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las madres del deporte

Joelle Schad, una inmortal en el tenis y como madre

Joelle Schad, la inmortal del Deporte Dominicano, posa con sus hijos “Joella” y “Nikko”.

Joelle Schad, la inmortal del Deporte Dominicano, posa con sus hijos “Joella” y “Nikko”.fuente externa

Luego de pasearse con elegancia y calidad por la cancha, a Joelle Schad, la mejor tenista dominicana de la historia, la vida le ha seguido sonriendo desde que le dijo adiós a ese deporte.

Su compromiso con el deporte lo asumió de forma tal que aún se “engrifa” cuando recuerda como ascendía la bandera tricolor y sonaba el canto patrio por actuaciones realizadas por ella, gracias al respaldo que tuvo de sus padres, de la Federación Dominicana de Tenis y de sus entrenadores.

“Yo me siento tan, pero tan dominicana que era inmensamente gratificante cada vez que yo sabía que esa bandera se estaba elevando y se escuchaba el himno por el trabajo de nosotros”, destaca la campeona del torneo de sencillos de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de “México ´90.

La gratificante emoción le embarga cada vez que se repite la escena por triunfos alcanzados por los atletas de las generaciones que le sucedieron e, incluso, en actos formales a los que asiste y suena el himno como parte del protocolo.

Ahora, como madre, ha cosechado dos importantes medallas fruto de su matrimonio con Oliver Fiallo. Una tiene la cara de su primogénito Oliver Nicolás, de 19 años de edad, y otra la de Joelle Alexandra, de 17.

Con mis hijos disfrutaré el resto de mis días

“Definitivamente, mis dos hijos no son dos medallas, son mi mayor trofeo, lo más grande que la vida me ha dado y doy gracias por tener dos hijos como ellos. La vida me lo mandó para poder criarlos y disfrutar el resto de mi vida con ellos”, manifiesta la inmortal del Deporte Dominicano.

“Para mí ser mamá es algo que yo nunca imaginé que iba a ser así. No tengo palabras para poder describir lo que para mí significa ser mamá”, puntualiza Joelle, con voz quebrada.

Siguen sus pasos

Los dos han seguido sus pasos en el deporte de la bola y la malla bajita. “Nikko”, como apodan al primer fruto, entrena por su cuenta y estudia Arquitectura en la universidad estatal de Arizona, donde precisamente “La reina del tenis dominicano”, hoy de 48 años y casi la misma silueta, dejó su sello.

“Joella”, en tanto, está desarrollando sus habilidades atléticas en una academia en Mérida, México, desde donde cursa en línea el último año del bachillerato en un colegio estadounidense. Desde ya la familia evalúa opciones para matricularla también en una academia de altos estudios en Estados Unidos.

“Cada uno me da una felicidad inexplicable. Son mi orgullo. No cambiaría nada del mundo por mi posición de madre”, subraya. “Muy orgullosa de estos dos hijos que Dios me dio”.

Motivación deportiva

Señala que siempre quiso que sus vástagos practicaran algún deporte, no necesariamente el tenis, por los beneficios que trae a la salud, disciplina, seguridad y otras bondades transversales a la vida cotidiana.

Declara que sus padres Sarah Olimpia Frometa de Schad y Alexander R. Schad la motivaron y le dieron todo el respaldo necesario para que incursionara en el tenis, deporte en el que conquistó la presea de plata en los Juegos Panamericanos “Cuba 91”, tras caer en la final ante la norteamericana Pam Shriver, sembrada número uno y ranqueada entre las cinco mejores tenistas del mundo en ese entonces.

“No pude tener mejor suerte con esos dos ejemplos de padres”, destaca Joelle, un lujo del deporte dominicano que ese año fue considerada la mejor tenista amateur del Continente Americano. 

Hito

Joelle Schad fue la primera tenista dominicana en participar en unos Juegos Olímpicos (Atlanta ´96) y eso incluye mujeres y hombres, perdiendo en primera ronda de la suiza Martina Hingis.

Memorable

El 23 de octubre ingresó al Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano en un selecto grupo que incluía a Blanca Iris Alejo, Rolando Miranda, Pedro Gómez, Wanda Rijo, Modesto Comprés y Thelma Tejada.