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El Deporte viernes, 20 de noviembre de 2020

A TIRO DE HIT

Desagradable sorpresa

  • Desagradable sorpresa
Kevin Cabral
kevcabral@hotmail.com | Twitter: @kevcabral

 La reacción fue una mezcla de sorpresa y decepción. A estas alturas, no esperábamos un se­gundo positivo de Robinson Ca­nó. No del hombre que declaró, luego de su primera suspensión en 2018, que jamás cometería un acto que violara las reglas del juego que amaba. Aunque ya po­co sorprende cuando se trata del tema de jugadores dominicanos y sustancias para mejorar el desempeño, esta noticia golpea fuerte.

Golpea fuerte por las cualidades de la persona involucrada. La sencillez, el trato, las obras de bien social en que se ha invo­lucrado. Y claro, el swing de libro de texto, uno de los más puros que hemos visto, y la habilidad natural que se pone de manifiesto en cada ocasión que se pone un uniforme.

¿Por qué? ¿Cuál era la necesidad?
Canó ha construido una carrera para ubi­carse entre los principales intermedistas de todos los tiempos. Del dinero ni hablar. En una época donde los nuevos votantes sue­len ser más benignos con jugadores vincu­lados a “PEDs”, existía la posibilidad de que perdonaran la primera suspensión y le con­cedieran su voto de Salón de la Fama al do­minicano.

Pero este segundo positivo probablemen­te sepulta sus posibilidades. Notemos que un talento generacional como Manny Ra­mírez no ha logrado llegar al 30% de votos recibidos por las dos suspensiones que tuvo en su carrera.

Para empeorar las cosas en el caso de Ca­nó, el primer positivo fue resultado del uso del diurético Furosemida, prohibido por MLB porque su uso frecuentemente está vinculado al objetivo de ocultar la presencia de otras sustancias.

En esta ocasión se trata de Stanozolol, el mismo químico que le costó una medalla de oro en los 100 metros planos a Ben Johnson en las Olimpíadas de Seúl en 1988. El mis­mo que ha provocado suspensiones de múl­tiples jugadores dominicanos. No hay expli­cación ni excusa posibles.

Este episodio demuestra nuevamente que los usuarios de estas sustancias crean una fuerte dependencia.

La confianza de poder rendir sin “ayuda” se destruye. Hasta el punto de arruinar ca­rreras y reputaciones. Lo lamentable es que, igual que en el caso de Ramírez o Alex Ro­dríguez, la impresión que tenemos es que Robinson Canó tenía la habilidad para lle­gar a la inmortalidad sin utilizar el pie de amigo de los esteroides.

Lamentablemente, optó por el camino incorrecto y hoy paga las consecuencias.