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Subsidios a los combustibles en Haití: ¿una bomba de gasolina a punto de explotar?

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Henri HebrardSanto Domingo, RD

Desde Haití nos llegan frecuentemente informes sobre la agravación de la crisis de los combustibles. Ya que todo lo acontecido en el vecino país termina impactando la República Dominicana, es necesario ponerle mejor atención a lo que actualmente está aconteciendo en Puerto Príncipe. El tema de la inestabilidad de la moneda en Haití frente al dólar sigue generando expectativas en el país vecino y sus efectos se escuchan en República Dominicana.

Desde hace más de 40 años, el Ministerio de Economía y Finanzas, es el que mantiene el monopolio sobre la importación de los combustibles y el único que fija los precios de los mismos.

A diferencia de la República Dominicana donde los precios de los combustibles se ajustan semanalmente para reflejar las fluctuaciones de los precios internacionales y del tipo de cambio, en Haití, los precios se mantienen artificialmente fijos, en base a precios establecidos “políticamente” por el BMPAD mediante un subsidio. Es esta “fijación” de precio de venta de los combustibles, muy por debajo del costo real, que ha creado el caos actual en el mercado.

Como lo advirtió el reputado economista haitiano Kesner Pharel, los “subsidios estatales al petróleo están causando pérdidas financieras muy sustanciales para el Gobierno”; esto presiona aún más el mercado cambiario, lo que, a su vez, encarece todavía más el combustible importado, en una espiral diabólica que amenaza acabar con la frágil salud de la economía de Haití, el país más pobre de las Américas.

Hasta la fecha, el gobierno haitiano no ha escuchado las reiteradas sugerencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) para transparentar los precios de los combustibles, y acabar de este modo con los ineficientes y costosos subsidios.

Es que la última vez cuando se anunció la sincerización de los precios de los combustibles por eliminación de los subsidios, huelgas, disturbios y muertes en las principales ciudades del vecino país obligaron el gobierno a echar para atrás esta decisión, lo que agravó aún más la tradicional inestabilidad en la política haitiana.

De esta forma, el tema de los combustibles contribuye a episodios cada vez más frecuentes de escasez de combustibles: cuando no falta la gasolina para el transporte, entonces falta el fuel oil, y la economía del país se apaga por no poder generar energía eléctrica.

Resulta fácil pues designar a las empresas del sector privado como las supuestas responsables de la carestía o escasez de los combustibles, mientras los ciudadanos creen que las empresas privadas obtienen escandalosos márgenes, cuando en realidad, son estas mismas distribuidoras que han cargado con el costo financiero del subsidio, por estar vendiendo los combustibles a precios inferiores a su costo real.

Resulta fácil sí, pero termina siendo un jueguito muy peligroso: de un lado, echa más leña al fuego de las constantes protestas populares, y del otro lado, terminará provocando la salida de unos actores indispensables al financiamiento mismo de las perversidades del actual sistema de subsidios.

Tal como lo menciona el estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), “Efectos Distributivos de los Impuestos a la Energía y de la eliminación de los subsidios energéticos en América Latina y el Caribe” (2018): “Los grupos de altos ingresos se benefician más de los precios bajos que los grupos de bajos ingresos. Los subsidios a la energía son una manera muy cara de transferir ingresos a los hogares pobres. En los países analizados usar subsidios energéticos costaría alrededor de US$12 para transferir US$1 de ingreso a los hogares en el quintil más pobre.”

Haití se encuentra definitivamente en un punto bisagra de cara a nuevas elecciones; ha llegado el momento de la verdad: liberar y sincerar progresivamente los precios de los combustibles, modernizar la cadena de importaciones, y desmontar el insostenible esquema de subsidios no focalizados. Postergar otra vez esta decisión privaría al gobierno haitiano de los recursos fiscales que tanto necesita para enfrentar las condiciones de pobreza generalizada.

En todos los casos, se trata de una situación impostergable y posiblemente explosiva, cuyas ondas de choque pudiesen estremecer a la República Dominicana, por las relaciones tan estrechas entre las dos economías.