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PABELLÓN DE LA FAMA

El final de los egos y la resurrección de la humildad brillaron en exaltación

Los nuevos inmortales tartamudearon, lloraron e incluso, algunos quedaron mudos

El orgullo y la rivalidad de los siete nuevos inmortales rodó entre lágrimas y palabras entrecortadas que luego llegaron al éxtasis de un silencio forzado, siendo rescatados por la humildad y el oxigeno de un aplauso de los cientos de amigos, familiares y seguidores que se dieron cita ayer al aula magna de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Las grandes proezas tanto locales como internacionales, así como los choques de equipos y de forma directa entre figuras del deporte, quedaron atrás para darle paso al agradecimiento, a la elevación de la familia y la gratitud a quienes de alguna manera ayudaron a realizar grandes sueños, incluso, aquellos que no se lograron alcanzar. La metamorfosis de los atletas inició a las 12:44 de la tarde y fue al filo de la 1:00 cuando se oficializó con las notas del Himno Nacional a cargo del Coro del Orfeón de Santiago, dirigido por el maestro César Hilario, dando los primeros toques celestiales al acto con voces entrecruzadas que deambulaban por la magnífica acústica del escenario. Tras llenar los protocolos ceremoniales, el primero en recibir la “inmortalidad” fue el ex pelotero Nuevos inmortalesGerónimo Berroa, quien tuvo como edecán a Luis Manuel Bonetti hijo, y sin la fortaleza de su bate que le llevó a librar grandes epopeyas con los Leones del Escogidos y entrar a la lista de los dominicanos con tres jonrones en un partido de Grandes Ligas, dio muestra de “flaqueza” al admitir que nunca pensó llegar a este altar de lumbreras y exhortó a cientos de niños presentes de la Liga Quique Cruz, a soñar y a “creer que sí se puede”. Enrique CruzEl segundo en entrar al nicho de los inmortales fue el ex peloteros amateur Enrique “Quique” Cruz, quien en 1979 dejó al seleccionado de los Estados Unidos en el terreno para encaminar a una victoria al equipo dominicano y guiarlo hasta la medalla de plata, decidiendo 3 de sus 6 victorias en los Juegos Panamericanos de San Juan, Puerto Rico. Sin embargo, Quique, quien agradeció a Dios, en primer lugar, continuó sus agradecimientos al doctor Wenceslao “Laito” Tejada, su edecán y quien le dio albergue al llegar de su pueblo a la ciudad, también destacó las bondades de su primer entrenador, quien asistió al acto; pero zozobró cuando reconoció el valor de su esposa Elvira, “la columna que me sostiene”, hasta llegar a la mudez y un llanto sollozante. Tras recuperarse admitió que “esto es peor que batear” y de inmediato llamó a los padres a educar a sus hijos en la fe. La hija de De LeónEn el mismo orden fue “ungido” el ex lanzador José de León con el espaldarazo del machete por el vice-presidente del Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano, Carlos Lamarche Rey, y por el contacto del laurel en la frente de manos del presidente de la entidad, Luis Scheker Ortiz. De León, un ponchador exquisito en las Grandes Ligas y a nivel local, siguió hacia su asientos luego de despedirse de su ayudante Luis Mercedes y prefirió enviar al “box” a su graciosa hija adolescente, Priscila, quien agradeció en nombre de su familia el honor. Pascual DíazUna de las exaltaciones más esperadas y que puso a vibrar a los asistentes fue la del caballeroso voleibolista Pascual Díaz, para muchos el mejor jugador y capitán de la selección por muchos años, quien narró parte de su infancia y afirmó que nunca pensó en recibir un reconocimiento tan alto, tuvo palabras de elogios para los clubes que adversó desde su casa, el BAMESO, de sus rivalidades personales en la cancha, agradeció a su familia y a su hermano Germán Díaz, quien lo acompañó en sustitución de Miguel Beato Cruz (quien está con el conjunto nacional en Guadalajara), pero el gran rematador no pudo elevarse esta vez y quedó enmudecido cuando intentó pedir ayuda, un rescate, para el voleibol masculino nacional, teniendo que ser sustituida su voz por una avalancha de aplausos. Raymundo y KispeCon la inteligencia que le llevó a conquistar una quince medallas internacionales entre Juegos Centroamericanos y del Caribe, Panamericanos y Latinoamericanos, Raymundo Fermín se burló de las emociones y habló tan sereno y seguro como los conductores del acto, Kevin Cabral y Yancen Pujols. Agradeció su hermano Rolin, por quien incursionó en el tenis de mesa, “recogiéndole las bolitas a este señor, que es mi hermano y mi papá”. También fue humilde al reconocer a su gran rival, Mario Álvarez. La humildad de Fermín dejó un buen sabor en el óvalo universitario que subió a los máximos grados con la exaltación del propulsor Fortunato Quispe Mendoza, quien fue uno de los pioneros del fútbol organizado en el país, a pesar de ser nacional boliviano, ha hecho grandes aportes a ese deporte al punto de ser galardonado por la FIFA como personaje del siglo a nivel regional. Quispe, agradecido, hizo levantar a sus hijos que viajaron desde Europa, Canadá, Estados Unidos y Bolivia para gritar en el micrófono con fuerte voz, “que viva la República Dominicana”, como la casa que le dio refugio y donde se siente como en su casa original.

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