Santo Domingo 23°C/26°C thunderstorm with rain

Suscribete
Entretenimiento

DESDE LA ÚLTIMA BUTACA

The hurt  locker

País: Estados Unidos. Directora: Kathryn Bigelow. Duración: 131 minutos. Reparto: Jeremy Renner, Anthony Mackie, Brian Geraghty y Guy Pearce. Sinopsis: El sargento William James llega a una unidad de la compañía Bravo del ejército de los Estados Unidos en Iraq, en reemplazo del sargento Matt Thompson, quién murió por la explosión de un artefacto en Bagdad. El filme está basado en los relatos escritos por Mark Boal, un periodista independiente que cubrió como corresponsal de guerra el trabajo de un escuadrón de desactivadores de bombas. I Ya la guerra de Iraq tiene su película. Y su droga. Porque Kathryn Bigelow dice que no hay diferencias entre una y la otra: no se sabe cuál de las dos engendra más dolor. “The hurt locker” no es sintomática, ni mucho menos portadora de una apología bélica. Aquí no está “Rambo”. Aquí fluye el rostro de un pueblo indignado que se burla de los invasores. Y aquí hay invasores que se saben burlados y no les queda otro remedio que sobrevivir entre el terror y la insertidumbre. En fin, aquí hay una serie de relatos perfectamente ordenados que dan historia al caos interior de un pequeño grupo de invasores que simbolizan una guerra absurda. No busque, pues, el espectador, el drama, la culpabilidad, la ruptura. No pretenda ver una historia de colonización, ni de abusos, ni de atropellos contra las minorías. Aquí hay mucho desgarramiento, y frustración. Aquí hay una colección de sordas impiedades que solo conducen a la destrucción de la condición humana, por ambos bandos. La película no está filmada bajo el reinado de estrellas. Pertenece al cine independiente y es la obra de una mujer que supo ser distinta. Una mujer que enriqueció su narrativa fílmica con una poesía eminentemente épica que no busca la espectacularidad, sino el recurso cultural para trascender. Tal vez su ensañamiento manifiesto contra la moral interior del pequeño grupo de soldados sea su punto de equilibrio. Para lograrlo, Bigelow se valió de una dirección de actores impecable y de una fotografía en constante movimiento que funge como testigo de excepción. Su guión sobresale, además por el recurso fragmentario de la historia. Es un guión inspirado en el día a día de torturados y verdugos, de los que esperan la noticia y de los que disfrutan asombrados y parcialmente ocultos la rara habilidad para desarmar la muerte inevitable. Este filme ganó el Oscar por su calidad. Certero, terrible, sin lagunas ni titubeos, logra estremecer. Nos saca del cine con temor a nosotros mismos. Nos pone indefensos ante el lado oscuro de la vida. El periodista Roger Ebert del Chicago Sun Times lo definió como un filme donde sabemos exactamente quién es quién, que está haciendo cada quién, en dónde está y porqué lo hace. Esto significa que no estamos en presencia de una historia de “buenos” y “malos”, ni de “héroes” y “antihéroes”, sino de un grupo de seres humanos enfrentados por razones absurdas. Kathryn Bigelow nos puso a crepitar. Aquellos que pensaron o piensan en una apología a la presencia norteamericana en el Medio Oriente chocarán contra sus propias conciencias. Aquí hay una autoconvicción de derrota que salta en las manos de los protagonistas como aquella pelota de futboll que el niño-bomba usaba para entretener a los soldados invasores. O como los niños que al final lanzan piedras contra el vehículo de los invasores. Bigelow se encargó de hacernos temblar. De ponernos a la defensiva todo del tiempo.

Tags relacionados