DÍAS DE CINE

Cine dominicano 2015

A la espera de rabietas y apóstrofes nada delicados para con nuestra persona, vamos ahora a enumerar, mes por mes, los 17 estrenos de producciones locales que se realizaron a lo largo del año que recién finaliza.

La mejor. Con “La Gunguna” tuvimos una especie de suerte adivinatoria. La fuimos a ver en estreno de gala, cosa que casi nunca hacemos, porque “sentimos” que debíamos verlo y salimos exultantes de gusto porque el guion de Miguel Yarull es, realmente, bueno y la dirección de Ernesto Alemany redondea con certeza esa historia tan sentida, tan diversa, tan repleta de ideas.

La mejor. Con “La Gunguna” tuvimos una especie de suerte adivinatoria. La fuimos a ver en estreno de gala, cosa que casi nunca hacemos, porque “sentimos” que debíamos verlo y salimos exultantes de gusto porque el guion de Miguel Yarull es, realmente, bueno y la dirección de Ernesto Alemany redondea con certeza esa historia tan sentida, tan diversa, tan repleta de ideas.

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Armando Almánzar R.Santo Domingo

¿Quién hubiera imaginado en el 2000 que, apenas unos 15 años después, se iban a estrenar nada menos que 16 cintas criollas en 365 días? Nadie, ni siquiera los charlatanes que, año tras año, pronostican muertes de ilustres y grandes catástrofes porque, al parecer, solo “visionan” lo peor para nuestro país.

Aunque, pensándolo bien, por aquello de las catástrofes no iban a estar muy alejados porque, de no ser por un par de “iluminados” ese hubiera sido el panorama.

Pues bien, ahora, a la espera de rabietas y apóstrofes nada delicados para con nuestra persona, vamos ahora a enumerar, mes por mes, esos 17 estrenos, adelantando, por supuesto, que no hemos visto el documental “Tu y yo”, reputado de excelente por mis compañeros, ni un estreno que se anuncia para esta misma semana, “Los fabulosos ma mejores”, que también han visto algunos de la crítica y no anuncian nada bueno.

En enero hizo su aparición eso, una “aparición”, si se toma el término por su lado fantasmagórico y repelente: “Pa’l campamento”, una de esas “cosas” que hace el “niño orquesta”, Roberto Ángel Salcedo, una historia que es pura bazofia con interpretaciones para el olvido absoluto.

En febrero, Archie López se lanza al ruedo con otro “motrúcalo”, “Los paracaidistas”, otra historieta infame a la cual se le llama guion porque, al igual que a todo lo que se proyecta en una pantalla se le denomina “película”, tenemos entonces ese dobleto: “guion” y “película”.

Para no quedarse muy atrás en materia cualitativa, marzo nos trajo nada menos que una “historia de amor”, pero breve: “Una breve historia de amor”, de Alan Nadal Piantini, cuyo “guion” sufre casi tanto como los anteriores, pero en romance y con personajes muy poco consistentes aunque, como es natural, se elogia algo el intento para cambiarÖ aunque no haya cuajado.

En abril, milagro, no apareció alguna del patio, pero mayo nos trajo uno de los asuntos más insólitos que hemos presenciado: “Bestia de cardo”. Lo cierto es que, todavía hoy, a 8 meses de su estreno, no sabemos a ciencia cierta qué carajos fue lo que vimos o lo que quiso hacer su directora, guionista y actriz principal, Virginia Sánchez Navarro. No podemos más que elogiar su atrevimiento por meterse en camisa de once varas pero podríamos apostar que, por lo menos, le sobraron 9.

Junio llegó para más comedia, pero ahora un tanto más pretenciosa: “Detective Willy”, de José María Cabral. Esta historieta ofrece detalles interesantes: el desdoblamiento del personaje central, el Willy del asunto, así como algunos pormenores en su desarrollo, pero, como casi todo el cine criollo, cojea en su guion que presenta puntos flojos por muchos rincones. Sin embargo, no es de lo peor en el conjunto de las 16.

Y, resoplas, llegó julio y empezó la salvación del año: “La Gunguna”. Hemos de confesar que tuvimos una especie de suerte adivinatoria con este filme: lo fuimos a ver en estreno de gala, cosa que casi nunca hacemos, porque “sentimos” que debíamos verlo. Y no nos defraudó, muy por el contrario, salimos del Cinema Centro exultantes de gusto porque el guion de Miguel Yarull es, realmente, un buen guion, y la dirección de Ernesto Alemany redondea con certeza esa historia tan sentida, tan diversa, tan repleta de ideas sobre lo que somos, sentimos y hacemos en esta nuestra nación, algo que se complementa con por lo menos media docenas de estupendas interpretaciones. Es el filme de ficción del año, sin lugar a dudas.

Y ese mismo mes, aunque con un estreno un tanto solapado, el otro filme que nos llena de orgullo y, de paso, termina por salvarnos el año: “Blanco”, el estupendo documental obra de Melvin Durán que nos ofrece una visión hermosa, pero profunda y sincera de un sector de nuestra población generalmente visto con no buenos ojos por el resto: las familias albinas de Constanza. Retazos de sus vidas enmarcadas en la impresionante belleza de su entorno físico que, sin embargo, no logra ocultar el malestar que viven de continuo al ser discriminados. Lástima que esta película, tan excelente no haya tenido una mejor difusión a nivel nacional.

En agosto volvemos a la rutina de lo necio y banal: “Pueto pa’mi”, de Iván Herrera, es pura monotonía argumental respaldada, para mayor aburrimiento, por algo que llaman “música” y envuelta en otra historieta cursi, manida y paupérrima.

Una especie de minidrama pueril nos calentó septiembre: “Algún lugar”, de Guillermo Zouain. Aunque nos aburrió solemnemente, es justo destacar que el joven Zouain y sus jóvenes intérpretes hicieron el esfuerzo por hacer algo diferente, pero esa “road movie” tiene por lo menos dos gomas pinchadas, o sea, que, como tantas, su guion tiene gazapos y tonteras que saltan a la vista.

Pero no se conformó ese mes con ese “lugar”, sino que hizo espacio para otro sonoro bodrio: “Todo incluido”, un “clavicordio” de quien anda buscando records de hacer lo peor cada vez: Robert Ángel Salcedo, quien en una entrevista, al responder sobre el hecho de que dirige, produce, actúa y escribe sus películas, dijo que de todo ello lo que más le gustaba eraÖ escribir. Pues no hay más que hablar, que lo lleven al programa de alfabetización urgente.

En octubre, “Ladrones”, de Joe Menéndez, un cuento de hadas pero con disparos y golpes, insulso y desesperante.

Pero también, la muy pretenciosa “Oro y polvo”, muchos tiros, muchos muertos, mucha droga pero muy poco guion, aunque su producción sea más costosa y la chica casi se desnuda.

Y, para culminar el mes. Otro buen documental, “República del color”, que nos revela que el joven director Héctor Valdez progresa porque su relación en imágenes sobre pintores fuereños, cuya paleta de colores es netamente criolla, han dejado una profunda huella en nuestro arte.

“Dinero fácil”, de Daniel Aurelio, será pronto olvidada por inane y facilona, y “Del color de la noche”, de Agliberto Meléndez, ha sido tal decepción que ya nos apena hablar de ella.

Y vendrán más.

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