BÉISBOL

Los reyes del dopaje

Richard Rodríguez es agente libre y tendrá que perder 80 partidos cuando vuelva a la acción.

Richard Rodríguez es agente libre y tendrá que perder 80 partidos cuando vuelva a la acción.

Con el ingreso de Danny Santana, Robert Rodríguez y Pedro Severino se engrosa todavía más la amplia lista de jugadores dominicanos que han sido sancionados por el uso de sustancias en el béisbol de las Grandes Ligas.

Y es que los criollos no solo coleccionan títulos de bateo, premios y series mundiales. En la parte obscura de la historia, también tienen una “destacada” participación.

A partir del 2005 cuando las Ligas Mayores comenzaron a imponer suspensiones a los sorprendidos por el consumo de sustancias prohibidas, es apabullante el porcentaje de los sancionados que responden al gentilicio de dominicano.

Los lanzadores Agustín Montero, Carlos Almánzar y Félix Heredia fueron los primeros tres en ser disciplinados entre los 12 suspendidos en ese 2005. Todos por diez días.

Al año siguiente se sumó el también pitcher Guillermo Mota, uno de tres que recibieron el castigo. Fue por 50 partidos

En 2007, los criollos comenzaron su “dominio” en la infame lista con un 50 por ciento de los casos, liderados por el jugador del cuadro Neifi Pérez (dos veces, 25 y 80 partidos), el lanzador Juan Salas (50 juegos) y el jardinero José Guillén (15 partidos).

Al año siguiente se registró solo un caso, pero no fue un dominicano (Eliezer Alfonso, venezolano).

En 2009, los criollos “retomaron la forma” con la mitad de los condenados, incluyendo el primer peso pesado: Manny Ramírez, con los Dodgers, por 50 partidos y el jugador del cuadro Pablo Ozuna por igual cantidad de encuentros.

En la estación siguiente (2010), los dos sancionados fueron de la patria de Duarte, Sánchez y Mella: El pitcher Edinson Vólquez y el receptor Ronny Paulino, ambos por 50 desafíos.

Ramírez (100 partidos) fue uno de dos penalizados en la campaña de 2011.

En el 2012, de los seis atrapados, la mitad fueron criollos: los lanzadores Guillermo Mota (100 juegos) y Bartolo Colón (50) y el jardinero Melky Cabrera (50).

Para el 2013, de los 15 suspendidos, nueve fueron dominicanos, incluyendo a Alex Rodríguez con su sanción récord de 211 patidos. Le acompañaron en esta ocasión Antonio Bastardo, Nelson Cruz, Fautino De Los Santos, Fernando Martínez, Jordan Norberto, Johnny Peralta y Jordany Valdespín, todos por 50 desafíos, además de Miguel Tejada por 105 encuentros.

En la temporada siguiente (2014), el único penalizado fue un dominicano: el lanzador relevista Alex Colomé (50 juegos).

Los lanzadores Ervin Santana (80) y Jenry Mejia, dos veces (80 y 162 partidos, respectivamente) contaron para el 50 por ciento de las sanciones en el 2015.

Tres de los nueve castigados en el 2016 fueron criollos. Mejía, quien fue sancionado de por vida -aunque posteriomente le fue levantada la penalidad-, el jardinero Abraham Almonte (80 encuentros) y el jugador del cuadro Adalberto Mondesí (50 partidos).

Los dos que violaron la política de sustancias prohibidas en la temporada del 2017 fueron dominicanos: el jardinero Starling Marte y el pitcher David Paulino.

Y los cinco del 2018 también eran de aqui: los receptores Raudy Read y Wellington Castillo, el jardinero Jorge Bonifacio y los jugadores del cuadro Jorge Polanco y Robinson Canó, todos por 80 encuentros.

De los seis atrapados en 2019, Dominicana “aportó” un par: los lanzadores Francis Montás (80) y Michael Pineda (60).

Al año siguiente, los cinco condenados fueron de Quisqueya: Canó (162) por segunda vez, Francis Martes (162) y los lanzadores Víctor Alcántara, Emmanuel Clase y Edgar Santana, todos por 80 juegos.

En 2021, la mitad de los cuatro penalizados fueron criollos: el jardinero Ramón Laureano y el pitcher Gregory Santos.

La lista incluye jugadores con carreras para el Salón de la Fama, como Ramírez, Rodríguez y Canó, otros de mediana calidad, algunos veteranos y hasta nóveles con importante proyección.

De las 95 sanciones, 51 son para criollos (53.7%). Como dice una salsa “la misma historia triste y sin final, el mismo cuento de nunca acabar”.