Desde la última butaca

La mujer de la fila

Natalia Oreiro ha hecho carrera como comediante. El mundo la ha aplaudido y su legado reina en el cine argentino; viene del teatro, donde también ha dejado su paso triunfal. En “La mujer de la fila”, con independencia de su buena actuación junto a Alberto Ammann y Amparo Noguera, el guion no acaba de convencer. Ese guion arrastra un tufo a moraleja capaz de no ser recordado por mucho tiempo. A pesar del esfuerzo de su director por mantener el dramatismo en momentos clave, el filme nos deja un aire de indefinición. Las “lecciones carcelarias” son superficiales, al igual que los reclusos y custodios, salvo algún que otro exabrupto. En “La mujer de la fila” se ve la mano de alguien que sabe manejar el melodrama, pero para sacarlo adelante y convertirlo en perdurable, le debió dar un “tiro de gracia” técnico, para sacarlo de una anécdota simple.

Aquí no es la vida en prisión lo que importa, sino la de los familiares de los reclusos y sus urgencias por entender algunos motivos y formas con que son tratados el día de visitas, y durante su día a día lleno de emblemas zigzagueantes.

Natalia Oreiro es una actriz insuperable dentro del contexto del cine argentino; los aplausos alcanzados por su trabajo en cintas anteriores todavía se escuchan.

Pero no nos engañemos. Este es un filme menor, donde el testimonio muchas veces se confunde con el drama y la historia da vueltas sobre sí misma sin un propósito.

“La mujer de la fila” es una cinta barata, con algunos puntos flojos en su puesta en escena y donde la banda sonora no tiene mucho que mostrar. Tampoco hay un maquillaje decoroso y la fotografía no funciona como debería en una obra protagonizada por una aclamada actriz, que demuestra esfuerzo en sacar adelante a su personaje.

Ficha técnica

País: Argentina. Año: 2025. Duración: 105 minutos. Director: Benjamín Ávila. Guion: Marcelo Müller y Benjamín Ávila. Reparto: Natalia Oreiro, Amparo Noguera, Alberto Ammann, Federico Heinrich y Marcela Acuña. Sinopsis: Una mujer de clase media está atrapada en una pesadilla. Su hijo, Gustavo, es encarcelado de repente. Para poder visitarlo tiene que hacer fila afuera del penal, al igual que las demás mujeres, aunque ella se siente muy diferente, pues cree que su caso es el más importante de todos. Mientras avanza el metraje, ella se da cuenta del difícil mundo que padecen los familiares de los detenidos y, poco a poco, se va acercando a ellos, quienes la ayudan a enfrentar y sostenerse durante el tiempo que le lleva sacar a su hijo de la cárcel. Pero un giro inesperado la obliga a enfrentar el límite de su propio amor y fortaleza.

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