Crítica
Porque hay huellas tuyas en mi jardín, de Tulio Cordero
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Desde el principio de Porque hay huellas tuyas en mi jardín, de Tulio Cordero (San Juan de la Maguana,1955), se advierte el intento de elevación espiritual y recogimiento místico, característica poco frecuente en la lírica dominicana.
El autor es sacerdote de la Congregación de los Padres Paúles, Licenciado en Filosofía y en Teología de la Espiritualidad, con una larga trayectoria como poeta, ensayista y maestro. De ahí que, como él mismo ha dicho: «Yo soy un hombre que es, ante todo, sacerdote, pero escribo como el sacerdote que es, primero que nada, un hombre».
En el poemario incluido en el catálogo editorial del Banco Central de la República Domi-nicana, la voz del autor oscila entre la vigilia y el sueño, el anhelo de realización y paz interior, siempre asido a los seres de la naturaleza, el movimiento dialéctico del cosmos y la diversidad encarnada en el mar inmenso y el espacio sideral.
Cada poema es un canto a la vida en contacto con esferas superiores del ser y la conciencia. Algunos tienen el aroma de una plegaria, un ruego, una tristeza que proviene de un vacío inevitable, el sufrimiento que provocan los niños que lloran, o las mezquindades humanas que nos hacen sufrir.
El niño que sueña es una imagen que se repite a lo largo del libro, como símbolo de la indefensión de los más vulnerables.
La poesía de Tulio Cordero es obra de lo trascendente que busca la comunicación con un ente superior colocado por encima de las miserias humanas, llámense envidia, mezquindad o miedo. Se trata de un poemario lleno de preguntas e incógnitas, aspiraciones a un cielo más alto y un aire más puro. El tono de oración de muchos poemas sirve para canalizar sueños y anhelos, pero al final siempre hay una esperanza en un mundo de solidaridad y bienestar.
