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Rodrigo López: Un romántico del juego de pelota

Aunque entiende a los aficionados del siglo XXI, conmovidos por las emociones de los cuadrangulares, el mexicano Rodrigo López es un romántico del juego de pelota que añora el béisbol basado en la picardía, cada vez menos de moda.

"Me gusta más el béisbol de fundamentos, de estrategia, que muevan al corredor y el lanzador abridor vaya largo, esas situaciones las viví en mis tiempos", asegura en entrevista a Efe el pitcher de 43 años, ganador de 81 partidos de Grandes Ligas.

Peina canas, tiene unos kilos de más y asegura que su recta de estos días llegaría si acaso a las 52 millas por hora, sin embargo mantiene los recuerdos intactos y se conmueve si alguien toca uno de sus temas favoritos: el lado romántico del juego.

"En mi época llegar a la séptima entrada era una meta y tirar el juego completo, algo grande. En otros tiempos algunos completaban 20 partidos al año, como sucedió con Fernando Valenzuela", dice en referencia al mejor pelotero mexicano de la historia.

Rodrigo disfruta quitando el polvo a sus mejores historias en las Ligas Mayores, algunas con un toque simpático como una que vivió en el 2004 contra el dúo de los dominicanos Manny Ramírez y David Ortiz, dos de los más grandes latinoamericanos de este siglo.

"Yo solía dirigir al receptor. Esa vez tenía a Manny en dos strikes; él no me estaba mirando y aproveché para decirle al catcher que iba a tirar una recta alta. Ortiz me miraba en el círculo de espera, me robó las señas y buscó a Manny para decirle; entonces saqué el pie, me reí con ellos y cambié todo. Es la parte invisible del béisbol, la de las estrategias", asegura.

A Manny Ramírez fue uno de los rivales a los que dominó muchas veces, sin embargo le costó trabajo ganarle la guerra mental al campo corto de los Yanquis de Nueva York Derek Jeter, quizás el bateador más difícil de su carrera.

"Es curioso, mi victoria más importante fue en el estadio de los Yanquis. En el 2003 les lancé un juego completo con 10 ponches; otro triunfo recordado fue cuando trabajé las nueve entradas ante los Tigres de Detroit por aquellos años", recuerda.

Aunque es un apegado a la forma pícara de jugar en los tiempos de antes, Rodrigo no comparte algunas ideas de aquella época como las que tenían sus colegas Roger Clemens y Pedro Martínez, quienes acostumbraban a intimidar a los rivales con pelotazos.

Dice que en una situación ideal, si estuviera en forma y trabajara este sábado en la serie de la Liga Americana entre los Yanquis y los Astros, él tendría frialdad a la hora de reaccionar si un bateador le pegara un cuadrangular.

"Si eso pasara yo no lo golpearía en el turno siguiente, mi manera de cobrármela sería tratar de poncharlo. Si lo golpeas pones un corredor en la almohadilla, yo prefiero dominarlo", cuenta.

Estudioso del juego de pelota, como le llaman al béisbol en gran parte de Latinoamérica, Rodrigo no cree que ser lanzador sea un oficio solitario y se emociona al recordar sus grandes batallas mentales contra varios de los más grandes de los últimos años.

"Se trataba de lidiar con nueve pensamientos diferentes. Era divertido y nunca te sentías solo porque todos los ojos estaban pendiente de ti. En aquella pelea no había palabras, sí un lenguaje corporal y era dura esa guerra de pensamientos", cuenta.

En estos días el mexicano se desempeña como presidente honorario del grupo A del torneo mundial Premier 12 que reunirá el próximo mes de noviembre a los mejores equipos del mundo. Cree que la llave con sede en Guadalajara con República Dominicana, Estados Unidos, Holanda y México será de las más duras y la lucha será fuerte.

"El grupo tiene dos potencias como los dominicanos y los estadounidenses, pero nadie puede minimizar a los holandeses con buenos jugadores de Curazao y Aruba. A México espero verlo en la segunda ronda. Será una selección con buenos lanzadores y tiene con qué para vencer a sus duros rivales", explica.

Romántico como es, Rodrigo no pierde la esperanza que México salga adelante con el juego chiquito, de toques de bola, robos de base y jugadas inteligentes, una manera vistosa de buscar el pase a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.