de otra región

Camino por la Zona...

Ese domingo, el rey de la casa –el Sol- tenía las pilas recargadas. Se levantó con bríos nuevos contagiándome con su energía y, consecuentemente, hizo que abandonara mis sábanas con un extraño deseo por salir a caminar, pero, en esta ocasión sin ‘sudador’ y franela. En quince minutos hice una requisa mental en búsqueda del lugar perfecto para transitar en Santo Domingo sintiéndome ligera, desconectada… entonces, “La Zona” se aproximaba a mi mente siendo la opción más apegada a mi deseo. Con atuendo bohemio y despreocupado me encaminé en esta fascinante aventura cargada de nostalgia, alegría, belleza e historia hacia la Zona Colonial, un rincón de nuestra tierra que tiene la singular particularidad de transportar en solo segundos 500 años al pasado. Sus casas son un verdadero patrimonio cultural. Un regalo arquitectónico que ha vestido por años las calles de este emblemático lugar e, indudablemente son un elemento invaluable en este viaje a la época medieval. Azul, amarillo, blanco colonial, rosado, entre otros colores rebosan los balcones -algunos deteriorados por los años- donde las damas de la época se asomaban para ver a los caballeros pasar, cabalgando o a pie, y de manera sutil, lanzarle una mirada cargada de inocencia y picardía. Esas mismas calles y esas mismas casas, son las que hoy, después de cientos de años, han servido para albergar los más populares centros de diversión de la ciudad, haciendo de la “Zona” uno de los lugares predilectos y de tradición en las noches de nuestro país. Es por ello, que en mi recorrido esa interesante mañana, bajando por la Isabel La Católica, y, al pasar la casa número 77, un olor bohemio se mezcló en el aire y entendí que estaba frente a mis recuerdos en “Parada”. A ellos se unieron los de “Bachata Rosa” y “8 puertas”. Todas esas remembranzas hacían aún más intensa y apasionada mi caminata. “Doblando esquinas y enderezando calles”, como reza la frase, continué mi trayecto y cada cosa que veía era un motivo para que mis ojos hurgaran. Decenas de monumentos impresionantes y legendarios que nunca dejan de ser interesantes, sin importar las veces que los he visitado, asomaban su mirada. El Alcázar de Colón es uno de ellos, lugar muy frecuentado por nacionales y turistas, además de ser objeto de miles de postales y fuente de inspiración de cientos de obras plásticas. Después del tour por el mismo, pocos se resisten a la tentación de sentarse a tomar o comerse algo, en uno de los bares y restaurantes ubicados en la Plaza España, entre ellos el Museo del Jamón y Pat’e palo. Este último es muy popular y la casa donde se levanta consta de 500 años de existencia, por lo que cedí a los encantos de esta plazoleta con aires europeos y disfruté de la brisa fresca propia de los domingos que invita al “relaxe” con una taza de café. La calle El Conde era inevitable en este recorrido. Un peatonal que es tradición, cuando a la hora de irse de “shopping” se habla. Sentarse por unos minutos en uno de sus bancos a mirar a la gente pasar, puede resultar una experiencias muy interesantes. Estando allí sentada disfrutando de un helado de fresa, observaba minuciosamente el trabajo de un “demente”, que se jacta de ser uno de los mejores retratistas del país y a la izquierda del mismo, una manifestación de Hare Krishna llamaba mi atención. Los parquesEl parque Colón es una parada obligatoria al caminar en la Zona Colonial. Las decenas de palomas que allí se acercan para comer de una porción de maíz que algunos niños y, en otros casos adultos, arrojan, es una de las imágenes más tiernas, captada por los flashes de las cámaras de uno que otro turista que allí se apersone. El “parquecito” Duarte es otro de los atractivos para los amantes de la bohemia. Allí, sentado en un banco bebiéndose una “pequeña” con un grupo de amigos se convierte en una escena clásica. Las iglesiasDentro de todo este ambiente hay tiempo para la espiritualidad, siendo la Zona Colonial uno de los lugares que con mayor presencia de iglesias y capillas existen en la ciudad. La más importante, sin duda, es la Catedral Primada de América cuya majestuosidad es digna de admiración. Otra de las iglesias con gran peso en la historia dominicana es la Santa Bárbara, ubicada en la calle Isabel La Católica. En ella, el patricio Juan Pablo Duarte, un 4 de febrero de 1813, fue bautizado. Los monumentos Una cátedra de historia se refleja en cada calle de la “zona”, por lo que visitarla con los hijos es un gran premio y a la vez una gran lección educativa. Sólo basta pensar en la cantidad de monumentos que allí se encuentran y que son testimonio fiel de nuestro país, en un recorrido que va desde los años de la colonia hasta los de la independencia. La Puerta de la Misericordia, la Puerta del Conde, la casa donde se fundó La Trinitaria, la Catedral Primada de América. La calle Las Damas, la estatua de Cristóbal Colón en el parque Colón… en fin, los ejemplos sobran. Sin embargo, lo que no es suficiente es la cantidad de espacio en este artículo para hablar de la magia que envuelve a la Zona Colonial.

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