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El Deporte sábado, 21 de septiembre de 2019

CON LOS CAMPEONES

Roosevelt, Inmortal

  • Roosevelt, Inmortal
Mario Emilio Guerrero
megkrantz@hotmail.com

La noticia de que Roosevelt Comarazamy será exaltado como inmortal en el próximo ceremonial del Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano me llegó estando en China, cubriendo la Copa Mundial de Baloncesto. Quienes me conocen, saben la estrecha relación que he mantenido con Roosevelt desde mediados de los años 60, cuando yo apenas era un muchacho con pantalones cortos correteando en el Club Naco. Por ende, se imaginarán la gran alegría que sentí por la merecida distinción de que ha sido objeto este consagrado y laureado comunicador, la cima más alta del periodismo deportivo de nuestro país. Roosevelt fue mi primer entrenador de baloncesto y por quien me hice cronista deportivo. Me llevó a El Nacional en 1973 y desde entonces ha sido maestro y consejero permanente en mi desandar por esta apasionante profesión. He tenido el privilegio de trabajar a su lado y ser testigo de primera mano de una trayectoria periodística excepcional, abrevando de sus vastos conocimientos en las más disímiles disciplinas deportivas. Junto a él he cubierto innumerables eventos, tanto dentro como fuera del país y hemos transmitido cinco ediciones de los Juegos Olímpicos, partidos del baloncesto y de tenis, además de Series Mundiales y Juegos de Estrellas del Béisbol de MLB y Series del Caribe. Durante muchos años fui parte de la cadena La Grande, que transmitía por radio los partidos de Grandes Ligas en unos estudios situados en la casa de sus progenitores, en el ensanche Naco. Eso me permitió entablar largas y aleccionadoras conversaciones con su padre don Francisco, otra figura insigne del periodismo nacional. Traté de manera cercana a su madre doña Aurea, a sus hermanos, Danny, fallecido a destiempo y Rico. He visto crecer a sus hijos y a sus nietos, y tengo recuerdos de su esposa Margot desde mi niñez en Ciudad Nueva. Roosevelt es un viejo conocido de mis padres y hermanos, de mi esposa y mi hijo, quienes le aprecian y le tienen un respeto especial. En fin, mi relación con Roosevelt ha transcendido los linderos de la amistad hasta llegar a considerarlo un hermano mayor, cuya influencia ha sido muy positiva. Las vivencias y anécdotas junto a Roosevelt son incontables y hasta el día de hoy hablamos a diario y comentamos la actualidad deportiva. Salve, ¡Inmortal!