o estado es juzgado por el Chacal quien a trompetazos lo ridiculiza sugiriendo esquematizar en lo posible su proceso. Ya no frente a los espectadores, que son pasajeros, sino ante su obra, cuya resonancia artificial -éxito en lo interno, indiferencia en el exterior- lo acompañará para siempre. Este es el objetivo estético -por político- más relevante de la relación cultura-evento.

El Evento, frente al tiempo, es una inmensa fiesta dedicada a celebrar la Gerencia o el espanto político. Historia y memoria, variable la primera, inapelable la segunda, nos dicen que los eventos se acaban -y con ellos, los períodos políticos- y pocos permanecen en el recuerdo finito de los pueblos. Al contrario de la realidad real, en Arte la ilusión se olvida pronto. Porque la obra creadora, si es buena y tiene suerte, hará tradición y durará para siempre.

En su administración, El Chacal establece que el tamaño de nuestro talento será proporcional al presupuesto que podamos administrar; la dimensión de nuestro discurso estará relacionado con los funcionarios a los que conozcamos y nuestro compromiso como artista se reduce, después de tanta obra, en vivir para que instituciones, gerentes y chacales existan.

Esta "capitalización" de la reflexión, esta politización de la obra creadora, esa virtualidad de la realidad del arte es la que permite que hoy -y desde hace años-, a pesar de la inversión en cultura, tengamos un medio artístico pletórico de realizaciones en lo nacional pero expulsado de espacios reales en el mundo. No es que estemos esperando la aparición del gran artista dominicano, venezolano, cubano o argentino, es que cuando aparece, el Chacal lo desplaza a trompetazos.

Porque el protagonismo ha sido y sigue siendo de las instituciones, no de los artistas. Hemos desposeído a la obra creadora de todo lo emocionante y eterno para rebajarlo a lo utilitario y pasajero.

El Chacal y Don Francisco utilizarán para siempre las orquestas espléndidas conformadas por niños, las agrupaciones teatrales donde los adolescentes e infantes son actores, artistas y creadores casi completos, jóvenes con compañías nacionales, muestras para artistas nuevos, concursos de literatura infantil y juvenil, estímulos para la creación fotográfica, festivales para bailarines y coreógrafos que se inician, encuentros regionales para los que apenas han podido leer un par de libros. Les felicitamos por su audacia, por representar al país en la guerra singular como una Miss en el Miss Universo.

Se trata de entusiasmar a sus familias y padres quienes, en vilo, no pueden dormir tratando de adivinar de qué lado de la familia les viene el don de la genialidad. Un padre orgulloso y una madre impresionada conforman este cuadro patético de un niño a quien se le dice que podrá dedicar su talento -y su vida, nada menos- a lo mejor de su arte para luego, con el tiempo, cortarle los presupuestos, inutilizar o condicionar su ingenio, impedir su internacionalización, obligarlo a dedicarse a otra cosa para pagar las cuentas o hacerle pasar horas esperando por el chacal-funcionario de turno quien, con el tiempo, le molestara que aquel niño tan vendible y encantador parezca ahora tan radical, tan crítico, tan inconforme... Para eso no era la orquesta, el grupo de teatro ni el festival. Eran, más bien, para algo "nice o cool", folclórico, popular e inofensivo. No para alimentar los sueños de tanto disidente.

¿Será conocida esta Latinoamérica moderno-violenta por nuestra capacidad de organizar eventos o por los artistas y creadores capaces de traducir en signos y claves la realidad? ¿Estaremos dando oportunidades a los artistas que vendrán para que sean capaces ya no de reflejar, sino de ver la realidad que les tocará vivir? ¿Estamos diciéndole al artista adolescente que puede vivir la grandeza del arte y dedicarle el resto de su vida? Y si es así; ¿Sobre qué teatros? ¿Con cuál editorial? ¿En qué escuelas? ¿Con cuáles orquestas? ¿Interpretado por qué crítico? ¿Confrontando en qué países? ¿Estudiado en qué Universidad? ¿Pagando con que las cuentas? Ofrecerle el cielo a un creador, es también prepararse para que nos pida el universo.

Por eso, Chacal y Gobernante prefieren animar al creador en su peor momento, mientras participe de ilusiones domables y entrañables para el consumo popular, localista y electoral. Del resto, deberá ser borrado de los medios, mareado por secretarias, invalidado por falta de sellos, en fin, abandonado como presa indefensa para el Chacal que sí tiene un plan funcional: convertirlo en el hazmerreír no sólo de la audiencia y de sus familiares, sino, lo más terrible, de sí mismo.

Recuerdo que Francoise Miterrand le pedía a la gloria que le concediera un solo honor: ser conocido como el servidor público en cuyo mandato se desarrolló el gran artista de Francia. Ese que, según decía, le revelará al hombre pasillos de la realidad inéditos hasta hoy. "No sé quién es o será. Por eso los ayudo a todos. Porque si dejo a uno fuera, ese podría ser él y yo estaría maldito para siempre...”. -al menos eso creía.

Quizás exista entre nosotros algún funcionario que hable con la gloria, puede ser, se han dado casos, pocos, quizás ninguno.

Quizás tanto niño con su violonchelo o su batuta empiece a exigir el mundo al que le dijeron podía acceder.

Quizás el artista ridiculizado se lance a devolver los trompetazos con alaridos de odio, esos que vienen desde cuando era niño, ese odio inmortal, aterrador, sofocante, un odio criminal.

Quizás ese odio le de densidad universal a su discurso, quizás.

Quizás niños, actores, músicos, bailarines y poetas, comiencen a robar su cuota de teatro, música, danza y literatura, así sea rompiendo vitrinas y quijadas.

Quizás la consecuencia de tanto Show, pan y circo y espectáculos es una generación violenta, pero genial.

Quizás sean capaces de instaurar el terror al despreciable Chacal y aterroricen al continente con sus incendiarias peticiones de salas, compañías, recursos, publicaciones, giras; es decir, pedir el mundo, si no es poco, que casi siempre lo es.

Quizás los artistas mayores dejen de sonreír en los momentos que nadie se los pide y levanten la mano y comiencen a señalar y condenar para la eternidad a los a Chacales y Gobernantes que también los han utilizado, anulando su entusiasmo.

Quizás descubramos que el continente se prepara para ser otro. Y quizás, en vez de celebrar con un Show, invirtamos lo poco que hay en auspiciar de una buena vez un espacio para el diálogo crítico dentro de un Festival Internacional de Teatro para que los únicos cuatro o cinco críticos que viven en Santo Domingo puedan participar en esta festividad con dignidad.

-¿Es posible que reine la burocracia y que esto siga sucediendo en tiempos de democracia? Dime a ver.

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