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‘El Clan”, estupendo trabajo de Trapero

“El clan”. Excelente propuesta que fue presentada en el marco del VI Festival de Cine de Fine Arts.

Armando Almánzar R.Santo Domingo

En Argentina hay muy buenos directores y, sin lugar a dudas, Pablo Trapero es uno de ellos: sólo con recordar la tan original y estupenda “Carancho” tienen más que suficiente como para validar esta muy sentida opinión.

Pero, si aquella cinta era excelente, nos parece que la presente la supera precisamente en lo que su puesta en escena se refiere.

En una historia que, por cierto, es en todo sentido lo opuesto a la antes reseñada (época moderna, maldad y corrupción a flor de piel, violencia inau-dita), Trapero se vale de todos los recursos propios del Arte cinematográfico para mantenernos sujetos firmemente a la butaca. Y habría que recordar que los personajes centrales del relato son los miembros de una familia de clase media: el padre maduro, la esposa, los hijos adolescentes y una más jovencita, su casa en un barrio cualquiera de Buenos Aires, el comercio que manejan, la novia luego esposa del joven Alejandro. En otras palabras, una familia como casi cualquier otra.

Y esa familia, encabezada por Arquímedes Puccio, se diferencia porque comienza sus andadas durante la siniestra dictadura miliar en los 70-80. Y el padre medra trabajando en el departamento de seguridad de ese oprobioso régimen. O sea, es un hombre importante, pero, sobre todo, es un hombre con poder.

Pero sucede que no todo lo bueno puede durar para siempre y que los militares caen. Pero Arquímedes no quiere quedar fuera del pastel, ya está encallecido, quiere más y, para resolver su falta de poder bajo el Estado, entonces se inventa un infalible sistema para hacerse de muchos dólares: localizar millonarios, secuestrar a un hijo, a un padre, y pedir dinero por ellos.

Y, mientras los famosos “gangsters” de tantas y tantas cintas tenían sus guaridas bien protegidas por sus sicarios, Arquímedes tenía su propio hogar sin empacho de que su esposa y sus hijos supieran lo que pasaba bajo sus camas; sobre todo porque los mayorcitos eran parte del “clan”.

Formidable entonces la puesta en escena, la estupenda combinación de escenas de una dureza implacable sonorizadas con alegres canciones norteamericanas, la alternancia de la acción de los secuestros con otras de la vida normal y cotidiana, el vibrante dinamismo de la edición combinada la música de Sebastián Escofet, la agilidad de la cámara de Julián Apesteguía.

Excelentes actuaciones de Guillermo Francella, Gastón Cocchierale y Estefanía Koessi.

Pero, por supuesto, lo que distingue este filme de otros “thrillers” es lo ya señalado que ahora volvemos a destacar: la idea del clan familiar imbuido en crímenes tan horrendos como su de fabricar pastelitos para vender y hacerse rico fuera, algo que ahora puede que nos encontremos extraño pero que, si lo piensan bien, en la funesta era de Trujillo los antecesores de usted, amigo o amiga que estas líneas lee ahora, podían vivir muy tranquilos en cualquier calle de Ciudad Nueva, villa Francisca o Gascue sin saber que, al lado de su casa, ese buen señor que le saludaba todas las mañanas podía ser un calié o un enriquecido gracias al crimen, a la corrupción y al asesinato por ser un “hombre del régimen”.

En otras palabras, que no hay por qué espantarse tanto.

Y, luego, tratar de ver estos filmes excelentes cuando los repitan en el VI Festival Internacional de cine Fine Arts, que, como en otros años, trae muy formidable y variado material.

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