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Hamlet Amado Melo

“No entiendo cómo es posible que una persona pueda hacerle daño a un niño y, peor aún, que este sea su propio hijo”

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Roger Reynoso

Es increíble cómo la vida le cambia a ciertas personas. Hamlet Amado S. Melo siempre se visualizó como todo un arquitecto. Su curiosidad nata y sus habilidades le llevaron a participar en un concurso de arquitectura, realizado durante la Youth Fair, una feria que se realiza anualmente en Miamia, La Florida. Corría el 1992 y él se llevó el segundo lugar. Todo indicaba que al terminar su bachillerato, daría en el clavo al optar por esta bella profesión. Nada más alejado de la realidad.

En el 1993 tuvo que tomar una decisión importante en su vida. Asumir las riendas del negocio familiar y cuidar de su abuelo, que para la sazón dirigía dicho negocio, o quedarse a vivir en los Estados Unidos. En otras palabras, dejar a un lado su carrera de arquitectura allá o auxiliar, al frente de una farmacia, al hombre que más admiraba, ese mismo que los años estaban menguando sus habilidades. Al final, el compromiso con su abuelo pesó más que cualquier aspiración personal.

Fue un gran sacrificio si se toma en cuenta que desde muy pequeño mostraba sus aptitudes para el arte y su avidez de conocimiento.

Recuerda que una vez su madre le trajo de Disney un reloj de Mickey Mouse y él quería ver qué hacía que las orejas del ratón giraran. Sin pensarlo mucho lo desarmó y al final, el reloj no sirvió. Por suerte para él, ella lo entendió un poco y esa experiencia no terminó en nada lamentable.

Háblanos un poco de ese negocio familiar
La farmacia Amado Melo, anteriormente solo Melo, lleva más de tres décadas en el expendio y ventas de fármacos.

¿Qué otros negocios se han derivado de ella?
Actualmente contamos con 3 sucursales, la principal, aquí, en Higüey y dos más en Bávaro. También tenemos siete tiendas de Claro y somos distribuidores autorizados de la misma.

En el 1998, dentro de la farmacia abrimos a Compu Cell, una extensión del negocio dedicado a las ventas de computadoras y celulares. Un año después comprobamos que el negocio de la venta de computadora era muy lucrativo, pero desgraciadamente no teníamos todos los conocimientos necesarios para ello, por lo que opté por anular esa parte del negocio y quedarme sólo con las ventas de celulares. Compu Cell es el niño más pequeño de la empresa.

El éxito de tus negocios se debe a…
A que me debo a mis clientes. En los últimos 10 años me he dedicado en cuerpo y alma a mi negocio. Hemos tratado de brindar un buen servicio e innovarlo constantemente. Por ejemplo, a parte de ofertarle todas las clases de medicamentos, ventas de medicina con seguros, también contamos con un centro de llamada, ventas de celulares, como te dije anteriormente, y pago de factura de luz y teléfono.

¿El negocio es realmente familiar?
Legalmente es mío, soy el presidente desde el 1995 y hace 9 años les compré las acciones a todos mis tíos, mi madre sigue como accionista pero, para mí, todavía lo considero familiar. Siento que todos ellos son dueños ad vitam porque siempre me han dado su apoyo. Además que todo comenzó cuando mi tía Ligia Amada, mi abuela y mi tía Lenis la compraron allá en Santo Domingo (en octubre de 1969 con el nombre de Farmacia Miñino) para mi tía Lenis, la cual no pudo seguir administrándola se la pasó, en mayo del 1971 a mi abuelo, un hombre con 62 años, que sólo había llegado a un tercero de primaria y nunca había trabajado farmacia. Es admirable cómo tomó las riendas del negocio y supo manejarlo.

Anteriormente se llamaba farmacia Melo, pero desde que asumí el control lo cambié a Amado Melo, precisamente en honor a ese gran hombre, que fue mi abuelo y del cual me considero una réplica.

¿Llevar las riendas de una farmacia es difícil?
Es una labor titánica. Lo primero es que debes olvidarte por unos años de tu familia y todo lo demás. En mi caso duré unos cinco años en donde había poco espacio para otras cosas que no fuera el negocio. Fueron años duros, ahorraba casi todo, vivía en un apartamento alquilado, tenía un carrito moderado y todo se lo reinvertía al negocio.

