El cómic: una vía
Nuestros jóvenes requieren de nuevas estrategias para ser incentivados a la lectura de obras literarias. Tomé consciencia de esto cuando en la Feria Internacional del Libro escuché a un joven conversar con su compañero sobre la cantidad de libros que había examinado en una de las casetas. Se encontraba alarmado porque todos ellos tenían algo en común: “estaban llenos de letras ni siquiera tenían un dibujito”. Ante dicho comentario quedé sorprendida y pensativa. Me pregunté cuál sería la manera de motivar a la lectura a jóvenes de igual opinión.
Daniel Pennac, en su obra “Como una novela”, recuerda que los adolescentes (y muchos adultos) tienen el miedo a no “comprender”. Esos libros con “tantas letras” los asustan porque piensan que no son capaces de entender lo que está escrito allí. Suponen, que todo lo que está contenido en ellos, es muy complejo. Este imaginario se preserva en el tiempo. Para cambiar este razonamiento, los jóvenes deben encontrar guías, personas que los conduzcan al placer de la lectura. Si tomamos en cuenta que la mayoría de los dominicanos descartan leer obras literarias, entonces, estos jóvenes que carecen de relacionados que los incentiven, cómo encontrarán vías para amar la literatura.
Al recordar mi infancia, comprendí que por medio de la lectura de cómics, ellos solos podían sumergirse en el deleite de la lectura. Es por el derecho a leer cualquier cosa, como indica Pennac, que se inicia el camino a la lectura por placer, lectura que con el tiempo se puede convertir en amor por las grandes obras literarias. Así, la lectura recreativa de los cómics sería la vía para lecturas más complejas.
En nuestro país, en los setenta, los cómics fueron llamados paquitos. Los jóvenes y niños llegaron a coleccionarlos. Estos paquitos (importados de México) eran disfrutados por las historias simples que en ellos se narraban y, sobre todo, por el hecho de que tenían dibujos y pocas páginas. En la actualidad, grupos de jóvenes dominicanos se encuentran creando cómics, pero ellos se quejan de los problemas para la distribución y venta, pues son contadas las producciones que pueden hacer circular. Si de un lado de la balanza tenemos a jóvenes artistas que elaboran cómics con la ilusión de que sean comprados y leídos y, por el otro lado, se encuentran jóvenes que detestan leer porque los libros están “llenos de letras”; la solución para ambos sería favorecer la producción y circulación para contribuir al fomento de la lectura. Algún ministerio de nuestro país (Educación, Cultura o Juventud) podría apoyar a los creadores para que sus cómics lleguen a las escuelas. Con esto, se lograría que los creadores puedan conseguir ingresos en base a la Economía Naranja y los no lectores puedan iniciarse en la lectura por placer. Estos últimos estarían en el primer peldaño, luego les llegaría el momento de leer novelas, cuentos, poesías o ensayos.

