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DESDE LA ÚLTIMA BUTACA

Rivales

Dirección: Fernando Colomo. País: España. Año: 2008. Duración: 110 min. Género: Comedia. Reparto: Ernesto Alterio, Gonzalo de Castro, Santi Millán, Kira Miró, Juanjo Puigcorbé, María Pujalte, Jorge Sanz, Rosa María Sardà, Goya Toledo, Javier Cifrián, Juan Navarro. Guión: Joaquín Oristrell e Inés París. Sinopsis: Dos equipos de fútbol juvenil, el Deportivo Madrileño y el Atlético Barcelonés, se preparan para la gran final en Sevilla. El viaje a esa ciudad es el pretexto para que una serie de personajes vinculados de manera directa a los integrantes de ambos clubes, crucen sus historias y vivan aventuras muy peculiares. I El español Fernando Colomo ha demostrado ser un cineasta irregular. Su carrera puede resumirse como un vaivén de intentos fallidos y obras meritorias que transcurre entre lo sublime (El efecto mariposa, 1995) y lo ridículo (Cuarteto de la Habana, 1998). Por suerte, una virtud de sus comedias es mezclar en dosis adecuadas el cinismo con el humor negro para lograr el ingrediente sorpresa. Si hubiera explotado más este y otros recursos su cine hubiera logrado una mayor atención epocal. En su más reciente comedia, “Rivales”, Colomo acude a la historia coral para reunir alrededor del fanatismo deportivo a un grupo de personajes vinculado directa o indirectamente al rey de los deportes. Esta no es una película destinada a trascender el mundo atlético, sino a husmear en el trasfondo de los seres que se acercan a él como practicantes, fanáticos o familiares de practicantes y fanáticos, y logra momentos de indiscutible hilaridad con actuaciones sostenidas y creibles pero que, lamentablemente, no constituyen el común denominador a lo largo y ancho de un filme que como primer defecto exhibe un guión ingenuo, superficial y desordenado que se enreda de manera innecesaria, se complica cuando no debe hacerlo, y culmina con un final infeliz, estereotipado y que como peor pecado, reproduce el hito del cliché. Colomo, a pesar de contar con un elenco “probo” y aplaudido, rehuyó la “hondura profesional” y se conformó con un toquecito de ingenio que se queda en las ramas: ha preparado una obra llena de situaciones “pujonas”, tontas y hasta desagradables que arrastran a los personajes a derroteros convencionales que rozan sin ninguna piedad el maniqueo sin arterfugios ni cortapisas. Las escenas cruzadas se pierden porque no contienen la espontaneidad de lo desconocido, sino la intencionalidad cerebral. El director trabajó sus escenas a flor de piel porque el director más que consecuencias culturales, concibió un producto facilista en el sentido “estadístico” de la palabra, carente de laboriosidad profesional y de “sudor” corporal. Esta comedia, pudiera compararse con algunos proyectos dominicanos que han pasado por nuestras salas de cine en los últimos años y que han provocado reacciones encontradas entre crítica y público. Nada más. Es una lástima que un director que tiene todo en sus manos, no advierta que la comedia, con independencia de la risa que provoque, tiene la poderosa magia del enseño, y el insondable placer del sobresalto.

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