¿Ya había tenido algunas experiencias comerciales?
Sí, primero tenía un carro de chimi churri, vendía leche, perfumes, ropas, prendas, compraba vehículos en los Estados Unidos y los revendía aquí, también fuí agente aduanero y los sacaba de aduana. He hecho de todo, naturalmente, siempre por la vía legal. En los tres años que viví en Estados Unidos trabajé en Burger King, friendo papas y ganando US$3.95 la hora, también laboré en un supermercado como empacador y luego como camarero en varios restaurantes.

Creo que en mi subconsciente aspiraba a tener, algún día, un negocio que me permitiera sostenerme y sostener a mi familia.

¿Estas experiencias estaban acompañada de una preparación académica?
Sí, mis estudios primarios los inicié en Santo Domingo e Higüey. Comencé el bachillerato en Higüey (acá hice el primero) y lo terminé en Miami. Al regresar, tuve que convalidar  el cuarto de bachillerato en Cenapec allá en Santo Domingo, con pruebas nacionales y todo. Ya finalizado este ciclo, me tocó estudiar aquí, en el Centro Universitario Regional del Este (CURE), una extensión de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Como solo impartían Informática, Contabilidad, Magisterio y Derecho, opté por la carrera de Derecho, quizás para seguirle un poco los pasos a mi padre que es abogado y a mi abuelo paterno que también lo fue.

El crecimiento de Farmacia Amado Melo ha sido gracias al esfuerzo de muchos.
Así es. Un año antes de mi abuelo enfermarse, en el 1996, teníamos una farmacia en un local pequeño, de 60 metros y decidimos adquirir otro local. Recuerdo que ese solar, ubicado en la calle General Santana esquina Hermano Trejo, antes de llegar a la Basílica, una zona que en los últimos años se ha convertido en una arteria comercial, costaba RD$1.2 millones. Cuando fui con mi abogado a La Romana a realizar el contrato, pues era una sucesión y los herederos estaban esparcidos en Higüey, Guaymate y Romana, este se me acercó para preguntarme dónde estaba el dinero, a lo que le respondí: bueno, tengo como RD$60 mil en el banco. ¿Y cómo piensas pagar eso? Le dije que no se preocupara, pues habían bancos que prestaban y uno tiene cierta seriedad.

¡Tú estás relajando!
No, te voy a tratar de hacer el cuento corto. En año 1994 mi abuelo me regaló un becerro, el cual vendí y luego compré dos. Un cliente que me había recomendado el viejo quería que le sacara un vehículo de la aduana, cuando le hice el trabajo me pagó con becerro. Cuando vendí esos tres, compré 6 y ahí se fueron multiplicando hasta que casi sin pensarlo me convertí en un pequeño ganadero.

Para el tiempo de la compra del solar contaba con 12 becerros, los cuales sumaron RD$338 mil, dinero que usé como inicial. Dos amigos de mi abuelo, Ernesto Pouriet y Rufino Santana, de quien estaré eternamente agradecido por la confianza depositada en mi, me ayudaron mucho en esta aventura comercial, uno de ellos me prestó RS$300 mil y otro RD$250 mil. El restante lo completé con las ventas que había hecho en la farmacia esos días.

¿Qué resulta?, que ya tenía el solar, pero no había ningún tipo de edificación. Hablé con unos amigos que tenían una fábrica y le expliqué mi situación. Necesitaba realizar una construcción cuyo valor estaba por el RD$1.5 millón y le dije que le pagaría con lo que vendiera en la farmacia. Me dijeron que no había ningún problema. Busqué un arquitecto, Carlos Alvarado Melo, hijo de mi tía Lenis y le expliqué mi situación. Comenzamos construir en el 1997, ya cuando mi abuelo estaba en cama. Ese mismo año terminamos de construir el edificio, trasladamos la farmacia y me casé con Yeny Pérez, de la cual me siento muy orgulloso por el apoyo que me ha brindado para el éxito de nuestra empresa y ser la mejor madre del mundo.

Hablando de madre, ¿qué significa ser padre para ti?
Lo más grande que le puede pasar a un hombre es la dicha de ser padre. No asumo ni entiendo cómo es posible que una persona con cierto grado de conocimientos y cierta capacidad pueda hacerle daño a un niño y, peor aún, que este pequeño sea su propio hijo.

Mis cuatro hijos son lo más importante para mí. Aunque dos de ellos no viven conmigo, todos tienen el mismo grado de importancia.

¿Cómo se llaman tus pequeños?
En honor a mi abuelo, todos mis hijos llevan el nombre Amado: el mayor se llama Liam Amado, la segunda Leydania Amada, la tercera Gabriela Amada y el más pequeño Hamlet Amado Jr.

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