El Deporte

Madre y atleta

Wanda Rijo

“Es más fácil levantar pesas que ser madre, pero es el mayor privilegio de Dios”

Wanda Rijo se siente agradecida por su rol de madre que considera un privilegio de Dios, aparece junto a su esposo Argelis Rodríguez y sus hijas Sara Nicole, Ana Isabel y Débora Esther.

Wanda Rijo, que hizo tantos movimientos para ser campeona mundial de pesas y romper records mundiales, incluyendo los 110 kilos en arranque que aún mantiene, optó por el giro a su vida al punto que en sus primeros 25 años sintió que no tenía vida hasta que conoció de Dios.

Con belleza, talento, oportunidades, una profesión, fama, salud y juventud, ella decidió atender un llamado interno que la ha llevado a ser esposa, madre y desde hace tres años pastora de la iglesia que ha cambiado su vida.

El orgullo dominicano que tan solo en los Juegos Centroamericanos de Maracaibo, México en 1998 trajo tres medallas de oro al país, ganó ahora tres de diamante; Dios, su esposo y sus 3 hijas; al señalar que si volviera a nacer, sería pesista cristiana, entregada a la causa de Dios.

Con una férrea disciplina de levantarse temprano, entrenar, descansar, estudiar y volver a entrenar durante años, esta petromacorisana reconoce que cuando se es atleta de alto nivel, se es dominicana comprometida en poner en alto el nombre de su país.

Nacida detrás del estadio Tetelo Vargas, en el barrio Restauración, su padre Juan Rijo, maestro constructor, y su madre Urbia Contreras, operaria de zona franca, se separaron cuando tenía solo dos años, por lo que la cuarta del matrimonio de ocho hermanos, se crió entre tías y parientes de su padre.

“Mis hijas son el tesoro más grande que Dios me ha dado” A partir de los 12 años, fue definiendo su vocación por los deportes, destacándose en la escuela donde practicaba el voleibol y el básquet que la llevaron al complejo deportivo.

Para lograr músculos sanos en el voleibol, iba al gimnasio, hacia pesas y abdominales, entrenada por Héctor Domínguez, con quien se mantuvo todo el tiempo y quien descubrió sus condiciones para las pesas.

Ya en la selección, recuerda a los también entrenadores Manuel López y al extinto Félix Ogando (Gallego). Su primera competencia local la ganó en San Pedro de Macorís en 1993, logrando luego una destacada participación en los Juegos Nacionales de Mao, Valverde en 1997, donde gano tres preseas doradas.

Desde 1993 hasta el 2006, cuando se retiro, la trayectoria de Wanda Rijo fue extraordinaria como atleta, reconocida nacional e internacionalmente, sobresaliendo como figura admirada y aclamada.

Felipe --El Jay-- Payano tiene rol protagónico por el apoyo emocional y económico que le dio a Wanda, desde el PARNI. Fue su consejero, amigo y quien la inscribía en las competencias, además de ser su padrino de graduación en la UNPHU de Licenciada en Contabilidad y de sus bodas con Argelis Rodríguez Álvarez, su esposo.

De gobiernos Laureada atleta de alta competición, recuerda el apoyo recibido de parte del presidente Leonel Fernández, quien la llamaba cuando ganaba en competencias en el exterior. Leonel le prometió y entregó una vivienda por haber conquistado el oro en los Juegos Panamericanos del 2003.

De ambos mandatarios, recuerda el buen trato, pese a que la mayor satisfacción “es cuando uno logra ganar una competencia fuera del país, lo que constituye gran satisfacción”.

Sin embargo, en broma dice que la ®engañaron® al prometérsele un apartamento a quien trajera medallas y como se tardaron en concluir su apartamento, cuando ganó otras medallas, solo se le entregó, uno.

Con los estudios Aunque es duro para un atleta estudiar y prepararse para competir, vale la pena. Lo hizo, viajando dos veces al día desde San Pedro de Macorís a Santo Domingo, cuando entrenaba siendo de la selección nacional.

Para esa época, no pensaba en hijos ni matrimonio, pero se le hacía difícil competir por los viajes y aunque no participaba de cultos en Iglesias, recuerda que fue bautizada en el 2003.

Su conversión Pero la necesidad de Dios estaba ahí, Wanda dice que viendo un programa de televisión, le impactó viernes, sábado en la noche y el lunes llamo y la invitaron para el discipulado.

A partir de ahí, recibió entrenamiento para nuevos creyentes y hoy tiene 11 años en la iglesia Monte de Dios, por lo que agradeció a Miguel Bogaert y Montserrat Bogaert que la involucraron y asesoraran desde la principal en Santo Domingo.

“Mis primeros 25 años, estuve como muerta. No conocía de Dios ni de la biblia. Para el 2007 me casé y ambos formamos parte de los Ancianos, como se llama a los líderes que sirven para la iglesia”, narra.

Realiza servicios los jueves a las 7:30 p.m. y los domingos de 8:30 a.m. y 6:30 p.m.; refiere que en su caso atendió el llamado de Dios,feliz de la oportunidad de otra vida. “Yo tenia en el corazón y en mi alma, heridas profundas y gracias a Dios me pude curar”, reconoce.

Señala que pese a que se veía feliz, sana, bella, profesional y famosa, estaba vacía en su interior por la falta de Dios, algo que le hacia falta. “Quería un cambio de vida y vino. Sin Jesús no hay vida, la vida empieza con Jesús y lo he comprobado”, afirma.

Consagrada madre, comparte con unas 300 o 400 personas en los cultos y confiesa su necesidad de compartir con sus compañeros atletas, con los que ganó medallas y participó en competencias, la importancia de buscar a Dios.

La ex atleta dice que tiene mucho por hacer, empero dá gracias por sus hijas Sara Nicole, de siete años, Ana Isabel, de cuatro, y Deborah Esther, de dos. Tuvo una pérdida de embarazo de varón, que sería el primero.

(+) SUS MEDALLAS Agradecida de Dios por su esposo e hija, refiere que pese a que dejó las pesas desde el 2006 “he continuado con mis tres medallas de verdadero oro; Dios, mi esposo y mis tres hijas. Gracias a mi nación por creer en mí, confiar, apoyarme y permitirme vivir en el lugar más hermoso del mundo”, resalta para agregar que tiene en carpeta escribir un libro sobre su vida, su conversión, reconociendo que esta corta sobre el propósito, que, afirma, Dios tiene con ella. “Es más fácil levantar pesas que ser madre.

Es el mayor privilegio que nos permite Dios”, resalta Wanda, así como la alegría que siente de llevar a sus niñas al colegio, instruirlas en lo espiritual y hacer las tareas con ellas.

Sobre Félix Sánchez “El Apache es un ejemplo y un orgullo para nosotros los dominicanos, para los que compartimos con él, sabemos que es un ejemplo de perseverancia, de gallardía, de pasión. Pasarán muchos años y no tendremos otro Félix Sánchez” .

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