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El Deporte jueves, 23 de junio de 2022

TRIBUNA ABIERTA

Un dislate que no termina

  • Un dislate que no termina

    Willie Mays

Luis Scheker Ortiz
Santo Domingo

La imposición de Major League Baseball de los Estados Unidos de poner en la décima entrada a un corredor en segunda base cuyo único mérito es haber sido el último out de un partido empatado en la novena entrada, es un inefable dislate que debe terminar.  

Pretender que el juego no se prolongue no tiene otro calificativo. Le quita emoción y encanto al juego de pelota. No tiene motivo alguno que lo justifique, siendo una ofensa, una desconsideración y abuso al fanático que pagó gustoso su entrada muchas veces en acompañado de esposa e hijos, algunos de corta edad o de una amiga, teniendo derecho de disfrutar y ver el juego completo hasta que termine, como diría Yoqui Berra, aun sea la media noche.  

Verse obligado a retirarse temprano a su casa es una ofensa y una franca violación a la ley, a la libertad y los derechos humanos. Muchos otros que no pudieron conseguir entrada y siguen las incidencias del partido desde afuera, como de amantes del beisbol o deciden quedarse cómodamente en casa con la familia y ver el juego en la pantalla televisiva, con este invento, quedan defraudados.  

El primer dislate es que el corredor que ponen en la segunda almohadilla no debe ser escogido por la Liga, si no por el manager del equipo que en su dicha condición conoce y sabe mejor que nadie cual de sus jugadores debe cumplir esa misión: anotar carrera.  

Y es el único responsable del triunfo o fracaso ante la fanaticada y la Junta Directiva de su equipo.  

Lo segundo, y más importante de ese dislate es que se priva al fanático y al público de disfrutar los momentos más excitantes en la historia del beisbol como son los juegos de extra inning inolvidables como fuera, entre tantos otros el enfrascado duelo entre un novato de los Gigantes de San Francisco, nuestro inmenso Juan Marichal, y su rival el estelarísimo Warren Sphan, de 42 años, por los Bravos de Milwaukee, que culmina con un soberbio cuadrangular de Willie Mays, que puso la tapa al pomo en el decimosexto episodio.  

La conveniencia de situar un corredor en segunda base no ha sido asimilada por muchos dirigentes de Grandes Ligas.  

He visto varios partidos empatados o perdiendo por una o dos carreras en la novena entrada donde el primer bateador de turno llega a primera.  

Siendo el siguiente bateador, no un cuarto bate, lógico es que el dirigente ordene un toque de sacrificio para llevar al mejor corredor a la segunda base. La importancia de colocarlo en esa posición es axiomática. Dejarlo estancado en primera base, como perico en la estaca, viendo caer los tres outs sin intentar otra jugada que pueda virar el marcador, en espera de otro jonrón a lo Willie Mays, carece de sentido.