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El Deporte martes, 11 de junio de 2019

Las estadísticas crecen

Nadal y su idilio con la tierra

  • Nadal y su idilio con la tierra

    Rafael Nadal, de España, reacciona después de ganar el último partido de hombres contra Dominic Thiem, de Austria, durante el torneo de tenis Abierto de Francia en Roland Garros en París, Francia. EFE

Michael Moreno
Santo Domingo, RD

Lo que era desde hace años un logro particular parece ya una utopía. Rafael Nadal volvió a coronarse en Roland Garros por duodécima ocasión algo sin par en la historia del tenis.

Antes de Pete Sampras colocar la marca de Grand Slams de por vida en 14, el récord era de Roy Emerson con 12 títulos obtenidos en los cuatro torneos de ese nivel; Nadal tiene la misma cantidad solo en Roland Garros, ampliando a 18 su total y quedando detrás de Roger Federer solo por dos.

Pero más allá del dominio del español en suelo parisino, donde acumula 93 victorias y solo tres derrotas (una de ellas sin presentarse), su hegemonía se extiende a todos los torneos de polvo de ladrillo, en los que tiene marca de 436-39, es decir, una efectividad de 91.8 por ciento, mayor que la de cualquier otro jugador en la Era Abierta, no importa la superficie.

La supremacía del de Manacor en tierra batida viene precisamente desde donde nació. Desde niño se formó como jugador en canchas lentas, ayudado por su tío Toni, quien construyó en Nadal una mentalidad prácticamente inquebrantable al momento de jugar tenis.

La arcilla absorbe más la velocidad de la pelota, en comparación con la hierba y el cemento, sin embargo, ayuda a que desarrolle más distancia y altura luego de rebotar. Esto provoca que un partido sobre tierra sea más lento, y por consiguiente, de peloteos más largos, dando oportunidad a los jugadores a armar un punto con mayor tranquilidad que en el resto de las pistas. Con estas condiciones, Rafael Nadal saca mucha ventaja. Con una de las pelotas más pesadas del circuito (más revoluciones por minuto) coloca a la defensiva a sus rivales casi permanentemente, sumado a lo extenuante que puede llegar a ser cada punto con pelotas que cruzan la red hasta más de 20 veces en muchos de los casos.

En resumen, su fortaleza mental, su condición física y el peso de su pelota hace que sea el jugador ideal para el polvo de ladrillo.

Pero en el Abierto Francés todo eso se potencializa. El hecho de jugar a nivel del mar, donde se siente más cómodo, y en un torneo en el que año tras año suma más confianza, lo hace imbatible. Las tres veces que no pudo ganar allí desde su debut en 2005 se debieron a razones físicas.